La boda. Dante frunció el ceño, pero entonces recordó que debía dar la imagen de un novio feliz y volvió a sonreír. — Yo no les cuento todo lo que hago. — No me lo podía creer cuando me lo contó papá —dijo Eduardo— Helena Román era el terror de tu adolescencia. — Imagínate casarse con una chica que se llama Pecas —añadió Roberto. — Yo he crecido —dijo Dante, dispuesto a defender a Helena incluso de sus propios hermanos—. Al contrario que vosotros. — Yo paso. Mi segunda adolescencia es muy divertida —rio Eduardo. De repente, Roberto miró por encima del hombro de su hermano y lanzó un silbido. Allí, en el porche, estaban Helena y Alicia, mirando a los hombres. — Parece que Helena también ha crecido. Y mucho. Dante empezó a pensar seriamente en matar a sus hermanos.

