IV Buenos días, grandulón

1763 Words
Me estiro sintiendo los cálidos rayos del sol acariciarme la mejilla y abro los ojos. Todo está en completa calma como todas las mañanas. Lo único que se escucha es el suave canto de los pájaros, la brisa golpeando las ventanas del balcón y… El balcón… —Estoy en mi cama—susurro confundida—. Anoche… Anoche estaba en el sillón, y hoy amanecí en la habitación… ¿Cómo…? ¿Habré caminado dormida hasta aquí? Ok, hagamos memoria de todo lo que sucedió ayer. Salí del zoológico, hablé con Charlie antes de que se fuera al aeropuerto y después subí para ver una película. Minutos después fui interrumpida por la aparición del misterioso grandulón y sus chillidos de auxilio. Lo curé, lo tapé con mi manta rosa y me acosté frente a él… —Oh, el grandote… ¿Se habrá ido? —digo levantándome—. Lo más seguro es que se haya escapado en medio de la noche. Me acerco hasta la puerta de la habitación guardando silencio. Bajo las escaleras y me asomo para observar la sala. Hmm, no se escucha ningún ruido; incluso la mantita rosa está bien doblada en el sillón y el botiquín lo ha puesto encima. —Bien, se fue—suspiro aliviada, aunque con una pizquita de desilusión—. Al menos dejó todo ordenado—camino de vuelta a la habitación y voy al baño. Me miro en el espejo y las manchitas de sangre seca en mi pijama—. O sea, ¿se fue y ni siquiera me despertó para mínimo agradecerme por haberlo curado? —digo abriendo la llave de paso. Dejo que el agua caliente me caiga sobre los hombros llevándose toda la pesadez que siento. 9:30am Si Charlie se enterara de mi pequeña experiencia de anoche, no pararía de contarme las apariciones en ciertos pueblos pequeños y la cantidad de hombres lobo que merodean las frías montañas. Es un loco, un zafadito y el amigo más miedoso que tengo. Yo no creo en tales cosas. Pero ¿saben lo que si pienso? Que este grandulón rico seguro quiso experimentar dentro del espeso bosque y le salió mal. Quizás, hasta venía huyendo de algún lobo amenazador. —We're walking the wire, love! (¡Estamos caminando sobre el alambre, amor!)—grito el coro de Walking the wire mientras bato la mezcla de hotcakes—We couldn't be higher up… We're walking the wire, wire, wire! (No podríamos estar más alto… ¡Estamos caminando sobre el alambre, alambre, alambre!) Imagine dragons ha sido mi banda favorita desde hace ya cinco largos años. Esta canción me recuerda a aquel momento en que Charlie, su hermano y yo conducíamos por la autopista rumbo al festival de Ottawa por allá de julio del año pasado. Estaría Metric cantando para el final del evento y obvio no podíamos perdérnoslo. Cada kilómetro recorrido valió la pena para verlos en vivo, a todo color y super cerquitita.  —Ahora esta masita irá hacia el sartén—digo probando del cucharón.  Subo el volumen del estéreo y doy pequeños saltos bailando alrededor de la mesa integral. Sacudo la cabeza mientras escucho la siguiente canción que es Start over. No hay una sola melodía de este álbum que no me guste. Dan Reynolds tiene la habilidad de hacerte sentir su energía y alegría con el poder de su voz. Que impresionante. —Hyvää huomenta (Buenos días)—dice una masculina y gruesa voz a pocos centímetros de mi oído. —¡¡Dios!! —grito volteando con la sartén en la mano y dándole en la cabeza—Cielos, ¿estás bien? —Olen kunnossa, älä huoli (Estoy bien, no te preocupes) —responde haciendo una mueca de dolor. —Me encantaría entenderte, ¿sabes? —digo bajando el volumen de la música. Pongo mi mano en su frente y me aseguro de no haberle hecho daño—. Eres un imán para los golpes, grandote. ¿Cómo entraste? —Imagine dragons—sonríe señalando los parlantes del techo—. Minä tykkään tuosta laulusta (Me gusta esa canción). —Ok, eso lo he entendido. Conoces a Imagine dragons—sonrío—. ¿Qué clase de idioma hablas? Jamás había escuchado un trabalenguas así. —Can we start over? Can we get closer? —canta. —Can we start over? Before it's over, over—termino el coro por él—. ¿Entiendes inglés? Do you speak english? —I speak a little bit (Hablo un poquito)—responde con un acento muy peculiar—. I only understand the basic words (Solo entiendo las palabras básicas). —Está bien, eso ayudará—digo sacando mi teléfono—. Venga, voy a… Ehmm, i´m going to open the translator, ok? (Voy a abrir el traductor, ¿ok?) Él asiente, pero no estoy segura de que me haya entendido. Busco la aplicación que una vez recuerdo haber descargado para comunicarme durante mis vacaciones en Milán y lo miro de reojo. Es un hombre demasiado diferente a lo que estoy acostumbrada. Tengo la sensación de que es rudo, fuerte y un busca problemas de primera. —Ok, esta aplicación te permite convertir de forma rápida lo que dices para que la otra persona te conteste—digo enseñándole la pantalla—. No entiendes nada de lo que te digo, pero ahora lo solucionamos. De acuerdo, veamos… ¿De dónde eres? —hablo en el micrófono del celular. Se queda escuchando y se acerca para contestar. —I´m from Helsinki, Finland—responde el traductor en inglés. —Wow…—digo abriendo los ojos—. Finlandés, ¿eh? Ya me parecía que tenías un acento muy curioso. Hmmm… busquemos finés para el traductor—me acerco a la pantalla, cambio el idioma y hablo—. Yo hablaré en español y esto te traducirá en tu idioma. Escucha lo que acabo de decirle y sonrío cuando asiente. Esto funciona bien. —¿Cómo es que llegaste a mi jardín? —pregunto. Se recarga en la mesada y comienza a hablar en finés. Supongo que debe estar explicándome todo lo que sucedió anoche.  Sonrío una vez más al mirar sus celestes ojos y lo guapo que se ve a pesar de estar algo despeinado. Su acento es precioso, inusual y muy llamativo; cosa que no hace más que picar mi curiosidad. —No me acuerdo—habla el traductor—. No tengo memoria de lo que sucedió anoche ni el mes pasado. Lo único que tengo presente es que me ayudaste y me trajiste hasta aquí para que pudiera descansar. Estoy en deuda contigo. —No hay nada que agradecer—digo apretando el botón del traductor—. Si no recuerdas nada, estamos en un problema. Tiene que haber una razón para que estés aquí, pero lo averiguaremos poco a poco. No quiero que te esfuerces. ¿Cómo te sientes? Suelto el botón y vuelve a escuchar atento. Muerde su labio tocando justo la herida de su frente. Me río con sus expresiones y la forma tan rápida en la que habla. —Estoy seguro de que tiene que haber una razón. Por ahora solo puedo decirte que mi frente es lo que más me impresionó al verme esta mañana en el espejo. ¿Eres doctora? —No soy doctora de humanos—sonrío mientras hablo—. Soy zoóloga. Atiendo todo tipo de animales. Con esto no quiero decir que tú lo seas, aunque… Quizás esté en presencia de un hombre lobo. ¿Eres uno? Su blanca sonrisa se ensancha y larga una carcajada bastante contagiosa cuando escucha la última parte de mi oración. —No soy una de esas cosas raras, puedes quedarte tranquila. Me impresiona que seas zoóloga—habla el traductor—. Mi nombre es Aatu. Aatu Kinnunen. —Aatu Kinn… Kin… —Kinnunen—dice corrigiéndome. —Ok, Aatu Kinnunen—respondo pronunciando su encantador nombre—. Soy Elaine Amorim. Estiro mi mano y él la aprieta con la suya. Nos miramos por unos segundos y suspiro al sentir una increíble electricidad entre nosotros. —Mukava tavata, Elaine—dice sin dejar de verme. —¿Traducción? —murmuro levantando el teléfono. Habla y sonrío al entender lo que me dice. —El gusto es mío, Aatu… El gusto es mío. Hago unos ajustes al teléfono y lo pongo en modo automático para no tener que apretar el botón a cada rato. Lo dejo en la mesada y me doy vuelta. —Dime, ¿cómo sientes tu cabeza? ¿Alguna molestia? ¿Ves bien? —pregunto y la aplicación traduce rápido. —Estoy bien. Solo tengo la sensación de que un tren me pasó por encima. —Que fea sensación—respondo checando los puntos de sutura—. Al parecer tu herida está bien. No hay enrojecimiento ni signos de infección. ¿Qué hay del resto de tu cuerpo? —No lo sé. ¿Podrías checar esta parte? —habla el traductor. Levanta su playera hasta el pecho y me muestra las costillas del lado izquierdo. Frunzo el ceño mirando el enorme hematoma que se le está formando. —No tengo la menor idea de lo que has hecho, grandulón, pero no te preocupes. No hay nada que un buen té de hierbas y una pomada especial no solucione enseguida. ¿O prefieres analgésicos? —Me gusta lo natural. Puedes darme lo que consideres bueno para mí. ¿Los analgésicos son para humano? —Si, lo son—respondo riéndome—. Oye, debes tener hambre. ¿Quieres hotcakes? Tengo café, algo de fruta y pan tostado. —Kaikki, haluan kaiken—dice mirándome. —Todo, quiero todo—habla el traductor. Sonrío nerviosa y prendo de nuevo la hornalla. Le hago señas para que se acerque y le pregunto si quiere prepararlas mientras yo corto algo de fruta. Él asiente tomando el cucharón en sus manos. —Kiitos paljon (Muchas gracias)—digo leyendo la pantalla. —Olet tervetullut, Elaine (De nada, Elaine)—responde sonriendo. Voltea y sigue cocinando los hotcakes. Hay una nube de enigmas que lo envuelve y hace interesarme más por él. Por ejemplo, no tengo la menor idea de quién es, a qué se dedica o por qué está aquí, sin embargo, me hace sentir a gusto. Solo espero no arrepentirme de haberle abierto las puertas de mi preciosa cabañita.  
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD