III ¿Quién eres?

3220 Words
13 de Septiembre del 2019 1 semana después 7:00pm —Y así es como me mudé a Burke Mountain hace una semana—digo sentándome a su lado—. No puedo mentirte, Alekai… Extraño un poco a mis padres, la casa familiar y el tranquilo vecindario de Forest Hill; pero creo que, después de todo, el ser humano se adapta a cualquier lugar, ambiente, clima o situación. Fuimos hechos para sobrevivir, ¿o tú qué opinas? —pregunto contemplando sus bellos ojos—. Antes de que digas algo, sí, amo mi nuevo hogar. Mi super cabaña es fantástica y ¡no sabes! Por las noches, puedo escuchar a los lobos aullar a lo lejos. Apuesto a que te gustaría vivir en un lugar como ese… Oh, no me mires así, tienes una casa bellísima y llena de las cosas que te gustan… No puedes quejarte. Él me observa con sus celestes ojos lanzándome un amigable prusten mientras se tira panza para arriba. ¿Saben lo que es un prusten? ¿No? Es un resoplido de baja frecuencia audible a corta distancia. Digamos que los tigres solo lo usan en términos amistosos. Ahora que ya saben de lo que hablo, les contaré de mi pequeño amigo. Alekai es un tigre blanco del zoológico de Vancouver. Tiene cinco años, pesa unos 230 kilos y mide apenas tres metros de largo. Fue rescatado por nuestros amigos de la SPCA (sociedad protectora de animales) de un circo que iba camino a Ontario.  Llegó a nuestra zona el 20 de Enero de este año. Me parecía increíble lo herido y mal nutrido que se encontraba. Al principio fue muy difícil llegar a él; no confiaba en nadie y lanzaba zarpazos que te hacían temblar. No obstante, a pesar de su agresividad, supe que sería especial y que, con amor y paciencia, llegaríamos a ser grandes amigos. —Alekai, ¿tienes idea de lo cansador que es rascar tu gorda barriga? —digo escuchándolo ronronear—. Si, yo sé que me amas y adoras mis anécdotas, pero oye, es hora de que regrese a casa, amigo. Necesito un buen baño y una noche de películas para descansar del ajetreado día que tuvimos—sonrío sintiendo su lengua lamer mi brazo. Beso su enorme cabeza y me levanto del césped. Retrocedo sin darle la espalda y le susurro un te amo saliendo de su hogar. —¡Cierra la segunda reja, Mike! —grito caminando por el pasillo. Mike es nuestro joven estrella. Con sus apenas dieciocho años, ya pertenece al equipo de mantenimiento y servicios generales. Hace un estupendo trabajo ayudándonos con las labores diarias y manteniendo las instalaciones limpias. —¿Qué tal te fue con el grandulón? —dice saliendo de la cabina de control. —Excelente, Miki. Terminé despeinada, lamida y llena de tierra, pero tuvimos un día productivo—me acerco para darle un abrazo y sonrío al escuchar sus quejas por mi mal olor—. Te veo el lunes, garotinho (niñito). —Hasta el lunes, Alanita. ¡Y date un baño que apestas! —me grita por el pasillo. Me río lanzándole un beso y me dirijo a mi locker para recoger mi mochila. 8:30pm Bajo a la cocina con mi tablet en la mano y me conecto a Facetime. Le prometí a Charlie que nos veríamos hoy antes de que se fuera a París. Si, el muy insensible se va a modelar y no ha hecho el menor esfuerzo por querer llevarme con él. ¿Acaso eso no lo convierte en el peor amigo del mundo? —Bonjour, querida Nanita—dice sonriendo al otro lado de la pantalla. —Cállate, queridito—respondo prendiendo la estufa—. Eres el peor ser humano que existe. —¿Yo? —dice poniendo su falsa cara de asombro— Pero ¿qué he hecho? —Sabes que irte a Paris sin llevar a tu preciosa mejor amiga es un pecado muy grave, ¿verdad? —Lo sé—responde pensativo. —¿Y entonces? —Pues… —hace una pausa—Tendré que soportar la culpa gritándome que soy un mal amigo mientras me tomo un delicioso café frente a la torre Eiffel. —Ooooh, que eres malvado—digo entrecerrando los ojos—. No tienes piedad de mí. ¿Sabes qué? Me rindo. Me conformo con que me traigas un llaverito y un delicioso perfume parisino. ¡Ah! Y un peluche del principito. —¿Algo más, su alteza? —Nada más por el momento, darling—digo riéndome. —Nana, eres tremenda. Mejor cuéntame qué tal estuvo tu trabajo hoy. —Excelente como siempre, Charlie—digo sacando mi taza de los vengadores—. Alekai se comportó bien hoy y está progresando en eso de ser más amigable con los demás integrantes del equipo. —Me alegra escuchar eso—sonríe—. Oye, te bañaste ¿verdad? —¿Acaso el pelo mojado no te dice nada? —pregunto alzando las manos—. Obvio que me bañé, geniecillo. —Menos mal. No quiero volver a presenciar la baranda tan tremenda que te queda impregnada después de estar con ese tigre gigantesco. —No sabes de lo que hablas. El me ama y yo a él—sonrío levantando el mentón—. Cambiando de tema, ¿cuándo vendrás a visitarme? —Déjame ver… —Carlos Quintero, espero apartes un día de tu pesada agenda y vengas a verme. Me lo debes—digo señalándolo con el dedo a modo de regaño. —Lo haré, lo haré—sonríe—. La próxima semana apenas llegue de Paris, iré para tu pueblito vampiresco. —Y dale con esas historias raras—murmuro poniendo los ojos en blanco—. Apenas pises este lugar, caerás rendido. Ya lo verás. —Está bien, lo que tú digas—dice tomando el teléfono y caminando hasta  su cocina—. ¡Ah! Lo olvidaba, Rodrigo te dejó saludos hoy. —¡Mi Roooy! —exclamo llevándome las manos al pecho—. Ay, tu hermano es un amor. ¿Podrías traerlo cuando vengas? Di que sí, ¡di que sí! —Ufff, Amorim—suspira celoso—. Está bien, le diré que venga conmigo. —¡Siiiiiii! —salto de la emoción y le hago ojitos agradeciéndole su gesto. Rodrigo Quintero es su hermano mayor, pero también mi amor platónico desde que tenía quince años. Siempre se destacó por ser un chico muy deportista, guapo y sobresaliente en la escuela. Ahora que los años pasaron, se dedica a ser jugador de la NFL y le va bastante bien. —¿Cuándo le dirás que te gusta? —pregunta de repente. —Ay, Charlie—digo revolviendo mi té de manzana-canela—. Tu hermano me gusta mucho, pero ya sabes que a él le atraen otro tipo de chicas. —Si, las cabezas huecas—alza una ceja—. Ahora parece ser que está saliendo con Kristen, la chica que conoció en el gym. La del par de mel… —Este, si, si… Sáltate esa parte de sus atributos, no necesito saber. —Pffff, Nana… Es que es lo más chocante que pueda existir, no la aguanto. —Bueeeeno, a fin de cuentas, el que está saliendo con ella es tu hermano, no tú. Eso no tiene por qué afectarte—respondo yendo hasta el sillón—. Ah, y ahora que lo recuerdo, gracias por romperme el corazón… Mi crush está saliendo con otra y para variar, más voluminosa. —Ay, Dios bendito…Help—susurra pegándose en la frente. —Mentiraaa, sabes que te adoro—digo divertida por sus locas expresiones—. Hey, ¿a qué hora sale tu vuelo? —En unas cuatro horas—responde mirando su reloj—, pero debo estar en el aeropuerto dentro de una hora. —Entonces te dejo libre, Charlie Brown—sonrío—. Solo promete mensajearme mientras estés por Paris. —Lo prometo—dice levantando su dedo meñique—. Te quiero, Nana. Estaré visitándote muy prontito. Cuídate, ¿de acuerdo? Y si ves al Jacob Black merodeando por tu cabaña, solo recuerda que es un hombre lobo deseoso de amor y comprensión. —Eres un tonto—digo riéndome con ganas—. Te quiero. Que tengas buen viaje y una excelente semana en Paris. Au revoir (Adiós). Sonríe mandándome besos y corta la videollamada. Uuy, no tienen idea de cuánto me divierto con este ser humano de cabello c***o y ojos cafés. —Bueno, ha llegado la hora feliz—sonrío con el entusiasmo brotando por mis poros—. El momento que he estado esperando todo el día… ¡Mirar películas en Netflix! Agarro mi taza de té y subo a la habitación. Prendo las luces y abro las puertas del balcón para que el viento fresco de la noche inunde cada rinconcito. Le doy un sorbito a mi delicioso té y me recargo en la baranda para contemplar las luces de la calle. La fuerte música proveniente de la casa de uno de mis vecinos me hace mover la cabeza pensando en que hoy es viernes y todos salen a divertirse. ¿Saben? Quizás debería ir a Vancouver o aceptar la invitación que aquel personaje ruidoso me hizo durante la semana, pero, soy tan hogareña y amante de la naturaleza que prefiero permanecer en mi linda casa y aprovechar el tiempo libre que tengo. Regreso a la habitación y prendo la televisión de plasma empotrada en la pared de piedra. Hmmm… ¿No les ha pasado que están horas en Netflix solo para perder tiempo en qué serie o película ver? Porque es justo lo que me sucede, no sé qué película poner. Obvio tiene que ser de romance, pero hay tantas que me tardaría horas en decidir. —Ay ya. El stand de los besos—digo dándole clic a la portada. Esto de ser una romántica sin solución es hereditario, ¿saben? Mi madre dice que soy una friki, ¡pero ella lo es más! Está enamorada de Johnny Depp desde que salió en el joven manos de tijera y hasta el día de hoy enloquece cuando lo ve en la tele. —Hola, Noah—murmuro viendo al muchacho alto y musculoso saltar sobre otro compañero para defender a Elle. Esta película me está gustando. La protagonista tiene una personalidad casi como la mía, solo que ella es ficticia y yo soy muuy real… Ah, y un poquitín más divertida. —Necesito un Noah en mi vida, es oficial—digo terminando mi té—. ¿Dónde se conseguirán ese tipo de chicos? Me río de mis locas ideas hasta que un ruido proveniente de afuera llama mi atención. Pongo en pausa la película y hago silencio. —Hmm, que raro—susurro—. Quizás sea algún animal merodeando cerca. Sigo mirando la tele, pero a los poquitos segundos vuelvo a escuchar ese ruidito otra vez. —Pero ¿qué sucede? —pregunto levantándome de la cama—. ¿Quién se ha propuesto molestarme justo en mi tiempo de descanso? Me acerco hasta el balcón y enfoco mi vista hacia el bosque. Lo que se escucha es como un chillido débil, pero insistente... Casi parecido a un quejido. No lo sé, quizás algún tipejo borracho de la fiesta de enfrente se perdió o está riéndose solo. Por otro lado… ¿Qué tal si es un animal del bosque? Ay, no. ¿Y si es el mismísimo Edward Cullen acechando mi cabaña? —¡Ay, pero que cosas estoy pensando! —niego con la cabeza—. Edward no existe, Elaine. Son puras patrañas de Charlie. Todo esto es por su culpa. ¿Por qué? No sé, pero a alguien tenía que echarle la bolita. «Lo siento, Charlie Brown». Lo mejor será que vaya hasta el jardín y termine con estos miedos. Tomo mi cárdigan y bajo hasta la sala. —Quien sea que esté dando vueltas cerca de mi casita, se las verá conmigo—digo prendiendo las luces del jardín. Abro la puerta corrediza y me abrazo a mí misma. La noche está comenzando a refrescar; las suaves brisas mueven las hojas de los arboles creando ese silbido en el ambiente… Ay, por un segundo de tiempo, me siento como en esas películas que mira Charlie. Solo me falta la musiquita de suspenso, decir la famosa frase de «Hola, ¿hay alguien ahí?» y estamos completos. Sacudo la cabeza y camino hasta el asador. Me pongo de puntitas para mirar los alrededores y me detengo en la sombra negra que se encuentra justo a escasos metros de mí. —¡Pero que…! —el aire se me escapa de los pulmones a causa del susto y retrocedo—. Dios bendito, ¿qué es esto? Me acerco otra vez cuidando mi distancia y observo al hombre tirado justo donde comienza el bosque. Es un tipo grande, demasiado grande y musculoso. Se encuentra recostado boca abajo con las manos a los costados, pero oigan… Al parecer respira. —Ok, tranquila, Elaine. El individuo está vivo—digo poniendo la mano en mi pecho—. Por favor, lidio con un tigre de casi doscientos ochenta kilos todos los días… Puedo con esto. Me agacho y toco su cabeza. Frunzo el ceño mirando la fea herida que tiene en la frente y los raspones en sus manos. Lo más seguro es que sea un turista loco que trató de hacerse el aventurero en la noche y terminó perdiéndose en el bosque. —Hola, ¿me escuchas? —pregunto tratando de moverlo—. ¿Qué fue lo que te pasó? ¿Cómo llegaste hasta aquí? —Auta… Minua—responde con su voz apenas audible. —¿Auta? ¿Ese es tu nombre? —digo sin comprender. —Aut-a… M-minua—insiste tratando de enfocar su mirada en mí. —Wow, que ojos—manifiesto sin parpadear. Sus ojos son de un color tan pero tan celeste, que hasta a Alekai le daría envidia. Ladeo la cabeza y suspiro—. Bien, déjame pensar—digo rascando mi nuca—. ¿No hablas español, inglés? No sé, ¿portugués? —Aatu K-kinn-unen—responde. —Ok, ese idioma no lo conozco, pero podemos buscar en google—digo nerviosa—. Ahora lo que voy a hacer es tratar de levantarte, ¿de acuerdo? Me mira sin captar lo que quiero decir y trata de tomar mi mano. Ay, genial. Tengo a un hombre medio moribundo que no comprende lo que le digo y encima está herido. Piensa, Nanita preciosa, piensa. —Voy… a… levantarte—digo haciéndole señas—. Tendrás que ayudarme, grandulón—lo tomo por el hombro, sosteniéndolo con toda la fuerza que tengo. Me impulso para pasar su brazo por mi hombro logrando que al fin entienda que estoy ayudándolo—. Vamos. Se levanta quejándose a causa del dolor y camina despacio apoyándose en mí. Pesa bastante e inclusive me dobla en estatura; pero, aun así, logro arrastrarlo hasta la cabaña. Lo aprieto por la cintura y hago el último esfuerzo para llevarlo hasta el sofá.  —Ahora te recostarás aquí, ¿de acuerdo? —digo soltándolo poco a poco—. Espera aquí. Iré por mi botiquín. ¿Entiendes lo que digo? El desconocido me observa por un momento y al parecer me entiende puesto que logra sentarse. Bueno, vamos progresando. Corro rápido hacia el medio baño y saco el botiquín de emergencia. Me lavo bien las manos y regreso a la sala. —Bien, soy zoóloga, pero tengo conocimientos médicos—murmuro abriendo la maleta—. No te preocupes, voy a… Oh, genial. Te has dormido. Dejo las cosas en la mesita y me arrodillo frente a él. Ahora que hay luz, puedo verlo con más claridad. Veamos… Sus rasgos son bastante marcados y masculinos. Su barba de pocos días está bien arreglada al igual que su cabello; que ahora se encuentra lleno de hojas y ramitas incrustadas debido a la caída que seguro tuvo. Y qué decir de la loción que lleva… Huele a perfumito caro. —¿Me has mandado un Noah, querido universo? —susurro mirando su torso firme y musculoso—. Al parecer te dedicas exclusivamente al gym, ¿eh? Te ves bien. Voy hasta la cocina por agua limpia, repasadores y hielo. Me siento a su lado y abro el botiquín para comenzar a curarlo. Tiene raspaduras en su cuello, parte de sus manos y una herida bastante interesante en la frente. —¿Qué estuviste haciendo en el bosque? —pregunto limpiando sus lesiones—. Quizás tengas más cortes en el cuerpo, así que, con tu permiso tendré que quitarte la chaqueta y levantarte la playera. Son incontables las veces que curé animales e incluso me llené de sangre y líquidos que no se imaginan, pero…Quitarle la chaqueta de cuero a este hombre me pone algo nerviosa. Respiro y levanto su playera para examinarlo. —Anda… Pero tú que eres, ¿un lienzo viviente o algo así? —expreso mirando el enorme tatuaje que le cubre su pecho izquierdo y poco más de la mitad del brazo—. Para tu suerte, tu moldeado torso y el six pack que llevas, no se han hecho daño—sonrío. Inspecciono sus costillas y parte de la espalda también. Hago una ligera presión notando que se queja mientras duerme—Hmm… Lo que, si veo, es que te has golpeado las costillas, pero no están rotas. No te preocupes grandote, te dejaré como nuevo. 11:30pm Muy bien, no es un vagabundo y mucho menos un borracho perdido, por ese lado debo estar tranquila. Lo más probable es que deba ser alguien decente por su manera de vestir. Me llevó casi una hora curarlo y vendarle cada una de sus heridas. Su corte en la frente parecía grave, pero al final solo ha requerido de cinco puntos. Lo que me preocupa es el tremendo golpe en sus costillas. Lo más seguro es que mañana ponga el grito en el cielo cuando se despierte. —Listo, grandulón. Hemos terminado—digo sentándome en la mesita de centro—¿Sabes? No había visto un hombre como tú. Al parecer eres muy especial… Uno de esos tipos que una desea sacar de las películas y hacerlo real. ¿Pero que acabo de decir? Por todos los lobos de Canadá, ¡es un desconocido! Ni siquiera sé de dónde vino o si está huyendo de la policía. —¿Qué eres? ¿Un mafioso que acaba de enterrar a su victima en el bosque? —pregunto mirando su enorme anillo con forma de león—Nah, nah… no puede ser eso—me estiro y camino hasta el otro extremo del sofá—. No sé quien seas, guapetón grandulón, pero te estaré vigilando. Le echo un vistazo por última vez y me quedo dormida.
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