Prólogo

320 Words
Desde que era un querubín, mi madre siempre me metió la idea de que el amor no sabe de idiomas, razas o incluso de las distancias. Dice que este sentimiento en su máximo estado no repara en las barreras ni en las dificultades; es más, confía, espera y soporta sin límites. ¿A qué voy con esto? Pues verás, debido a todas estas enseñanzas acerca del amorch, me he desarrollado como una joven romántica empedernida. Si, así como lo oyes. Creo tanto en la magia de un buen beso como en las almas gemelas. Si, también creo en las medias naranjas, en el hilito rojo y… Ay ya, en todas esas cosas. Mi mejor amigo Carlos piensa que estoy loca. ¡Por favor! Loco él, que se la pasa modelando en pasarelas de Gucci y cuando regresa a su casa, prefiere quedarse encerrado viendo maratones en Netflix que optar por salir con alguna chica. Yo por lo menos hago algo productivo… ¿Y qué es? Sentarme a realizar investigaciones con respecto a mi tema favorito. ¿Quieres saber lo que he averiguado? Bueno, algunos románticos piensan que el amor no pretende enriquecerse sino enriquecer al otro y que, por si fuera poco, todo lo puede, lo quiere y lo enfrenta. Otros afirman que es un sentimiento adictivo; taaaanto, que tiene la capacidad de cambiar nuestro lenguaje terminando por controlar cada partícula de nuestro ser. ¿Pueden creerlo? Porque yo sí. Oye, ¿te digo un secreto y queda entre nosotros? Ok, ahí va. Soy una profesional en eso del romance, pero no tengo la menor idea de lo que se siente tener una conexión tan fuerte e inquebrantable con alguien. ¡Shhhh! No se lo digas a nadie, ¿de acuerdo? Mientras espero a que un hombre fenomenal me caiga directito del cielo, sigo viviendo mi vida, manejo a mi precioso chocolatino y molesto a Carlitos el gruñoncito.  
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD