Ana Paula se dio la vuelta, se direccionada al baño cuando los fuertes brazos la rodearon dejando atrapados los suyos. Ignacio clavó su rostro en el cuello y dejó un suave beso —¡Déjame! —, exigió. Ignacio la soltó, pero al segundo siguiente la giró, por consiguiente, la besó. Beso que por supuesto ella rechazó —No me revolcaré contigo después de que te metiste con quién sabe quién—, bufó —No me gusta lamer de la misma paleta que otra lamió hace que, ¿Horas atrás?, ¿días? —Solo fue una vez—, se defendió —Perdóname por eso Ana—, suspiró en la cara de ella —Te juro que en cada momento pensé en ti—, soltando el puño que su mano había formado, le estrelló la palma en la cara. El rostro de Ignacio se quedó girado. —¡Eres un imbécil! —, lo empujó —¿¡Como puedes decirme aquello!?, ¿Qué quieres?

