¿Matar? Esa palabra le daba escalofríos. Bajó la mirada a las manos de Ignacio, las rozó con sus delgados dedos y al momento que él las volteó hizo círculos con el índice en el centro de las palmas. Levantó la mirada y al hacer contacto con la de él, sintió un remolino en su vientre. Ignacio llevó la mano tras el cuello, desde ahí la acercó y musitó —Te amo—, cerró los ojos para darle un beso, en ese momento la puerta fue tocada. Ignacio suspiró grueso y miró el reloj. —No tengo que irme si no quieres—, los párpados de Ignacio se levantaron. —No puedes quedarte. —He vivido aquí durante siete años y no ha pasado nada. —Son tiempos muy distintos, antes Airto no sabía que estabas aquí y la guerra no estaba por terminar. —¿Y si me está esperando y me sigue? —No lo hará, irás bien re

