AUTOR. El vuelo duró un día y media noche, tuvo que hacer varias paradas para descartar cualquier seguimiento de sus enemigos. Llegó a la madrugada del día siguiente. Una vez que bajó tocó el timbre porque no tenía llaves, no podía arriesgarse a que alguien la tomara y sacara una copia y le diera una sorpresa a su familia mientras dormían. Después del tercer timbrado bajó Robert. Al ver a su hijo sonrió de medio lado y lo abrazó. Se apretaron tan fuertes que parecía que se iban a romper los huesos. Tras soltarse Ignacio ingresó, su mamá estaba en lo alto de las gradas, cuando lo vio, bajó a toda prisa, se aferró a el torso y lloró. Siempre que llegaba a visitarla lloraba. —¡Hijo!, volviste—, le agarró el rostro entre sus manos, volvió abrazarlo y apretarlo —¿Por cuántos días? —, cuest

