Jhon no podía parar de reír. Clarice estaba encantada con la actitud de su padre esa noche. Sharon le contaba momentos vergonzosos que la mujer había pasado en su trabajo desde que inició en él un año atrás. La mujer era fisioterapeuta en un geriátrico y amaba su trabajo por los absurdos que ocurrían cada día. —Te lo juro, nadie se había dado cuenta que el viejo escondía las servilletas hasta que se acabó toda la existencia en una semana. Mi jefa no podía creer que utilizáramos tantas servilletas, así que se puso a investigar. Fue una enfermera la que se percató que el viejo escondía cosas en su clóset. Cuando lo abrieron, todas las cajas y los pañuelos de papel les cayeron encima como si fuese una avalancha de nieve —contó entre risas. —Pero, ¿por qué las servilletas? —quiso saber Jhon

