Prólogo
Un campo vestido de un alegre verde, adornado con flores de diferentes colores, lleno de vida y armonía. El sol se asoma en las llanuras al Este y sus primeros rayos pintan el cielo azul oscuro.
Una pequeña chica de alrededor de unos 6 años y medios, vestida con un traje de combate se encuentra acompañada por un hombre de cabello n***o y de apariencia agraciada, vestido con un traje de seda color rojo.
Los dos se encuentran apreciando el amanecer de esa fresca mañana, deleitándose con el cantar de las aves y la fragancia dulce de las flores.
— Hija, algún día tendrás que proteger de toda esta tierra, de sus plantas, animales y por supuesto de la gente que la habita.
Dijo el hombre a la niña, que lo miraba atentamente.
— De acuerdo, padre. Te prometo que lo haré, palabra de guerrero.
Afirmó confiada con una gran sonrisa.
Más tarde, llegaron al campo donde se encontraban, un hombre de cabello oscuro, una mujer de unos impresionantes ojos azules y un niño más alto que la niña.
— Hija, ellos son nuestros aliados. Él es mi amigo Jafet, su esposa y su hijo. Hemos mantenido una buena amistad desde que éramos pequeños y me gustaría que así fuera con su hijo y tú.
Dijo su padre presentándole a los recién llegados.
— Encantada de conocerlos. Soy Amira Kale Korel, próxima reina de Korel.
Respondió la pequeña haciendo una reverencia como un verdadero guerrero y no como una delicada princesa.
Su gesto hizo que los soberanos quedarán sorprendidos y su padre se sintiera orgulloso.
— Gusto en conocerla, princesa. Si necesitan ayuda no duden en decirme, yo estaré para ustedes.
Respondió el hombre de noble apariencia.
— Gracias, amigo.
Agradeció con una sonrisa el padre de la niña.
— Hijo ve con Amira.
Ordenó Jafet a su hijo.
El niño se acercó a la niña, que lo examinó de pies a cabeza, luego tocó sus brazos. El niño la miró con extrañeza.
— ¿Sabés luchar?
Preguntó de pronto la niña.
— Claro, mi padre me ha entrenado.
Respondió con orgullo, como si de eso dependiera su vida.
— Bueno, en guardia.
Ordenó la niña adoptando la postura de combate.
La pelea entre los dos niños dio como resultado la victoria de la chiquilla. El niño se encontraba tirado en el suelo, con la ayuda de Amira se levantó y sonrió apenado.
— Eres muy fuerte, espero algún día tener la revancha.
Mencionó con una tímida sonrisa. Estaba claro que en el pequeño, un extraño y peculiar sentimiento se desarrollaba por la fuerte pequeña.
— Cuando quieras, te estaré esperando.
Afirmó con una confiada sonrisa.
— Entonces, es una promesa.
— Sí. Por cierto, ¿Cuál es tu nombre?
Afirmó con certeza.
— Mi nombre... Es... Shinel, solo llámame así.
Dijo el niño volviendo al lado de su padre.
El resto de la tarde se la pasaron jugando y riendo con sus padres, mientras la madre del pequeño Shinel los miraba con una gran sonrisa.
...
Años más tarde, esta chica creció entrenando en las montañas y campos de batalla. Liderando y ganando cada batalla en nombre de su nación.
— ¡Larga vida al Rey Ulmer!
Exclamó victoriosa.
— ¡Larga vida al Rey y a usted, guerrero Scarlet!
Exclamaron los soldados.
Aquella pequeña se había convertido en un fuerte y valiente guerrero, por el cual los soldados y la gente de su nación sentían admiración y aprecio. Cada nueva generación quería ser como ella. Aquello era de imaginar, ya que por todos los pueblos y naciones se había convertido en una gran leyenda.
Todos hablaban de aquel guerrero valiente y despiadado que a cualquier rey que se enfrentaba acababa asesinándolo. Sus victorias causaron terror y envidia en los demás reinos.
Incluso había reyes que pagaban por quien trajera la cabeza del guerrero. Hubieron muchos que lo intentaron pero nadie logró derrotarlo, su insolencia les costó su vida.
Por otra parte, se avecino una guerra para el reino del amigo de su padre. Ella sin dudarlo fue a ayudarlos, un joven de ojos azules se unió a ella, los dos estaban haciendo un gran trabajo y equipo. Sin embargo, cuando estalló la guerra en su nación y tuvo que abandonarlo para ir a defender a los suyos.
Uno de sus mayores enemigos, la nación de Sephir, habían atacado su muralla que por años les había costado mucho levantar. Aunque lograron ahuyentarlos, el daño ya era irreversible, su ciudad ahora se encontraba vulnerable. Aquello fue un gran golpe para su padre y para la nación.
Ella con gran determinación reunió a todos en la plaza y se colocó en medio.
— Mientras yo viva, prometo que los protegeré con mi vida. Tengan por seguro que yo los cuidare de cualquier enemigo. Nadie más nos pisoteara. Juro que me vengare de los Sephir y les haré pagar por todo lo que hicieron.
Gritó a los cuatro vientos.
Las personas con emoción gritaban y en sus rostros se podía ver la plena confianza que le tenían. Todos sabían que ella era como una madre para ellos, su leona protectora.
— ¡Larga vida al guerrero Scarlet!
— ¡Larga y próspera vida al reino de Korel!
Exclamaron dichos.
Después de aquel suceso, las personas vivían en plena paz y armonía, confiando. Mientras, Scarlet comenzó a reclutar a varios guerreros, los entrenó y se encaminó a una gran batalla con ellos.
El destino del pueblo estaba en sus manos. Aquella responsabilidad recaía en los hombros de una jovencita de tan solo unos 19 años. De la cual sus enemigos se burlaban cuando la veían encabezar el ejército.
Por otra parte, en un lugar lejano de un reino vecino, un joven de cabellera castaña junto a una chica de cabello oscuro y de una linda apariencia se miraban en secreto.
— Mi padre me ha comprometido con alguien más, si no lo hago es capaz de quitarme el trono. Cosa que estoy dispuesto a perder, tú eres lo único que necesito en mi vida. Total, hay más quienes pueden hacerse cargo de ese reino.
Exclamó el joven de cabellera castaña con un tono despreocupado.
— Aww... Mi amado, ten presente que siempre estarás en mi corazón. Yo jamás te dejaré
Dijo la chica besando una vez más sus labios.
De repente, un grupo de guerreros se acercó a ellos con determinación, miraron sorprendidos a la joven pareja y luego hicieron un espacio para que pudiera pasar su majestad.
— Hijo, te he dicho miles de veces que esa chica no te conviene. Ella ya está comprometida, entiéndelo.
— Yo... Yo la amo, no me importa quienes interfieran entre nosotros.
Exclamó el joven tomando de la mano de aquella astuta joven que sonreía con descaro.
— Hijo, no sabes lo que dices. Hombres, tomen al príncipe y llevénlo de vuelta al palacio, vigilénlo y asegúrense de que esta vez no se les escape.
Ordenó el rey mientras se acercaba a la joven que lo miraba con una aparente tristeza.
El joven miró con odio a su padre, quien le dirigía una fría mirada. Aunque se ganara el odio de su hijo, él sabía que le estaba haciendo un bien.
— No te olvidaré, juro que te iré a buscar. Volveré a escapar, ni mi padre ni nadie nos separará.
Gritó el joven siendo arrastrado por los guardias.
La joven solo lo miró con una sonrisa y unas cuantas lágrimas en sus ojos.
Un amor tan ingenuo del próximo heredero al trono es la mejor oportunidad que tiene, ella sabe que sólo así podrá tener el mundo bajo sus pies.
— Escucha bien, tú jamás serás la soberana del reino de Ithary, de eso me encargaré yo. No sé cómo hechizaste a mi hijo, pero, pronto lo apartaré de ti. Espera y verás.
Amenazó el rey por última vez, después regresó con su comitiva.
Aquella joven apretó su puño, su mirada no se apartó del horizonte, la ambición en su corazón sólo crecía más y más.
— Ya verá, me encargaré de destruir su reino.
Murmuró con una voz cargada de odio.
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Hola, les saludo de nuevo después de mucho, pero, mucho tiempo, he vuelto. Ahora vengo con esta nueva historia, la cual estará narrada por tres personajes (aunque al principio sólo serán dos xD), espero que les guste. De antemano, gracias por leerla ^-^/