35

965 Words

35 «Amo, cara, ven aquí. Dame la chaqueta. Hum, ¡qué suave! Armiño, ¿verdad? La pondremos aquí para que no se arrugue. Bueno, querida, ¿cómo estás?» Clara Mito era capaz de hacer sentirse a todas a gusto. Era una excelente señora de su casa, sin boato ni exageraciones, salvo las de las palabras que exhibían una amabilidad convencional, no protocolaria, sino de moda. Sin embargo, para garantizarse una reserva de humanidad a la que invitar todos los meses a los parties, debía pescar un poco aquí y allá. Aquel día la red estaba cargada de aficionadas al gimnasio, de edades diversas a partir de los treinta. Alguna de ellas había llegado ya y otras estaban llamando al portero automático. Con la ayuda de una joven filipina y de su hija, abría el portal y acogía personalmente a las invitadas en

Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD