Pov: Crystal Kambell.
Camino de un lado al otro dentro de mi camerino. Mi corazón golpea contra mi pecho y no dejo de tener escalofríos al pensar en esa docena de hombres que me triplican o cuadruplican la edad esperando para la subasta.
Esto no es a lo que accedí. Soy una tonta.
Todavía tengo una esperanza que ese hombre venga... si al menos tendré que pasar la noche con alguien, que sea guapo, que me haga reír y que tenga un marcado sentido del humor.
Cuando firmé este contrato yo pensé... confié y ese fue mi mayor error. Mi aventura se está volviendo un infierno y esto es lo que no quería que pasara.
Flashback — La noche anterior.
Termino mi baile y he visto muchos hombres guapos y jóvenes asistiendo a los bailes previos a la subasta de mañana.
Solo un día para cumplír con mi objetivo aquí en Las Vegas. Perder mi virginidad en una aventura única y conseguir el dinero suficiente para valerme por mí y matricularme en Juilliard sin el permiso de mis padres.
Antes de marcharme de este salón repleto de hombres que solo me miran a mí, Katrina; la coordinadora del club donde he venido a trabajar por dos meses, me detiene.
—Aún no te vayas, Angelita —murmura cerca de mí.
—¿Todo está bien?
—Perfecto, anunciaremos quiénes son los que asistirán a la subasta, se ha seleccionado a los compradores más formidables —no objeto, estoy a la expectativa.
El trato fue así, llegué aquí y fue inevitable ocultar mi completa inexperiencia s****l, Katrina lo notó y me dio un lugar especial, he ganado bastante dinero solo bailando para que me observaran sin siquiera tocarme. Firmé un contrato que dictamina algo muy simple, en cuanto a mi virginidad sea comprada ya no tendré nada que ver con este club y recibiré el 50% de las ganancias generales. Es muy simple.
Mañana se subastará y yo tendré lo que quería.
—Estoy ansiosa por saber quiénes son, me sorprendió que tantos hombres jóvenes asistieran —menciono.
—Sí... muchos herederos.
Se aleja de mí y toma el micrófono.
—En este momento se anunciarán los elegidos para recibir una invitación. Acérquense a la salida y se les dará la invitación que le permitirá entrar mañana. Número 23-44-12-03...
Dejo de escucharla cuando veo que todos los elegidos son hombres que como mínimo tienen 50 años.
No. Esto está mal.
Me acerco a Katrina tratando de replicar.
—Katrina...
Cubre el micrófono.
—No me interrumpas. 38-06, esos son todos. Los vemos mañana con sus chequeras listas. Se subastará un ángel —suelta antes de alejarse y tomarme del brazo sacándome a rastra.
—Katrina, ¿qué fue eso? Todos esos hombres.
—La próxima que me interrumpas, Kambell, haré que el más anciano de ellos te compre por una miseria y sería triste para ti que tu primera vez sea con un tipo como él que querrá tratarte como un prostituta —paso saliva.
Intento hablar y las palabras no me salen.
—¿Qué te sucede, Angelita? ¿Estás asustada? Ternurita, te falta mucho que aprender de este mundo.
—Este no fue el trato —musito con la voz temblorosa.
—¿Trato? Ah hablas del contrato, ¿lo has leído? Seguro que sí, eres una niña buena, pero los contratos tienen zonas grises, Crystal y ese contrato dice, que nosotros te permitimos usar nuestras instalaciones así como también organizar la subasta a nuestro CRITERIO dándote el 50% de lo recaudado cuando tú vendas tu virginidad. Todo esto con tu completo consentimiento. Y firmaste —sonríe con malicia.
Me quedo sin palabras, tiene razón.
—¿Acaso creías que te compraría un joven y guapo heredero? Probablemente, solo que ellos no vendrán a la subasta porque no lo permitiré.
—¿Por qué haces esto?
—Porque me divierte ver a las niñas ingenuas como tú venir aquí y creer que saldrán ilesas. Te veo mañana, Angelita —se aleja y me deja con el corazón estrujado.
Y lo peor: tiene razón. Soy una tonta ingenua y no sé qué estaba pensando cuando pensé que una aventura como esta resultaría bien.
Fin del Flashback.
El golpeteo en la puerta me saca de mis pensamientos.
—Permiso, ¿puedo pasar? —abro mis ojos al ver a Coral entrar.
—Hola...
—Te ves fatal, tu cara lo dice todo, estás aterrada —aprieto los labios.
—¿Tanto se nota? —una sonrisa recta y en exceso fingida me indica que si.
—Bastante....
Coral es una chica que conocí aquí y no habíamos hablado lo suficiente hasta ayer que me vio llorando en un rincón y le conté lo que pasó.
Ella me dijo que estaba loca, que cómo teniendo una buena familia se me ocurría venir aquí y hacer una estupidez como esta por una aventura.
En mi cabeza sonaba excelente y como mi prima y mi amiga vinieron también era una aventura en grupo.
Solo que terminamos separadas porque ellas eran bailarinas regulares y renunciaron.
Creí tontamente que yo era especial y esa mujer me confirmó que no.
—Tienes que relajarte, dijiste que le diste la invitación, ¿no? —asiento.
—Tengo miedo de que Katrina se dé cuenta que le robaste una invitación, no quiero que te castigue —sacude su mano restándole importancia.
—No lo notará, te lo juro, además se la quité al que vigila la puerta, le hice ojitos, le dije que le regalaba un baile y cuando quiso tocarme el trasero se la quité. Mira no porque todas aquí estemos mal tú tienes que terminar igual, te ves buena chica —suspiro.
—Tendré que estar con él si me compra —murmuro.
—Dijiste que era guapo —una risita corta sale de mis labios mientras bajo la mirada.
—Es como si el universo me lo hubiera mandado, si hubieras visto sus ojos, eran tan claros y muy alto, fornido... además, él tiene carisma debo confesar —Coral se ríe.
—Tu te encantas fácil, todos aquí son hombres que solo quieren una cosa: sexo —me río rodando mis ojos.
—Yo también —replico—. Solo quiero sentir... el fuego —recuerdo cuando estaba tan cerca de mí y sus dedos me tomaron el mentón.
Sentí que mi piel quemaba y la forma en que me miró, su cercanía, fue extraño.
—Por lo que más quiero deseo que tu CEO millonario sea lo que piensas y que logre comprarte.
—Si es que viene —el miedo me hace doler el estómago.
—¿Le coqueteaste? —asiento—. ¿Lo desafiaste? ¿Le hiciste ojitos y en especial vio toda tu personalidad? —señala mi cuerpo.
—Sí, fui todo lo coqueta que no he sido en mi vida con ningún chico. Él se veía seguro a convencerme de que tiene un gran dote —me río sola porque él es presumido.
Y cada que pienso en un gran dote... mi rostro arde.
—Mmm... suerte entonces. Supongo que luego de esto te largarás de aquí —asiento.
—Si, no planeo aparecer nunca más —me abraza.
—Que lindo conocer a una chica como tú. Suerte, Crystal —sonrío y ella solo sale dejándome sola.
Un rato más tarde vienen a buscarme y sin decir una palabra voy a la sala de subastas.
Paso saliva cuando estoy parada frente a todos esos hombres que solo me provocan asco mientras van llegando.
Él no llega y cada vez comienzo a sentirme peor.
Nunca debí hacer esto, fue un error.
Miro la hora y solo faltan dos minutos para que cierren las puertas. Katrina sonríe triunfante. Esta mujer, nunca voy a entender por que es tan malvada. Ni siquiera nos conocemos.
Veo que le hace una seña al de la puerta que cierre y cierro los ojos.
—Justo a tiempo, señor. ¿tiene invitación?
—Por supuesto, aquí tiene.
Abro los ojos y levanto la vista al escuchar su voz.
Sí vino.