Capítulo V

3344 Words
Ella se había quedado para su regocijo pero no habían cruzado palabra alguna, de hecho, Eleni seguía prácticamente enclaustrada en la pequeña cabaña que le habían dado y eso lo tenía nervioso, molesto... Necesitaba volver a verla. Sentirla. El beso que habían compartido hacía dos semanas lo estaba volviendo loco lentamente. Su sabor era adictivo, tanto como lo era el alcohol para los ebrios. Su ausencia lo mataba lentamente. Dolía quererla suya pero no tenerla entre sus brazos para demostrárselo, ser completamente suyo y no pertenecerle. —Catarina ¿Qué has sabido de Eleni? La aludida arqueó una ceja en su dirección antes de esbozar una sonrisa. —Se ''enojó'' cuando le dije que estaba embarazada y discutió sobre el embarazo fuera del matrimonio por lo que argumenté que Dierk y yo pronto nos casaremos, esto la calmó un poco. Así fue como me confesó que... ella se muere por tener niños. Si bien era cierto que los cambiaformas creían que eran estériles salvo por unos pocos que lograron concebir dentro de los laboratorios por una inyección que les colocaban, fue una sorpresa muy grata que la primera pareja entre un cambiaformas y una humana pudieran crear vida sin intervención médica. De hecho comenzaron a hacerse estudios entorno a ellos con médicos competentes y profesionales contratados por ellos mismos para entender cómo fue posible la concepción. El pecho de Leonardo se llenó de gozo al escuchar a Catarina decir que su tía quería tener descendencia. Imaginársela hinchada con su semilla sería la cosa más gratificante que viera en su vida y de pronto se prometió hacer hasta lo imposible para que Eleni fuera su esposa y la madre de sus cachorros. — ¿A dónde vas Leonardo? —preguntó arqueando una ceja. —A hacer algo que tengo que hacer desde hace mucho tiempo. Caminó apresuradamente perdiéndose de la sonrisa que esbozó Catarina al verlo ir en busca de su tía. —Te habías tardado, ella merece ser feliz —susurró Catarina. * Eleni arrugó el ceño mirando el vestido que su sobrina había dejado sobre su cama, según Catarina si no asistía a la fiesta de apertura de la manada dejaría de hablarle. Y no la dejaría conocer a su bebé, cosa que ella se moría por hacer. De sobra sabía que aquella era una amenaza vacía pero de igual manera quería ir, ansiosa por ver a Leonardo otra vez, desde ese día que la había besado no podía evitar pensar en la calidez de su boca o en la fuerza de sus manos... Ese recuerdo solo la hacía suspirar. Terminó poniéndose el vestido y se observó en el espejo. ¿De verdad él estaba con J-07 por obligación? ¿En serio la quería a ella? Y si era así ¿Por qué no había ido a verla en esos días? De repente la puerta sonó captando toda su atención. Miró la hora en el reloj de la pared y frunció el ceño confundida, Cat le había dicho que estaría esperando por ella en la fiesta y no conocía a nadie más en la manada salvo por... Caminó de prisa hasta la puerta y abrió enseguida quedándose boquiabierta. — ¿Leonardo? Eleni parpadeó varias veces como si su presencia ahí se tratara de un sueño. ¿Cómo un hombre podía ser tan guapo e intimidante en partes iguales? Él dio un paso hasta ella pero eso causó que enseguida Eleni diera un paso atrás intimidada, Leonardo aprovechó y entró a la casa cerrando la puerta detrás de él. —No puedo estar más tiempo sin ti —dijo él entrando —, te extrañé demasiado, déjame amarte, por favor hermosa. Su voz ronca la hizo erizar pero fue peor cuando Leonardo cortó la lejanía chocando su pecho con el de ella. — ¿Qué...? Su aliento se mezcló con el de ella y de un momento a otro su boca se enterró en el hueco de su garganta lamiendo su suave piel. —Yo mataría porque estés a salvo hermosa, te daré todo lo que quieras, aunque decidas no estar nunca conmigo. Ahora su lengua trazó un camino desde su cuello hasta el inicio de su pecho el cual se agitó en anticipación. Leonardo esperó a que ella se apartara pero contrario a eso alzó sus brazos apretando su cuello. Un rugido posesivo y de satisfacción estuvo a punto de salir de él sin embargo respiró profundo para no asustarla, eso era lo que menos quería. —No sabes cuantas veces he soñado con hacerte mía, hermosa. Eres mi perdición, por ti caminaría por las brazas del infierno, para verte feliz. Los labios de Eleni soltaron un gemido que lo hizo poner duro en cuestión de segundos, el animal dentro de él estaba inquieto, quería marcar a su compañera, de una vez por todas, pero él simplemente no lo haría sin el consentimiento de ella. De un momento a otro Leonardo se apartó de ella logrando que Eleni lo mirara perdida, cosa que casi hace curvear su boca, sin embargo, eso no lo detuvo de lo que iba a hacer con anterioridad. Se dejó caer de rodillas ante ella aunque Eleni trató de hacer que se levantara. — ¡¿Qué haces?! ¡Levántate ya! Él no lo hizo, para su sorpresa, la abrazó con fuerza enterrando su cara en su estómago y ella casi se echó a llorar. ¿Cómo podía ese hombre tosco y orgulloso estar arrodillado frente a ella dando besos tiernos en su vientre? Parecía casi imposible pero ahí estaba él. —Te amo Eleni, te amo tanto que duele. Acto seguido los ojos de ella se cargaron de lágrimas, no había creído nunca que llegaría a sentir esa magnitud de sentimientos que azotaban en ella. Su Leonardo la amaba y no había nada más importante que eso, si él quería estar con ella finalmente estarían juntos. Eleni se arrodilló para estar a la par con él mirándolo de la misma forma que Leonardo la miraba. Con adoración, amor infinito y pasión descarnada. Su mano se deslizó por su suave cabello haciéndolo ronronear como un gatito y sin apartar las pupilas de las de él finalmente le dijo: —Y yo te amo a ti, siempre lo he hecho. De inmediato escuchó un gruñido animal proveniente de Leonardo pero no se sintió intimidada en lo absoluto, su boca capturó la suya sin querer dejarla ir nunca. Suficiente tiempo ya habían pasado separados. Bebió de su aliento como sediento devorando su boca como siempre había querido hacer, ese beso que los fundió en uno solo. —Sé mía, hermosa —murmuró él cuando dejó sus labios. Eleni por su parte lo miró embelesada, no tuvo palabras para responderle, no obstante tomó su cara entre sus manos y lo besó con fuerza, esta vez la ropa fue desapareciendo, ellos se pertenecían, no había vuelta atrás. Leonardo la alzó entre sus brazos sin abandonar sus labios y de un momento a otro estaban sobre su cama, desnudos perdiéndose uno en el otro. Eleni se sentía encantada con sus ojos clavados sobre ella, sus manos eran duras y cálidas al mismo tiempo, se sonrojó furiosamente al pasear su mirada por su musculoso cuerpo desnudo mientras notaba las diferencias de ambos y no solo las obvias. Leonardo era absolutamente grande y fuerte mientras que ella era frágil y menuda. Su melena aleonada era una de las cosas que más le gustaban además de que en ese par de ojos ámbares encontraba ese brillante amor que le robaba el aliento. Su sensual boca comenzó a recorrer los sitios que ella nunca había imaginado y se sintió débil, como mantequilla entre sus dedos. Poco a poco él estiró su cuerpo sobre el de ella y no hubo nada más que decir. Ambos se unieron a un vaivén glorioso que los hizo gemir sin pudor. De hecho Eleni ni siquiera recordaba que para hacer ese tipo de actos debía estar casada como mandaban las escrituras. Cuando Leonardo la reclamó como suya al fin se sintió en el nirvana pese a que alguno de sus movimientos eran salvajes, sus besos y sobretodo sus ojos solo demostraban el amor que sentía por ella. Al culminar se derramó en su interior sin ya poder contener un rugido animal que escapó de su garganta y seguido de eso sus colmillos marcaron su cuello, así como él la había marcado como suya. Ya lo era, y esta vez no la dejaría ir a ningún lado. * El tiempo había pasado rápido así como los años. Dentro de la manada se había descubierto que los niños cambiaformas procreados por humanos y cambiaformas de forma natural posiblemente se debiera a que solo pudieran concebir con sus compañeros o compañeras, no había otra explicación. Para los casos donde los cambiaformas eran emparentados por obligación en los laboratorios nazis, y por ende inyectados, se debía a que eran los más fértiles del grupo y la inyección hacia el resto, nada más. Entusiasmado por la noticia Leonardo y Eleni se casaron, por años buscaron su tan anhelado cachorro aunque las esperanzas cada vez morían más, Eleni cada vez se sentía más frustrada por no poder concebir a su niño y por otro lado también aterrada sobre que Leonardo se hubiera equivocado con ella, y muy pronto apareciera su verdadera compañera. Siete años habían pasado en total, siete años en lo que vivía aterrada porque su hermano no las buscara ni a ella ni a su sobrina, siete años en los que se había sentido decepcionada por no poder darle un niño a su esposo. Otra cosa que habían descubierto era que los cambiaformas no envejecían y tampoco lo hacían sus compañeras. Según el doctor Reynolds era porque la droga que les habían inyectado en los laboratorios seguía en ellos además de que la misma era transmitida a sus esposas mediante el semen y a sus hijos por la concepción natural. Su crecimiento parecía detenerse a los treinta años más o menos. — ¿Cat? ¿Qué pasa? —preguntó Eleni viendo a su sobrina entrar con cara de pocos amigos a su casa. — ¡Tienes que hacer algo! Eleni frunció el ceño confundida sin entender a qué se refería su dramática sobrina. — ¿De qué hablas? — ¡¿De qué hablo?! ¿Tienes alguna idea de los sexy que es tu marido? Enseguida la fulminó con la mirada pero antes de que pudiera hablar Catarina lo hizo por ella. — ¡Claro que lo sabes! ¡¿Adivina qué?! Gracias a tu obsesión enferma por tener niños, ese cambiaformas de león está pasando demasiado tiempo con esa mujer de dudosa reputación que además también es una cambiaformas de león, ¿Entiendes ahora? Si no haces algo, lo vas a perder... Ya no pudo entender nada más. En su cabeza las palabras de Catarina se repetían una y otra vez como ecos, alfileres ficticios ensartaron su corazón. Dolió, definitivamente, dolió. Era por ella que Leonardo se encontraba más callado en casa, ya no la invitaba a bailar como solía hacerlo... y ya no pasaba demasiado tiempo en su hogar. Ella no lo había visto extraño hasta ahora. — ¡Oh, no llores tía! No lo dije para que lloraras, solo... Ni siquiera había notado cuando as lágrimas habían empezado a caer por su rostro, el día que más le daba terror finalmente había llegado, Leonardo había encontrado a su compañera real y aunque él le había dicho anteriormente que nunca la dejaría por nadie, Eleni, simplemente no podía creerlo. —Te ayudaré a conquistarlo de nuevo, no voy a dejarte sola. Ella tampoco podía abandonar su lucha, lo amaba y había llegado primero que esa cambiaformas, Leonardo era su marido e iba a recuperarlo. * Cuando Leonardo llegó a casa estuvo realmente sorprendido cuando vio a su esposa completamente desnuda y en una pose excitante sobre la cama, como si no lo viera, solo para provocarlo. Eleni lo miró con el rabito del ojo encantada de que él relamiera sus labios con su lengua sin apartar la mirada de su cuerpo. Sin embargo para su decepción, el carraspeó sentándose bastante alejado de la cama sin la más mínima intensión de acercarse, cosa que la hizo enojar, no obstante trató de calmarse y volver a su papel de seductora. —Fue un día agotador. —Hola amor, no te había visto —dijo levantándose de la cama para caminar hacia él—. ¿Cómo te fue hoy? Como líder de la manada tenía el trabajo más pesado y eso lo entendió siempre, hasta que supo de su ''secretaria-leona''. —Muy bien, pero estoy algo cansado. —Puedo darte un masaje. Ella se deslizó por su espalda y con sus manos comenzó a masajear sus hombros tensos y masculinos. Eleni sabía que Leonardo se ponía duro siempre que lo hacía, esta vez su reacción fue muy diferente. Él se levantó sin voltearla a ver y caminó en dirección al baño. —Otro día hermosa, ahora mismo quiero darme un baño e ir a descansar, gracias por estar atenta. Entonces desapreció por la puerta del baño dejándole el corazón en un puño. Al día siguiente lloró en el hombro de su sobrina contándole todo lo ocurrido. — ¿Y solo por eso te vas a rendir? Te diré lo que vas a hacer, te vestirás guapísima y lo visitarás en su oficina, vas a marcar tu territorio para que esa gatita robaesposos sepa a quien le pertenece Leonardo Christakis. Dudosa Eleni accedió, se colocó sus mejores ropas y al entrar en la oficina de su marido sintió como e aire escapaba de sus pulmones, resultaba ser que la ''gatita robaesposos'' como Catarina la había llamado era tan guapa que hacía que su autoestima se fuese de paseo. Una vez que sus ojos felinos se posaron en los de Eleni, ella trató de parecer lo que no era, relajada y muy segura. — ¿Está Leonardo? Ella arqueó una ceja mirándola de arriba abajo incomodándola en el proceso hasta que se dignó a hablar. — ¿Tienes cita? —Soy su esposa, no creo que la necesite. Enseguida la cambiaformas abrió su boca pero de ella no salió absolutamente nada, Eleni pensó que en sus fracciones iba a ver malicia e incluso odio pero en él encontró una vergüenza que revolvió todo sus ser. ¿Inconscientemente estaba admitiendo ser la amante de de Leonardo? El shock de esto no la dejó respirar, de hecho se quedó paralizada sin saber que hacer hasta que sintió el cálido aliento de él en su nuca y sus manos envolverla. — ¿Qué haces aquí Eleni? ¿Eleni? ¿Ya no la llamaría hermosa como solía hacerlo? ¿Era porque estaba frente a esa mujer? —Iba a llamarte Leo, pero saliste antes. ¡¿Leo?! Él alzó la mirada hasta ella y Eleni pudo ver la complicidad de ambos que casi la hizo sollozar. —No me siento bien ¿Dónde está el baño? La cambiaformas no señaló muy bien cuando ya estaba corriendo en esa dirección con su marido detrás de ella. — ¡Eleni, ábreme! —gritó la voz de Leonardo cuando estuvo encerrada en un cubículo de la habitación del baño. Ella no iba hacerlo, se recargó contra la pared ahogando sus sollozos en sus manos. Realmente le estaban quitando a su Leonardo, ella nunca había sido suya y él nunca le había pertenecido. — ¡¿Por qué lloras?! ¡Eleni, apártate, tiraré la puerta! Se había olvidado del súper oído que tenían los cambiaformas. Rápido se apartó y en cuanto lo hizo la puerta se rompió en pedazos. En menos de un segundo él ya estaba frente a ella apartando sus manos de la boca para después con sus dedos retirar las lágrimas que caían sobre su rostro. Eleni trató de apartarse pero él la sostuvo devolviéndole una mirada como si ella le importara. Su corazón dolió. Ella lo amaba demasiado y dejarlo ir se sentía como si le arrancaran el corazón. — ¿Qué pasa? Dímelo hermosa —su voz dulce hizo que no pudiera reprimir otro sollozo—, dime qué te pasa. —Yo... ¿Me llevas a casa? —preguntó con voz quebrada. Y no tuvo que decir nada más para que Leonardo asintiera llevándola en brazos. Cuando salieron del baño Eleni dirigió su mirada a la mujer detrás del escritorio y una vez más, esta la miró con vergüenza. Enseguida Eleni apartó la mirada. — ¿Está bien? Pudo detectar el tono preocupado pero ella no quería seguir allí por más tiempo. —Vamos a casa Leonardo. Él asintió mirándola con temor claro debido a la preocupación que sentía. —Ya nos vamos hermosa, Eli, me voy. Él le dedicó una mirada que casi hizo que Eleni estallara en llantos. Era oficial, había perdido al amor de su vida. A lo mejor él no se había separado de ella debido a que no quería lastimarla, sin embargo ella lo haría más fácil para los dos. Al llegar a casa lo hicieron en un silencio perturbador que más tarde ella se encargó de cortar con las palabras que Leonardo nunca creyó oír. —Leo, me voy. Este frunció el ceño enseguida antes de mirarla suplicante y arrodillarse frente a la silla donde estaba sentada. — ¿De qué estás hablando? No entiendo, sé que... —No, no sabes nada —lo cortó Eleni con un nudo en la garganta—. Yo soy un estorbo para ti Leonardo, eres el líder de esta manada, necesitas un heredero y es obvio que yo nunca voy a poder dártelo, después de siete años no he podido tener hijos y... Él pareció querer decir algo pero lo calló, después de un par de segundos por fin volvió a abrir la boca y esta vez sí habló hecho una furia. — ¡¿Y crees que estoy contigo solo por tener un cachorro?! ¡Me importas tú...! No obstante fueron interrumpidos por unos golpes en la puerta y el grito de un cambiaformas detrás de ella. — ¡Leonardo, es urgente! Él gruñó de una forma animal sin apartar los ojos de ella mientras su mandíbula latía de rabia. —Tú y yo vamos a hablar cuando vuelva. Entonces se giró y fue a abrir la puerta. Eleni sin darle importancia a sus palabras fue a la habitación que compartía con su esposo y guardó en un bolso algunas de sus cosas además de comida. Cuando él volviera ella no estaría ahí. Era demasiado tarde para los dos, pues ella había notado la mirada que Leonardo le había dado a esa mujer. Horas más tarde se encontraba en una cabaña lejana a su casa dónde sabía que nadie habitaba. Por el momento se alejaría de su marido y después él mismo notaría que su matrimonio ya no tenía futuro alguno. * — ¡¿Cómo entraron?! —Leonardo maldijo furioso. —No lo sé, el tío de Catarina estaba dentro y lo que sé es que quiere venganza y no solo de mi mujer, de alguna forma sabe que la tuya también los traicionó. Un rugido meramente felino escapó de su boca. ¡Jamás permitiría que a su Eleni le hicieran daño! Primero muerto. — ¡Reúnan a grupos de cinco y que vigilen los alrededores! Encontraremos a esos bastardos y yo mismo me desharé de ellos. — ¿A dónde vas? —preguntó Dierk cuando lo vio alejarse del grupo. —A buscar a Eleni, no voy a separarme de ella aunque tenga que esposarla a mi cuerpo. El solo pensar en perderla hacía que un miedo feroz lo recorriera. Ella era lo más importante que tenía y que Dios lo ayudara porque nunca la dejaría ir. Sin embargo, al llegar a casa un sudor frío lo recorrió cuando no la vio en ningún lado y el temor nubló sus sentidos. En menos de un segundo estaba convertido en un león rugiendo por su hembra.
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