Azzurra No debía ir al hospital tan temprano, lo sabía, pero quedarme en el departamento con mis pensamientos era peor. Asi que me puse el abrigo, tomé mi bolso y salí decidida, con esa sensación extraña de querer huir y avanzar al mismo tiempo. Pero apenas cerré la puerta de mi departamento lo vi... Federico estaba apoyado contra la pared del pasillo, como si tuviera derecho a estar ahí. En las manos llevaba un ramo de rosas rojas, exageradamente rojas, como si el cliché pudiera arreglar algo roto hasta la médula. Sentí un fastidio inmediato y un asco me recorrió el cuerpo entero. —No —dije sin saludarlo, pasando a su lado— Ni lo intentes, solo aléjate de mi vida — mencioné intentando llegar al ascensor. —Azzurra, espera —me dijo, colocándose frente a mí impidiéndome avanzar. Lo

