Adriana Cuando Theo se fue, la casa se sintió demasiado grande y solitaria. Lo vi desaparecer por la puerta y tuve que obligarme a no correr tras él, a no pedirle que se quedara. Porque sabia que lo haria sin dudarlo, pero no podía hacerlo. Sabía que esto era necesario y aun así, el presentimiento se me clavó en el pecho como una espina. Me quedé mirando el reloj más tiempo del razonable, todo tenía que salir bien y Theo debería volver para cenar juntos. Felix permanecía cerca de mí, era el único de los guardias que estaba dentro de la casa, y lo agradecí porque era tan discreto como siempre, vigilando sin invadir mis pensamientos. Su sola presencia me daba un poco de calma, así que para distraerme y no pensar de más las cosas, le ofrecí café y nos sentamos en la sala, hablando de

