Adriana Me refugié en la cocina con las chicas apenas pude, como si ese espacio fuera un pequeño santuario lejos de miradas inquisitivas… o eso creí, porque no tardaron ni cinco segundos en alcanzarme. —Así que… —Sofía cruzó los brazos y arqueó una ceja— ¿Dormiste bien? — preguntó y yo sonreí —Dormí bien —respondí, intentando sonar normal mientras servía agua— Gracias por preguntar. — mencioné y ellas sonrieron —No, no —intervino mi tía Mia con una sonrisa tranquila— Eso no fue una respuesta. — sonrió y yo negué —Consumaron el matrimonio —sentenció Sofía, sin rodeos— Se te nota en la cara. — Sentí cómo el calor me subía hasta las orejas. —Sofía… —murmuré— No puedes decir eso así. — mencione avergonzada —Claro que puedo —replicó— Te conozco desde que nos cambiaban los pañales, y es

