Benjamín
Observo los archivos frente a mí. Malcom se mueve de un lado a otro completamente frustrado.
Llevamos dos meses en este caso y no podemos resolverlo.
—¡Tiene el maldito descaro de poner una tarjeta de presentación! —golpea su escritorio—. ¿¡Por qué!?
—Le gusta dar a conocer su trabajo, Malcom.
—Benjamín, —Malcom saca la tarjeta—. Estamos tratando con un criminal de arte, no con el Joker1
—Tiene que haber algo más en esa firma, jefe —Cecily entra en la sala.
—Ya la analizaron, Cecily. No encontraron nada.
De pronto, el recuerdo de Venecia viene a mí.
—¡Deprisa! —Mia susurra mientras corre por el pasillo.
—Voy tras de ti —aseguro mientras la sigo.
Llegamos al gran salón donde se exhibe la gran obra Kandinsky. Mia sonríe y da un último vistazo al lienzo antes de sacarlo de la pared.
—Apresúrate —digo mientras observo la entrada.
Mia saca la pintura de la pared y la guarda en su estuche—. Ya podemos irnos.
—¿Está listo? —susurro.
—Lo está.
De pronto, vemos la sombra de alguien asomarse a la sala.
—¡Vámonos! —la tomo de la mano y corremos hacia nuestra salida. Mia se detiene a medio camino y yo la miro confundido. ¿Qué demonios?
—¿Sabes de quién era esa sombra?
—¿De quién? —frunzo el ceño.
—El poeta—sonríe—. Mi rival.
—¿Compite contra ti por arte? —enarco una ceja.
—Exacto. Y yo voy a acabarlo —de pronto la veo activar la alarma para luego arrastrarme a la salida.
—Tiene que haber una forma de llegar a él.
Con el corazón en la boca me atrevo a decir lo impensable.
—Conozco una —Malcom levanta la mirada y frunce el ceño.
—Te escucho.
—Mia Wagner —trago fuerte.
Cecily abre los ojos con sorpresa. Malcom me mira como si me hubiese vuelto loco.
—Lleva dos años en prisión, Benjamín —la morena niega con la cabeza—. Y si te falta una razón más, tú la metiste ahí. No creo que se alegre de verte.
—Mia conoce al poeta a la perfección. Ella fue la única capaz de vencerlo en su propio juego. Malcom, ella es nuestra única salida —el federal niega repetidas veces—. ¡Llevamos meses con este caso, ya no nos darán más tiempo!
—Malcom, Ben tiene razón —Cecily se masajea las sienes—. Ya no hay tiempo.
—¡Bien! —nos mira con expresión molesta—. Pero que sepas que si ella escapa, tú iras a prisión en su lugar.
Nos encontramos en la sala de visitas esperando por ella. Mentiría si dijera que no estoy nervioso. La última vez que vi a Mia Wagner fue hace dos años en un aeropuerto siendo arrestada por el FBI gracias a mí.
Me encuentro en una sala de reuniones siendo interrogado. Me han atrapado por ayudar a mi compañera, Mia Wagner a escapar. Ahora estoy expuesto a veinte años de prisión por intento de homicidio, robo de identidad y extorsión.
—Benjamín, —el federal que me atrapó se sienta frente a mí—. Sabes a que te expones si no confiesas.
—No tengo nada que decirle señor —Mia tiene que haber llegado al aeropuerto.
—Ben, mírame —hago lo que me dice—. Si no me dices dónde está Wagner vas a parar en prisión. No creo que ese sea el tipo de vida que tú quieres.
No puedo traicionar a Mia, no a ella.
—Si me dices dónde está, prometo hacer un trato para que cumplas tu condena fuera de la cárcel —¿fuera?
—¿Qué está diciendo? —frunzo el ceño.
—Si me facilitas la ubicación de Wagner, te doy el trato de trabajar como nuestro consultor a mi lado. No cárcel, una vida normal trabajando para el FBI con una tobillera.
¿La prisión o mi libertad?
—No tienes muchas opciones, Benjamín.
Lo siento Mia...
La reja se abre dejando ver a dos policías y a la mujer de mis pesadillas.
Mia Wagner se encuentra frente a nosotros con un traje naranja, su cabello color chocolate enmarañado y su rostro reflejando una expresión de pocos amigos. Su mirada se cruza con la mía y puedo ver el odio emanando de sus preciosos ojos.
—¿Vienen a arruinarme la vida? —Chasquea la lengua—. Es verdad, ya me la han arruinado.
—Un gusto verte también, Mia —Malcom la observa con seriedad. Ella se sienta en su espacio.
—¿A qué vienen? —choca sus uñas contra la mesa. Hay cosas que nunca cambian.
—Verás, estamos trabajando en un caso. Precisamente el robo de obras de arte —Malcom saca una carpeta con la tarjeta del Poeta y la fotografía del The Deep de Jackson Pollock. Mia lo mira con recelo—. Benjamín nos ha dicho que conoces a la perfección los movimientos del Poeta, y...
—Y necesitan mi ayuda para detenerlo —su mirada sigue torturándome y la culpa recae sobre mí como un balde de agua fría. Me odia a muerte.
—Exacto —el federal asiente. Yo desvío la mirada.
—Verá Malcom, yo estoy retirada. Y por si no le queda muy claro, no hay mucho que yo pueda hacer desde prisión —ella señala su alrededor. Debería ser yo quien estuviera en su lugar.
Pero te importo más tu libertad que la de la chica que amabas. Egoísta.
—Es por eso que vengo a ofrecerte un trato.
—¿Qué tipo de trato? —Mia enarca una ceja inclinándose en su silla.
—Si nos ayudas como consultora del FBI, reduciremos tu condena —Mia levanta el mentón en señal de interés.
—¿Que? —bufa—. ¿Me quitarán cinco años? Le recuerdo que mi condena es de veinticinco años en prisión.
—Quizá te ayudaría, así como a Benjamín.
Mia me observa con detenimiento estudiándome. En sus ojos puedo ver el dolor y la traición. Soy un gran imbécil.
Bajo del automóvil de los federales con varios policías detrás. Corro siguiendo a Malcom. Con suerte, Mia se habrá ido y yo no tendré que verla sufrir.
Desgraciadamente no es así.
Está por abordar el avión cuando Malcom le grita.
—¡FBI! —Mia se voltea apuntando un arma la cual deja caer en cuanto me ve—. ¡MIA WAGNER ESTÁ DETENIDA POR VARIOS CARGOS EN SU CONTRA!
Ella no puede moverse de su sitio, solo me observa, con el dolor, la traición, la confusión y las falsas promesas reflejándose en su rostro. Soy una gran escoria.
—¡PON LAS MANOS DETRÁS DE LA CABEZA!
Ella está por seguir las órdenes de Malcom Fowler cuando un disparo pasa rozándolo. Es Joe West quien corre en dirección a Mia.
—¡ALEJATE DE ELLA FOWLER!
—¡JOE! —Malcom no baja el arma y temo que pueda dispararle a Mia—. ¡DEBÍ SABER QUE ESTABAS DETRÁS DE TODO ESTO! —Joe toma a Mia de la cintura, ella se queda en su sitio como si esperara instrucciones.
Entonces lo capto.
Joe los va a distraer.
Y pasa.
Joe dispara directo al hombro de Malcom haciéndolo caer. Mia echa a correr a gran velocidad y los disparos se hacen presentes. De pronto, escucho su grito lleno de dolor. Cierro mis ojos negándome a la realidad.
—¡JOE! —grita arrodillándose frente a su cuerpo.
Mi mundo se detiene en el momento en el que la veo siendo esposada, gritando, llorando, siendo quebrada por mi traición, por mis celos irracionales y por una libertad que jamás podré llamar así porque la he traicionado, he acabado con la vida de dos personas.
Pero sobre todo.
De la persona que más amaba.
—Entonces Mia —Malcom la mira atento—. ¿Estás dentro?