Capítulo Dos

1686 Words
Benjamín Era increíble... ¡Había aceptado trabajar con nosotros! ¡Conmigo! —No te hagas ilusiones, Romeo. Ella te detesta —miro a Malcom de reojo y él ríe. —No estoy ilusionado. —Conozco su historia, Ben. Sé perfectamente lo mucho que la amabas. Haberla entregado a las autoridades fue lo mejor. —Eso no me consuela ni tampoco a ella. Perdió a su novio, Malcom. Mia me culpa cada día por ello y honestamente es cierto, yo soy el culpable de que lo asesinaran. —Y aun con todo eso tuviste la idea de darle una nueva oportunidad al lado del FBI. Eso vale mucho. —Tal vez no para ella... —murmuro.   Llego a mi apartamento luego de un largo día. Tomo una cerveza del refrigerador y me lanzo al sofá. Voy a trabajar con Mia Wagner en el FBI. Siempre habíamos trabajado del lado criminal y ahora íbamos a abandonar por completo lo ilegal para trabajar junto a la justicia. El mundo era verdaderamente jodido. Abro la puerta encontrándome con ella. Su cabello atado en una coleta alta, ceñida en un vestido blanco arriba de sus rodillas y sus ojos destellando tristeza. —¿Sucede algo? —frunzo el ceño. —Me voy. ¿Irse? Ella no puede irse. —¿Te vas? —Joe encontró un vuelo lejos de aquí. Voy a ser libre, Ben. Se va a ir con Joe West, el peor hombre sobre esta maldita Tierra. —Huir no es ser libre, Mia —paso una mano por mi rostro. Estoy por perderla. —¡Nadie nos va a encontrar! Será muy lejos de aquí —mis ojos estudian el suelo—. Escucha, solo tú y Aaron lo saben. Es mi momento de ser feliz con la persona que amo, Ben. No voy a dejar pasar esta oportunidad. Mi corazón se hunde. Ella realmente lo ama. Y yo realmente la amo. —Entonces, adelante.   Entro en la oficina jugando con mi corbata y saludando a los demás, pero freno en el momento en que la veo. Lleva una blusa a botones azul marino junto a unos pantalones a la cintura negros y unos tacones negros de aguja. Su mirada se cruza con la mía y me estremezco. No ha sido para nada amigable. —Ben —Malcom me llama. Camino en dirección a ellos con el corazón en la boca. —Hola —sonrío al entrar a la sala. —Es hora de trabajar —me tiende una carpeta con la información del poeta en ella. —De acuerdo —me siento en una de las sillas. —¿Qué es lo que sabes del poeta, Mia? —Malcom dirige toda su atención hacia ella. Yo hago lo mismo, pero no con la misma intención. —Es egocéntrico, le gusta dejar su marca —Mia camina con seguridad por la sala—. Adora el arte abstracto, nunca roba el mismo lugar dos veces a menos que haya algo de muchísimo valor en él. Y sobre todo odia la competencia —sus ojos brillan y sé que recuerda esa vez en el museo. —¿Competencia? —Malcom la mira expectante. —Si le damos alguna razón por la que competir, no se resistirá y caerá en una trampa. Es sencillo. —¿Qué trampa podemos ponerle? —pregunto finalmente. Mia me da una mirada de soslayo. —Una obra de muchísimo valor, y un ladrón que deteste a muerte. —¿Tú? —enarco una ceja. Mia niega. —Alguien peor que yo. Oh no...   Camino por la calle con Mia a mi lado. Sí, había propuesto lo que yo no quería. —Devon Wallace —señala la fotografía de mi peor rival. —¿Él es? —Malcom enarca una ceja. —Un ladrón de arte muy reconocido y amigo —Mia sonríe y yo ruedo los ojos. —Me parece que no te agrada mucho este sujeto —mi jefe se cruza de brazos y yo suspiro. —Porque no lo hace —Malcom me hace señas a que continúe. —Prefiero no hablar de ello —el federal enarca una ceja y Mia aprovecha la oportunidad para hacerme sufrir. —Benjamín lo odia porque Devon lo venció en una competencia. —¿En una competencia? —nuestro jefe nos observa, atento a la explicación de Mia. —Verá, en el mundo del robo de arte hacíamos competencias, sanas para nosotros, un infierno para ustedes —sonríe con suficiencia—. Esa vez, teníamos el ojo puesto sobre una obra en tal museo que no mencionaré. Devon y Benjamín eran los elegidos, el que tomara la obra primero se llevaría una importante suma de dinero más el amor de una chica que nunca supe quién era. Devon ganó. —¿Ganó? —Malcom enarca una ceja. —Puso algo en una bebida que Ben tomaba, terminó inconsciente y Devon con la obra y el dinero en sus manos. —¿Y la chica? Mia se encoge de hombros—. Nunca supe quién era. En fin, él puede ayudarnos si hablo con él, pero sin el FBI. —¿Crees que te dejaré ir a ver a un criminal sin vigilancia del FBI? —No será sin vigilancia de los federales. Benjamín irá conmigo. ¿Yo? —¿Benjamín? —Ya me metió en prisión una vez. No creo que le cueste hacerlo una segunda si intento algo. Malcom me observa expectante. —¿Estás dentro? Y aquí me encuentro, con la mujer de mis sueños y pesadillas en un incómodo silencio. —Como los viejos tiempos ¿no? —sonrío tratando de romper el hielo. Mia suspira—. No hay necesidad de hablar, Benjamín. —No podemos trabajar si no quieres hablar —ella bufa y se vuelve. —Escucha, solo me interesa hacer mi trabajo. No creas que porque acepté hacer esto estaremos bien —entrecierro mis ojos. —¿Por qué aceptaste esto? ¿Piensas jugarle sucio a Malcom? —Lo que yo haga no te incumbe, Benjamín. —¡Te estoy dando una segunda oportunidad! —¿Una segunda oportunidad? ¿De qué? —se acerca a mí, amenazante—. Gracias a tu maldita traición mi novio está muerto, ¡muerto! —Lo siento —bajo la mirada. Sé que he tocado un punto débil. —Un "lo siento" no devuelve a los ausentes, ni mucho menos a los muertos. Ella continúa caminando y yo me odio por lastimarla. —¡Mia! Ella voltea de nuevo—. ¿Qué? —Tú hubieras hecho lo mismo en mi lugar. —No, Benjamín. Yo hubiese ido a prisión por encubrirte. Sus palabras suenan tan convincentes que mi corazón se encoge. Maldigo para mis adentros tratando de controlar la furia que comienza a formarse en mi ser. Sabía que mi compañera no mentía, ella siempre fue leal ante cualquier situación que yo pasara y no me demostró lo contrario, mientras que yo no dudé ni un segundo en delatarla y acabar con lo que pudo haber sido un futuro perfecto para su vida. Vaya desgracia de persona era y soy. Entramos al sitio donde se encuentra Devon. Él voltea en cuanto nos ve a través del enorme espejo. —¡Mia! —Sonríe con sorna—. Tanto tiempo sin verte ma chèrie. Asumí que te pudrirías en la cárcel. Mia sonríe con la hipocresía plasmada en su rostro—. Ya ves que no es así cariño. —¿A qué debo tu grata visita, mi vida? —la mirada de Devon viaja hacia mí—. Y la de tu... amigo. —No es mi amigo —Mia aclara al instante—. Trabajo con él. —¿Trabajas? —Enarca ambas cejas—. Has caído bajo. ¿Para quién esta vez? —Eso no es algo que te incumba —sonríe. —La misma mujer misteriosa de hace años. Pues entonces vamos al punto. ¿A qué viniste? Mia se acerca a él, demasiado cerca para mi gusto. Devon me sonríe y mis deseos por partirle la cara aumentan. Él siempre supo lo mucho que Mia me importaba y cada vez que tenía la oportunidad de restregarme en la cara que jamás sería mía, la aprovechaba. —¿Te gustaría hacer un último trabajo conmigo? —Mia deja salir una sonrisa encantadora de sus labios. Es claro que a sus encantos nadie podría resistirse.   —¿Aceptó? —Malcom abre los ojos sorprendido. Mia asiente con una sonrisa. —Te dije que podía hacerlo, Fowler. —¡No sabía que tan pronto! —aplaude emocionado—. Hay que preparar todo. Mia extiende una carpeta, la abre y señala el Museo del Barrio. ¿Hablaba en serio? —¿Qué hay de valioso aquí? —pregunto confundido. Mia pasa la página y la fotografía de una obra aparece. —Puerto Rican Peíta. David Cruz permitió que la exhibieran esta semana en el museo. Es el próximo blanco del poeta. Nosotros lo robaremos primero. —¿Cómo sabes que es el siguiente blanco de él? —Malcom frunce el ceño. Mia rueda los ojos. —Esta obra es una representación de intimidad y muy clásica. Es claro que él la desea tanto como yo. —¿Y planeas robarla con Devon? ¿Qué me hace creer que no huirás con ella? —Fowler la mira tratando de encontrar una doble intención en su mirada, pero si es así, ella lo disimula muy bien. —Yo odio al poeta más de lo que tú lo haces. Es claro que lo quiero tras las rejas y por mi mano, por supuesto. —Entonces voy a pedirle a seguridad que deje la entrada de atrás sin alarmas —Mia lo mira con expresión retorcida. —Malcom, estarías insultando mi trabajo. Deja eso tal y como está, yo me las ingeniaré para entrar. Sin más, Mia se retira de la sala dejándonos a nosotros dos. Malcom me observa atónito. —¿En serio ella es así? —Cuando se trata de trabajo, sí. Pasamos el resto de la tarde planeando el supuesto robo. Mia me evita lo más que puede y eso me desespera. Realmente necesito decirle lo que siento y disculparme por haberla traicionado. Sin embargo, parece que ella no se muestra interesada, lo que solo logra inquietarme más. Finalmente cae la noche y nos encontramos preparando a Mia con las herramientas esenciales. En unos minutos se encontrará con Devon para robar la obra. —¿Estás lista? —Malcom observa a Mia mientras le quita la tobillera. Ella simplemente asiente. —No debes preguntar lo obvio, Fowler. Mia sale del camión donde nos ocultamos y se dispone a cruzar la calle, en ese momento mis ojos se enfocan en el auto que viene a toda velocidad en su dirección. —¡MIA! Me lanzo sobre ella y la empujo justo en el momento en que el auto pasa. Ambos caemos cerca de la acera. Mia me mira atónita sin poder creer lo que acaba de suceder. Yo la observo con detenimiento y siento mi corazón detenerse. Han tratado de asesinarla.
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