Capítulo cinco. El mismo auto oscuro nos llevó de nuevo a mi apartamento. Max prefirió optar por el silencio absoluto, sumido en sus pensamientos y aquella actitud rara se me hizo extraña pero era justificable. Luego de presenciar una grata pelea con su madre y su padre debido a mi presencia, era más que claro que ya no quería dirigirme la palabra. Presencié como a cada minuto le llegaba un mensaje de alguien que no logré ver. Seguro prefería hablar con sus conocidos que conmigo. La idea del s******o continuaba siendo una buena idea; siempre fastidiaba al resto y arruinaba todo. El auto estacionó frente a mi edificio y las luces del interior se encendieron. La oscuridad del coche ya no estaba, dejandomé ver a Max finalmente. —Mañana te enviaré el dinero por el trabajo de esta noche

