Capítulo seis. Los rayos del sol fueron los que no me dejaban dormir y me daba pereza levantarme a cerrar las cortinas. Por el peso de la cama, supe que Hardi seguía durmiendo en ella y cada tanto lo escuchaba hablar dormido. El nombre de Beth seguía presente hasta en sus sueños y eso me causaba algo de escalofríos ya que, el amor que le tenía a ella podía ser tan evidente como asustadizo. Eso también me causaba ternura. El amor no me daba buena espina, aunque a veces necesitaba ser amada y amar. No quería ponerme a pensar en el amor en plena mañana. Me senté en la cama, refregandomé los ojos y preguntandomé si debía despertar a Hardi, quien dormía boca abajo, con la cara pegada a una almohada que había llenado de saliva. Maldición, Hardi. Eso me hizo reír en silencio. Colocandomé el

