Celeste no eligió un salón del trono. No eligió testigos. No eligió protocolo. Eligió el despacho alto de la torre este, donde la luz de la tarde caía oblicua sobre mapas, cuentas y pergaminos abiertos. Cassian ya estaba allí cuando ella entró. No levantó la vista de inmediato. Sabía por el ritmo de sus pasos cuándo ella traía informes… y cuándo traía decisiones. —Te vas —dijo antes de que hablara. Celeste cerró la puerta con suavidad. —Sí. No era duda. Era afirmación tranquila. No es huida, es llamado Cassian dejó el pergamino a un lado. —¿Cuándo? —Mañana al amanecer. Él asintió lentamente. No preguntó por qué. Lo sabía. —Tu padre convocó. —Sí. Celeste se acercó a la mesa, apoyando las manos sobre el borde. —Convocó a todos. A los de Aurora… y a los de Malva. Cassi

