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3032 Words
Sindy llevo a rastras a Sander hasta su stand, sabiendo que nunca haría algo parecido para otro hombre más estaba en un dilema, porque estaba sintiendo aquella extraña preocupación por Sander, el chico de cabello ondulado, no era su aptitud normal, si otro hubiera hecho eso solo lo habría mandado a comer Pizza en algún restaurante. Pero ahora lo más importante para ella era buscar el alcohol para cerrar y desinfectar la herida de Sander. Entro de golpe a la tienda y todo estaba bien ordenado, el olor a perfumes y la cerámica puesta en el piso, le dio una agradable estadía a Sander. —Siéntate allí —Dijo Sindy señalando con el dedo índice la pequeña butaca a un lado del mostrador— No te quites la mano de la cabeza. Sander seguía a pie de la letra las órdenes de Sindy aunque no le gustaba que se lo ordenaran en aquel tono. Era infamia para el chico, aunque contenía la sonrisa de la cara, solo por estar con su chica. Sindy Por otra parte buscaba con parsimonia aquella gaveta en las partes traseras de la tienda, donde ponía las cosas que casi nunca utilizaba, un trastero de cosas inutilizables, ella abrió la puerta y lo primero que vio fueron cajas de cosméticos vacías. Paso por sobre ellas con un pequeño brinco. Y llego al otro extremo del cuarto, allí estaba la pequeña mesa con un botiquín de pequeños auxilios, rápidamente agarro el botiquín y volvió a la sala donde estaba Sander. —Ya estoy aquí. —El chico miro a Sindy, ella pudo sentir como el chico estaba escrutando la desnudez de sus caderas. Ella sintió un leve cosquilleo en la barriga, como si su cuerpo le gustara ser examinada por el chico. —Sindy creo que deber ir al médico primero, y así aprovecho para que me revisen la herida. —No Sander, primero voy a curarte el hueco que tienes en la cabeza. Ella estaba decidida a cerrar la hemorragia del chico. Sander se dio por vencido, no iba a poder combatir con la hermosa mirada de la chica, estaba claro que ella iba a curarle la pequeña herida. —Creo que no es un hueco. —Bueno lo que sea, fin no me importa debe cerrarse porque vas a perder sangre y después te puedes… Ella dejo de hablar, como si la boca le pesara para decir las siguientes palabras. —Tranquila no voy a desmayarme. Solo ponme una gasa y después vamos al hospital, te tiene que ver un médico. —No primero tu herida. Yo ya estoy bien. Sander estaba confundido y le empezaba a doler la cabeza, la única salida de aquella situación seria hacerle caso a Sindy dejar que la curara. Pero no quería porque un toque de sus manos cálidas en su cuerpo, podría provocar problemas como elevarle el autoestima a niveles desconocidos. Entonces la chica se le acerco a Sander, sus pechos se posaron justo en frente de sus ojos y Sander no evito mirarlos, ella destapo el alcohol con cuidado de no botarlo, con avidez agarro el algodón de la mesilla, Sander estaba frívolo y rígido, pensativo en los actos venideros. Su chica estaba encima de él, y tocándole el cuerpo. Sindy con delicadeza paso sus manos por el cabello de Sander, acomodándolo por arriba de su frente. Sander casi dio un respingo, su espalda se puso rígida y mantuvo las ganas de soltar una sonrisa. La chica busco la parte por donde brotaba la sangre, quito la mano del chico, ahora estaba enfrente de la herida, vertiginosamente aparto todo cabello de la brecha. A Sindy le costaba ver la herida con detalle, su vista no daba para tanto, entonces con rapidez dejo de lado al chico y busco en su bolso, y saco unas gafas de lecturas. El chico se impresiono de esa faceta, no lo conocía de ella, pero con las gafas también se veía más linda. Le daba un toque de ejecutiva, un aire muy excitante para el chico. —No sabía que usabas lentes. Afirmo el chico con tranquilidad. —No me gusta usarlos muchos, se me ven mal. —No lo creo, te ves bien. —Sander lanzo una sonrisa algo calorosa. Sindy no le importó mucho el alago de Sander, y siguió con su trabajo, ahora si veía mejor, y vio la brecha que Sander se había abierto, era profunda, tanto que seguro tendrían que poner algunos puntos. El punto bueno era que se había sellado la hemorragia. —Vas a necesitar puntos, creo, aunque no soy enfermera, pero la herida es profunda. La chica asumió que Sander entraría en pánico. —Bueno entonces tendremos que ir al hospital. Sindy tomo el algodón, y lo paso por encima de la herida, con cuidado para no provocarle tanto dolor a Sander. El chico estaba disfrutando tener las manos ásperas y cálidas de la chica encima de él. Esas manos causaban un brote de calor en su piel, calor que estaba penetrando hasta su alma, era el paraíso para aquel chico. Sin mencionar el que pudo rozar con sus senos un poco, por el movimiento de la chica, cuando buscaba la herida, Dios le había sonreído de manera sutil, y le había mejorado la vida mil veces, ahora no le importaba si se moría de derrame cerebral, sino que quería estar así, unos diez mil años más. La chica acabo con su trabajo la herida ya estaba desinfectada, era ágil con las cosas de enfermería, Sander le impresiono eso, la mayoría de sus amigas nunca habían aprendido eso, sino solo a maquillarse y ser dependientes de sus hombres, por eso nunca le gusto alguna de ellas. Ahora Sindy era otra cosa, y ante los ojos del chico era una mujer verdaderamente nueva e impresionante, era como el agua fría para el sediento, algo placentero, como una sensación agradable por dentro del cuerpo que causaba placer sin necesidad de mencionar el sexo. Sindy se apartó de él, y se acomodó un mechón de pelo que había caído por sobre sus orejas. Haciendo un gesto muy bonito e impresionante. Al chico no le disgusto nada, se veía magnifica. Poniendo una gasa termino su trabajo. Y se sentó en la butaca que había enfrente de Sander. —Ya está listo ve al hospital para que te pongan algunos puntos. —Tú también tienes que ir, debes hacerte exámenes. Sindy negó con la cabeza y a causa de eso provoco una cadena de conversación con el chico. —No voy a ir, solo me hace falta algo de locura para decirte que iría adonde un matasanos. —Pero si nos vas puede haber consecuencias. ¿Segura que no estas embarazada? Te desmayas mucho. Y si algún día te das un golpe en la cabeza, bueno ya tú sabes… Sander pronuncio las últimas palabras con un acento de cubano inconfundible. —Primero que nada, yo no estoy embarazada, y segundo no volverá a pasar. —Si pero tú me dijiste lo mismo hace dos días y mira lo que paso. —No insistas no voy a ir. Sindy era plena en sus decisiones, con avidez metió las gafas en el bolso y se acomodó para irse a casa. Sander se resignó de hacer cambiar de opinión a la chica. Más le gustaba verla molesta ponía una cara linda. —Entonces tan siquiera acompáñame a la salida del centro comercial, o hasta el estacionamiento a buscar mi auto. —Sindy dudo un momento, vio a Sander y lo analizo, tampoco iba a ser tan mala como para no ayudar a un chico indefenso que pedía su ayuda con una herida en la cabeza. —Bueno pero solo hasta el estacionamiento. Vamos ponte en pie que te voy a ayudar a caminar. —la chica no sabía porque hacia eso, solo le quedaba claro que quería salir de la situación, que se estaba poniendo algo intensa, con Sander hablando solo del médico. —Vamos entonces. Sander con cuidado se levantó de la butaca, la vista le dio vueltas, seguro por el efecto del golpe, no caminaba tan bien como antes pero ya estaba mejor. Sindy le agarro del bíceps para que no se cayera y pusieron tubo al estacionamiento. Ella no entendía porque Sander sonreía tanto con una herida en su cuerpo y por el hecho de que le iban a poner puntos. Pero el chico seguía con su sonrisa en la cara, de punta a punta. Bajaron por el elevador, llegaron rápido a la planta baja del centro comercial y se dirigieron a la salida del mismo, buscando el coche de Sander. —¿Sander cuál es tu carro? Pregunto Sindy mientras entraban al estacionamiento. —Aquí está la llave. —Sander metió la mano dentro del bolsillos y después saco un llaverito y las llaves del coche— Esta por allá. —Señalo con la boca. Sindy dirigió al chico a su carro, todos los autos de ahí eran casi iguales y pensó que era uno de ellos, pero entre todos los autos se distinguía un deportivo descapotable. Un Ford Mustang Camaro copo. De color rojo. Algo llamativo y obsesivo. Ella dudaba que fuera de él, al lado de ese Mustang también había carros de otros modelos, así que se acercó más pensando que estaba entre ellos. Se acercó hasta la sección donde estaba el Mustang. Y miro a los lados. —¿Dónde está tu carro? Pregunto con una ceja encima arriba. —Estamos enfrente de él. —¿El Mustang? —El chico afirmo con la cabeza. —Súbete tu conduces chica. —No espera yo no voy a conducir. No sé hacerlo es muy avanzado. La voz de Sindy se quebró un par de veces, tenía miedo —Es Manual con que sepas meter tercera está bien. —No… estás loco, y si lo choco. Además debes conducirlo tú. —Pues como estoy no creo. Además si lo chocas nos vamos a tránsito, y tendremos que pagar una multa. Como ese hombre podía ser tan gracioso en esa situación, pero viendo bien, también tenía algo de razón, como alguien que se había dado tremendo golpe iba a conducir semejante fiera. Sander puso las llaves del coche en las manos de Sindy presionándola para que condujera para él. La chica dudo un par de veces, pero cedió al final. No pudo al ver como Sander se pasaba la mano por la brecha de la herida. Además ella tenía algo de culpa, le iba a besar, no a hacer daño, y después para mala suerte del muchacho sonó el celular. Además era un Copo Camaro, no iba a perder la oportunidad de conducir uno. Se iba a tomar fotos y presumirlas en el i********:. —Pero si lo rayo no lo voy a pagar. Fue lo que dijo antes de lanzarle una sonrisa meterse en el asiento del piloto. Sander la siguió y se introdujo también en el carro. —Tranquila si lo rayas ya sé dónde encontrarte. En modo sarcástico el chico respondió con gran felicidad. Sindy estaba en el volante de la fiera con ruedas. Miraba a Sander. Y luego al volante. Ella estaba nerviosa claro nunca había manejado un carro de tal calibre, menos de alta gama y con tantos caballos de fuerza. —Sander no sé qué hacer, nunca he manejado un carro de tanto calibre. Sander miro a la chica, e intento relajarla poniendo su mano en el hombro. —Tranquila solo sigue mis instrucciones. Ella afirmo con la cabeza estaba clara que nunca podría conducir un carro así por su propia cuenta. Ahora escuchar al chico de cabello rizado sería mejor. Ahora Sander tomo la voz cantante en la situación. —Primero mete las llaves enciéndelo y mete primera. Ella siguiendo las instrucciones de metió la llaves y el motor rugió, Sander empujo la palanca a donde estaba el número uno. —Esto no va a ser una buena idea Sander. —Tranquila llegaremos al hospital. Lo segundo que tienes que hacer es poner reversa. La chica movió la palanca hasta donde estaba una R. —Perfecto ves que si se puede. Ahora ella estaba un poco más tranquila, —Pisa lentamente el acelerador— Dijo Sander guiando con su dedo. El chico tomo ventajas de las cosas y se puso a la delantera, aprovechando aquel infame suceso. Sin permiso tomo la mano derecha de la chica, y ella se impresiono que tomara aquellas libertades. —Tranquila no te voy a hacer daño. —Dijo con voz áspera y profunda— así será más fácil que tomes la palanca. Ella se sintió un poco insegura, pero después de sentir el pequeño calor que brotaba las manos del chico se quedó más tranquila, se relajó y sintió como el guiaba el acto. —Las manos las debes de tener relajadas para conducir, además nunca le quites la vista a la carretera. Sindy escuchando lo que decía su caballero e instructor de manejo, piso de golpe el acelerador y el auto se fue de lleno hacia atrás, en efecto recorrió medio estacionamiento de esa manera, Sander no pudo mantenerse estable y jalo la palanca del freno de mano clavando el auto en medio del estacionamiento. Sindy quito las manos del volante y después recogió sus piernas encogiéndolas hasta el punto de pegarlas contra su estómago. Las manos se las llevó a la cabeza cubriendo todo su cráneo también cerro sus ojos fuertemente, como queriendo nunca más volverlos a abrir y esperaba el regaño del hombre encolerizado por haber hecho tan acto de inseguridad. Sander pudo ver algo que el resto de la gente, no veía un amarillo singular en la piel de la chica, una marquita que dejaba ver en su hombro derecho, una cicatriz minúscula que cualquiera no percibiría. Además por la reacción que tomo ella al cometer aquel error él estaba consiente de una cosa. —No quiero que pienses que soy un hombre que le gusta meterse en los asuntos de los demás. —Ella miro a Sander relajándose un poco más y saliendo de aquel trance, se normalizo al ver que el hombre no estaba siendo grosero con ella por haber cometido aquella cagada— Tampoco quiero que me lo cuentes si no quieres, no lo veo necesario, pero tenías una pareja que te pegaba cierto. Ahora por instinto ella dudaba en decirle la verdad, y si aquella forma de ponerse solo por haber cometido un error no tenía manera de vacilarlo, lo único que podía hacer era explicarle la verdad, porque por más de que fuese asustadiza no era para ponerse en pánico, menos teniendo a un lado a un hombre que manejaba bien. Sindy dejando a un lado su orgullo y poniendo algo de buena caña a las cosas, Afirmo con la cabeza. —Si estuve con un cretino que me pegaba, Fui una idiota, el solo buscaba sexo, nunca le interese. — ¿Cuánto estuviste con él? —Casi tres años. Sindy se quedó mirando el tablero del carro, no fue capaz de ver a Sander a los ojos. —¿Que hacía que te apegaras tanto a él? —Es que soy una idiota. Sander no se conformaba con aquella explicación vaga. —No creo que una chica tan inteligente como tú, estuviera con un hombre así solo por estar, soportando aquel castigo. Sindy tampoco estaba cerrada, quería conversar con él, ya que era el único que sabía su secreto. Algo que ni su misma familia conocía. —Lo hice porque necesitaba tener a alguien a mi lado, para que mi familia no me molestara con el tema del noviazgo. Ahora Sander estaba un poco más claro en el asunto. Pero no le gustaba tener a la chica más bella del mundo con ese carácter, quería que estuviese feliz. Así que no dudo en acercarse para darle un abrazo, pero en efecto lo haría con menos brusquedad, no como lo haría con una persona normal. Sino como a un bebe, o a un pequeño gato, que no tiene confianza en las personas. Pues eso era la morena ahora. —Soy una idiota, una maldita idiota, —Sindy comenzó a gritar— Sabes Sander soy una maldita idiota, una estúpida que creyó en un hombre, que no valía mas de dos pesos. —Sander rápidamente la agarro de los brazos y la metió a su pecho, donde la chica reposo su cabeza. —Ya tranquila no eres una idiota. Sander intentaba calmarla con palabras. —Si lo soy. —Crees que una idiota, tendría una empresa como la tuya. Una idiota no haría las cosas que tu haces. —Pero me engañaron Sander. —A todos nos engañan alguna vez en la vida Sindy. Ahora el silencio en la cabina del auto era incorpóreo, no se escuchaba nada, Sander pensaba que la había cagado, tratando de darle significados a sus palabras, con una contra respuesta filosófica. Pero no iba a arruinar el momento con una corrección, se sentía el hombre más feliz del mundo, porque en su pecho estaba la chica más linda que podía existir en miles de kilómetros a la redonda. Sindy pensó en lo bonito que era Sander, como un hombre podía ser tan amable con las personas, y además no era como el estéreo tipo de siempre, arrogante, que farda sobre lo que tiene o no, hasta había escondido que era presidente de una industria. Además el calor de su pecho era agradable, como el de un padre al consolar a su hija, o como el de dos amantes consumidos por la llama del amor. No paso mucho para que el mundo irrumpiera en la cabina del auto, el teléfono de Sindy sonó otra vez. Ella se apartó un poco de Sander, quien estaba disfrutando mucho la oportunidad, ella contesto el teléfono, mientras veía que Sander contenía las ganas de tomar el teléfono, tirarlo por la ventanilla y pasarle el auto por encima, y a ella le causo un poquito de risa. —Hola mama. Sander frunció el ceño, teniendo en cuenta la oportunidad de aprender algunas otras cosas de la morena.  
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