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“El Beso del Vampiro Maldito”

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Blurb

Elena siempre creyó que su vida era normal hasta que una noche, un extraño con ojos rojos la salva de morir. Desde ese momento, sueña con él cada noche… y despierta con marcas en la piel que no puede explicar.

Dorian, un vampiro maldito desde hace siglos, está condenado a vivir sin alma y sin sentir nada. Pero cuando prueba la sangre de Elena, algo imposible ocurre: recupera la emoción… y el deseo.

El problema es que Elena no sabe quién es él realmente y Dorian no sabe que ella es la única capaz de romper su maldición… o de destruirlo.

Entre sueños compartidos, besos prohibidos, cazadores, profecías y un enemigo oculto que quiere usar a Elena como sacrificio, ambos deberán enfrentar el destino.

¿Podrá un vampiro sin alma amar a una humana destinada a matarlo?

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El extraño de ojos rojos
La noche se sentía distinta, pesada, apretada como si algo en el aire murmurara advertencias que nadie más parecía escuchar. Elena caminaba con pasos apresurados por la avenida casi desierta. Las farolas titilaban con una luz amarillenta que teñía la vereda de sombras temblorosas. La ciudad, normalmente bulliciosa incluso a medianoche, estaba insólitamente silenciosa. Solo se escuchaba el zumbido de los autos lejanos y el golpeteo rítmico de sus botas en el pavimento. Trabajar horas extras en la cafetería no era una novedad para ella su jefe siempre decía que necesitaba “a alguien de confianza” para cerrar. Pero esa noche, el silencio parecía más profundo, como si el mundo entero contuviera la respiración. Se ajustó el abrigo gris alrededor del cuerpo, frotándose los brazos en un intento de ahuyentar el frío. Sin embargo, no era solo frío lo que sentía. Era una sensación inquietante de estar siendo observada... Perseguida, incluso. Giró la cabeza, pero no vio a nadie. Aun así, un escalofrío le recorrió por completo la columna. —Estás paranoica… —murmuró para sí misma. pero su voz sonó débil, hueca. No era paranoia. A medida que avanzaba, los callejones a los lados parecían más oscuros que de costumbre. Como si las sombras fueran más densas, más vivas. La luz de las farolas no alcanzaba a tocar la negrura. Era como un vacío absoluto. Siguió caminando, intentando ignorar la sensación de peligro que le apretaba el pecho. Respiró hondo... pero el aire helado le lastimó los pulmones. Apretó el paso fue entonces cuando lo escuchó un susurro, un roce. Algo moviéndose dentro del callejón a su izquierda. Elena se detuvo en seco. El sonido fue tan sutil que podría haber sido un gato… pero no se sintió así. Fue un movimiento rápido, demasiado rápido, seguido de un aire espeso que parecía vibrar. —Debe ser un animal —susurró, aunque no lo creía. Otra vez. Un crujido. Y luego una respiración pesada, baja, casi un gruñido contenido. Elena tragó saliva. Cada parte de su cuerpo le suplicó que siguiera caminando, que no mirara, que no se acercara. Pero sus pasos la traicionaron y retrocedió medio metro, acercándose casi sin querer al borde del callejón oscuro. —¿Hola? —dijo con la voz temblorosa—. ¿Hay alguien ahí?—Silencio al principio. Luego… un murmullo áspero, como un suspiro impaciente y entonces algo salió de las sombras. Era un hombre… o lo que parecía ser un hombre al principio. Estaba pálido, demasiado pálido, con una mirada perdida y hambrienta. Sus ojos tenían un brillo extraño, rojizo, como si la sangre se reflejara en sus pupilas. Sus labios estaban resecos y entreabiertos. Elena retrocedió un paso, pero él se movió más rápido de lo que ella pudo reaccionar. Un movimiento veloz, casi un parpadeo. —¡Ah! —gritó Elena cuando él la tomó del brazo. Su agarre era gélido, antinatural. Los dedos se clavaron en su piel como garras. Ella intentó soltarse, pero él la empujó contra la pared del callejón, atrapándola. Su respiración era agitada, violenta. —Tengo… tanta sed… —murmuró el hombre con una voz rota—. Solo un poco…—Elena abrió la boca para gritar de nuevo, pero él le tapó la boca con una mano, presionándola fuerte. Pudo ver entonces sus colmillos afilados. si eran colmillos.... y colmillos largos verdaderos... era un vampiro...La palabra atravesó su mente como una puñalada. Vampiro. La parte racional de su cerebro intentó negarlo, pero la evidencia estaba frente a ella. Lo veía y lo estaba sintiendo... el peligro era real...y no sabia como salir de ahi Ella forcejeó, su corazón latiendo frenéticamente. Un sudor frío le recorrió la espalda las lágrimas le llenaron los ojos por el miedo desesperado. —Quietecita… —susurró él—. No va a doler tanto…—Estaba a centímetros de su cuello cuando ocurrió algo que Elena nunca olvidaría. Un viento repentino atravesó el callejón, tan fuerte que levantó hojas y papeles del suelo. El vampiro la soltó bruscamente y se giró hacia la entrada del callejón. Elena cayó al suelo, tosiendo, y al levantar la vista lo vio. Una silueta. Alta. Firme. Amenazante. Avanzó desde la oscuridad hacia ellos como si caminara entre las sombras mismas. Su abrigo largo se agitaba con el viento, y el brillo rojo de sus ojos era aún más intenso que el del atacante. Cuando la luz tenue lo iluminó, Elena pudo ver su rostro. era hermoso pero no de una forma normal, no era la belleza suave de un modelo ni la perfección simétrica de una estatua, era una belleza oscura, peligrosa, que hacía que el aire pareciera más pesado alrededor suyo. Cabello n***o que caía desordenado sobre su frente, pómulos marcados, una mandíbula fuerte. sus labios estaban tensos, como si contuviera una furia indomable. Y sus ojos… rojo profundo, intenso como vino derramado sobre luz de luna. El vampiro que la había atacado retrocedió. —D-Dorian… —balbuceó, aterrado. Elena frunció el ceño. ¿Conocía a su atacante? ¿Quién era ese hombre? Dorian no dijo nada al principio solo caminó despacio hacia ellos, con una presencia que hacía temblar el suelo bajo sus pies. Cada paso parecía retumbar en la pared del callejón. —Veo que perdiste el control otra vez —dijo, su voz grave y controlada, cargada de amenaza. El vampiro tembló. —Yo… lo siento… tenía… tenía hambre…—Dorian apretó la mandíbula. —No te doy excusas para cazar aquí.— —No pude evitarlo… ella… —dijo señalando a Elena—. Su olor…—Dorian giró sus ojos hacia ella. Elena sintió el estómago apretarse al ver su mirada, no era humana...no podía serlo. Había algo en él que irradiaba poder antiguo, monstruoso, y sin embargo… ella no podía apartar la vista. Dorian se acercó al vampiro atacante, y antes de que Elena pudiera procesarlo, lo tomó del cuello con una fuerza inhumana. El otro vampiro se retorció, intentando liberarse, pero fue inútil. Dorian lo levantó como si fuera un muñeco de trapo. —Desaparecés de mi territorio. Ahora —gruñó.El vampiro intentó hablar, pero Dorian lo lanzó lejos, de un golpe. El cuerpo del atacante salió volando varios metros, chocando contra un contenedor metálico con un estruendo. Se incorporó tambaleando y escapó corriendo, demasiado aterrorizado para mirar atrás. Elena quedó paralizada en el suelo, jadeando. Dorian se quedó quieto unos segundos, respirando hondo para calmarse. Luego giró la cabeza lentamente hacia ella. Su mirada la atravesó como un cuchillo. Él se acercó despacio. Elena retrocedió instintivamente, hasta que su espalda tocó la pared. Su corazón latía tan fuerte que podía escucharlo en sus oídos. Cuando Dorian estuvo frente a ella, se inclinó ligeramente. —¿Estás herida?—Elena negó con la cabeza, aunque no estaba segura de poder respirar correctamente. Él extendió la mano, y ella dudó no era por desconfianza… sino porque el simple hecho de estar tan cerca de él la hacía sentir extrañamente eléctrica. Como si su piel respondiera al contacto antes incluso de que este ocurriera. Dorian tomó su muñeca suavemente, examinándola. Sus manos eran frías, pero de alguna manera la sensación no le resultó desagradable. Sus dedos largos y pálidos recorrían la piel de su brazo, buscando señales de mordida. —No te tocó —murmuró él con un alivio que le sorprendió a sí mismo. Elena se quedó mirándolo, sin saber qué decir. ¿Qué clase de vampiro se preocupaba por una humana?. Dorian la soltó en el acto, retrocediendo un paso como si se hubiera dado cuenta de que la tocaba demasiado. —No deberías estar caminando sola —dijo con un tono firme. —No sabía que… esto existía —susurró Elena—. ¿Qué era? ¿Un… un vampiro?— —Sí —respondió él sin rodeos.Elena tragó saliva. —¿Y vos? —preguntó, con un hilo de voz. Los ojos de Dorian se oscurecieron. —Soy algo peor.—La respuesta la dejó helada. Dorian dio un paso atrás, como si quisiera marcharse. Pero antes de que lo hiciera, la miró con una intensidad que le cortó la respiración. —Escuchame bien —dijo, su voz más suave pero llena de advertencia—. Desde hoy, no salgas de noche no le abras la puerta a nadie. Y si alguna vez volvés a sentir que te siguen… corres, Entendés?— Elena asintió, incapaz de hablar. Dorian la observó unos segundos más, como si quisiera recordar cada detalle de su rostro. Y entonces, antes de que pudiera preguntarle nada más, él hizo algo imposible...Desapareció...Literalmente desapareció delante de sus ojos, como si el aire lo hubiera devorado. Elena quedó sola en el callejón, con el corazón acelerado y la mente hecha un caos. Trató de respirar hondo, pero sentía como si algo dentro de ella hubiera despertado de golpe. Como si el encuentro con ese vampiro —ese hombre oscuro y peligroso— hubiera encendido una chispa que no sabía cómo apagar. Se levantó lentamente, apoyándose en la pared. Miró hacia la calle iluminada. Todo parecía normal otra vez. Pero ella no lo estaba mientras comenzaba a caminar hacia su casa, solo una imagen invadía su mente una y otra vez. Esos ojos rojos. Y la forma en que la miraron. No era con hambre, No era con ira sino con una intensidad que parecía destinada solo a ella. Algo que no debería sentir. Algo que la asustaba. Algo que la atraía. Ese hombre… Dorian… era un misterio. Un peligro. Y sin embargo, Elena sabía que no sería la última vez que lo vería. Porque en lo más profundo de su pecho, en un lugar que no sabía que existía, algo nuevo comenzó a latir. Una conexión. Una marca invisible. Un inicio.

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