El primer disparo fue solo el inicio.Elena aún estaba en el suelo cuando el aire se llenó de silbidos metálicos dardos plateados cortaron la noche como cuchillas invisibles. Dorian reaccionó por puro instinto: su cuerpo se movió con una velocidad inhumana, colocándose frente a ella una y otra vez, interceptando cada ataque. —¡Corré! —rugió, con una voz que ya no era del todo humana pero Elena no pudo moverse. Lo que veía frente a ella la paralizaba. La piel de Dorian parecía oscurecerse, como si sombras líquidas se filtraran bajo su carne. Sus ojos rojos brillaban con una intensidad salvaje. Las venas se marcaban en su cuello, y su respiración era profunda, irregular… peligrosa. El veneno del dardo estaba haciendo efecto. —Mírenlo —dijo Aiden avanzando entre los cazadores, con calma cru

