Aún sujetando el mechón de pelo de Ellie mientras ella volvía a tomar mi pene en su boca, observé la escena erótica con creciente excitación. El placer palpitaba dentro de mí con cada latido. El semen y el sudor seguían goteando del cuerpo desnudo de mi hija, empapándome por completo. No me importaba. Jadeé cuando sentí que presionaba los pequeños cubos de hielo contra mi pene con su lengua mientras me hacía una felación. En el calor húmedo de la habitación del motel, el hielo era tan refrescante como placentero era su sexo oral. Me subía y bajaba, acelerando gradualmente. Sentía los contornos de sus labios mientras los recorría a lo largo de la piel de mi pene, una y otra vez. Respiraba agitadamente, gimiendo en la habitación mientras mi hija me hacía una mamada apasionada. Sentía otro o

