Nunca había sentido nada igual. Mi niña lo era todo para mí, y ahora estaba rodeado de ella. Entraba y salía de ella, el mundo entero dejaba de existir excepto por ella y por la mano de Jessica en mi culo, empujándome insistentemente hacia adentro y hacia afuera, hacia adentro y hacia afuera. Me apoyé en mis manos y follé a mi hija, follé su coño apretado. Le dije lo buena niña que estaba siendo, y mi polla estaba tan dura dentro de su coño que sentí que iba a explotar. "Yo... ¡Me vengo, papi! ¡SÍ, PAPI! ¡PAPI! ¡OH, JODER, ME VENGOOOOOOO!" Sasha se arqueó y se retorció mientras el orgasmo la invadía. Jadeaba y gemía larga y suavemente, con la mirada fija en la mía. "¡Papá!", exclamó, "¡Te quiero muchísimo!" "Yo también te amo, nena. Voy a correr muy pronto. ¿Dónde lo quieres?" "En mi.

