Esa noche deseaba muchísimo follar con Krissy, pero mi buen juicio me decía que lo tomara con calma y me asegurara de que todo estuviera bien con Marie. Pero no hubo problemas. Esa noche, Marie se quedó dormida en mis brazos como siempre, y a la mañana siguiente mi sexy esposa me despertó cabalgándome la polla como siempre. A veces se inclinaba sobre mí, presionando sus pezones contra mi boca mientras me susurraba palabras cariñosas al oído: "Lléname, Danny. Tengo mucha suerte de haberme casado con un semental como tú. Gracias por follarme tan bien". Entonces se sentó sobre mi polla, girando como una bailarina del vientre bajo los efectos de las anfetaminas, con los brazos alzados hacia el techo y gritando de placer casi incoherentemente mientras sus enormes tetas rebotaban para mí. Entr

