Obedeces sin pensar, y con un sonido fuerte y gomoso, tu hija se tira un pedo en tu boca. Antes de que el primer aire caliente, penetrante y de olor exótico baje por tu tráquea, sube otro, y otro más. Ana se retuerce al mismo tiempo que puja, distorsionando y tartamudeando sus gemidos. Sus gemidos son tan fuertes que igualan los ruidos que hace con su puchero. Ella se relaja unos segundos y tú aprovechas para soplarle aire caliente en el culo, como si le estuvieras soplando sus propios pedos dentro. "¡Eso se siente extrañísimo!" dice ella, perdiendo el tono dominante en su voz, y continúa con una risita mientras continúas soplando. Usas tus manos para mover su enorme trasero fuera de ti y colocas tu polla junto a su húmedo agujero marrón. "¿Vas a metérmelo en mi asqueroso trasero ahora

