—¿Cariño? Soy papá. Cuando entré, ella estaba acostada en su cama. Sus manos aferraban las sábanas a la altura de la clavícula. —He venido a ver cómo estás—, dije, —y a comprobar si estás usando la crema de vitamina E que te compró mamá. —Puedo encargarme de ello yo sola, papá. —En otras palabras—, dije, —aún no has hecho nada con él. Apuesto a que ni siquiera has abierto el paquete. —Lo usaré mañana. Ya estoy listo para irme a dormir. Cogí la caja de la loción, que estaba en su mesita de noche, me senté en el borde de la cama y fingí leer la etiqueta. —Dice que debes aplicar la loción todos los días en moretones o cortes, así como en la zona que rodea cualquier zona inflamada—, dije. —Si quieres evitar marcas antiestéticas en el pecho, empieza a usar este producto cuanto antes. —Oh

