Elaine observó toda la farsa a pocos centímetros de distancia. Conteniendo la risa, preguntó: —¿Crees que eres lesbiana, querida?. —Tengo miedo... ¡Glawg!— Antes de que pudiera decir la siguiente palabra, mi polla ya se abría paso con insistencia en su boca. —No tengas miedo, pequeña Randi—, dijo Elaine. Puso la mano en la nuca de Randi. —Bésale la polla a mi marido y cuéntame tus problemas—. Mientras empujaba la boca de la adolescente asiática hacia adentro y hacia afuera sobre la punta de mi polla, Elaine me miró y me lanzó un beso. Randi empezó a lamerme y besarme el m*****o bajo la dirección de mi esposa. —¿Está bien, Sra. J?—, preguntó. —Randi, sabes cuánto me importas. Quiero que te encuentres a ti misma.— Rodeó mi m*****o con la mano, se lo llevó a la boca y me chupó un momento,

