No sé exactamente cuándo entró Katie en la habitación. Creo que ya llevaba varios minutos allí cuando Elaine o yo la vimos a pocos metros de distancia. La verdad es que estaba tan obsesionado con correrme por fin después de todo lo que había pasado esa tarde que no era consciente de lo que me rodeaba. Estaba tan loco de lujuria que no se me ocurrió que mi hija nos viera follando en medio de la cocina. Estaba tan desesperado por finalmente liberarme sexualmente que tampoco se me pasó por la cabeza que mi hija oiría a mi esposa gritar de éxtasis a todo pulmón. Cuando por fin me fijé bien, vi a Katie, vestida con su camisón verde raído hasta el culo, tan cerca de la mesa donde Elaine y yo estábamos follando que casi podía tocarla con la mano. Estaba con los ojos abiertos y la boca abierta, m

