"Ahora nos declaro 'Papá y Esposa'", dije. Con ambas manos agarré los lados de la cabeza de mi hija virgen, empujé mi m*****o hasta su garganta y la mantuve allí, su nariz rozando mi entrepierna. Tuvo arcadas por un momento, y el efecto de su garganta contrayéndose en oleadas sobre mi pene se sintió como si estuviera masajeándome el pene con los músculos de su garganta. Cuando, unos momentos después, solté su cabeza, la echó hacia atrás y jadeó. "¡Papá!", gritó Katie. "¡Mi nuevo marido!". Se arrodilló y metió mi polla en el hueco entre sus enormes pechos. Su escote era aún más pronunciado de lo habitual por el efecto del corsé roto que le apretaba los pechos. Mirándome con adoración a los ojos, Katie ahuecó sus enormes pechos desde abajo y los bombeó arriba y abajo, dándome la paja cubana

