7

1072 Words
7~ El punto de vista de Lucian Mientras la miraba allí tendida, me dolió el corazón con una intensidad inesperada. Verla tan vulnerable y herida me impactó profundamente. Había visto muchos rostros en mi vida, pero había algo en el suyo que me impactó profundamente. Fue como un puñetazo en el estómago, intenso y repentino. Sus delicados rasgos, la forma en que su cabello le caía sobre el rostro, el dolor en sus ojos, todo en ella me cautivó. No podía apartar la vista de ella. Cada instante me atraía más, y mi corazón latía con una feroz necesidad de protección. Recorrí con la mirada el contorno de su rostro, absorbiendo cada detalle. Su ropa estaba hecha jirones y manchada, una gran diferencia con el elegante entorno de mi palacio. Me partía el corazón verla en ese estado. No podía quedarme ahí parada mientras ella sufría. Necesitaba hacer algo. Me levanté bruscamente, con el corazón acelerado, con una mezcla de urgencia y determinación. “¡Entren!“, grité a mis criadas, intentando mantener la voz firme. “Necesito la mejor ropa y zapatos para ella; algo elegante y cómodo. Se merece solo lo mejor”. Las criadas entraron corriendo, con expresiones que pasaron de la sorpresa a la acción rápida. Me volví hacia la jefa, intentando mantener la voz serena a pesar de la ansiedad que me azotaba. «Prepárale un festín. Necesita algo sustancioso y reconfortante. No escatimes en gastos. Que sea especial». La jefa de sirvientas asintió y se apresuró a irse, con sus pasos resonando con determinación. No podía quitarme de encima la sensación de impotencia. Allí estaba yo, encontrando por fin a mi pareja, y lo único que podía hacer era observarla allí tendida, sufriendo. Regresé a su lado y le tomé la mano con suavidad. Sentí su piel cálida contra la mía, y fue extrañamente reconfortante. “No tienes que preocuparte por nada ahora”, dije en voz baja, con la voz temblorosa por la emoción. “Solo concéntrate en descansar. Nosotros nos encargamos de todo”. Cada vez que se movía o suspiraba, se me encogía el corazón. Esperaba que así fuera mientras descansaba y se recuperaba. La observé mientras yacía allí, con la mente llena de preocupación y un intenso instinto protector. Debí de quedarme dormido en la silla junto a ella, con la cabeza apoyada en la mano. De repente, me desperté sobresaltado por el sonido de un movimiento. Levanté la cabeza aturdido y vi a Isabella sentada, mirando a su alrededor con una mezcla de confusión y alivio. Verla erguida me produjo una oleada de calor en el pecho. “¿Cómo te sientes?” pregunté suavemente, tratando de mantener mi voz tranquilizadora. Ella asintió lentamente, con una leve sonrisa en los labios. «Mejor», murmuró, aunque su voz seguía suave y cansada. En ese momento, un fuerte gruñido rompió el silencio. Su rostro se sonrojó de vergüenza mientras se miraba el estómago. No pude evitar reírme suavemente. “Parece que a alguien no le sienta bien el estómago”, bromeé, con una sonrisa extendiéndose por mi cara. Me miró, con las mejillas sonrojadas por una mezcla de vergüenza y hambre. Me levanté y me acerqué a la mesa auxiliar, donde mis doncellas habían preparado un espléndido festín. La vista de la hermosa variedad de platos era deliciosa. —No te preocupes —dije intentando mantener el ánimo alegre. —Las criadas te han preparado un festín. Debes de estar hambriento después de todo. —Señalé la mesa, donde nos esperaban bandejas de comida deliciosa. Los ojos de Isabella se abrieron de par en par al contemplar la comida. Su estómago volvió a rugir, esta vez más fuerte, y rió suavemente, desvaneciéndose su vergüenza anterior. Sonreí, sintiendo una sensación de satisfacción por poder proporcionarle algo que necesitaba. —¿Por qué no te animas a comer? Te lo mereces —dije, ayudándola a sentarse a la mesa—. Y no te preocupes por nada más ahora. Solo concéntrate en comer y en recuperarte. Ella asintió agradecida y se acercó a la mesa; su hambre era evidente. La observé con una mezcla de cariño y alivio. Cuando empezó a comer, me di cuenta de cuánto deseaba mejorar su vida, protegerla del dolor que había padecido. Mientras Isabella se acomodaba para comer, no pude contener más mi preocupación. Necesitaba entender su historia, saber qué la había llevado a ese peligroso camino. —Isabella —pregunté con dulzura, intentando mantener la voz serena a pesar de la oleada de emociones que sentía—. ¿De dónde venías? Dudó un momento, bajando la mirada a su regazo. Sus dedos se retorcían nerviosamente en el borde de la servilleta. Finalmente, habló con voz temblorosa: «Yo... yo no tengo un lugar de donde venir. Solo he estado... viviendo por aquí. Unos hombres me persiguieron y querían violarme». Las palabras me golpearon como un puñetazo en el estómago. La idea de que la persiguieran y amenazaran me hirvió la sangre. La ira me invadió y apreté los puños. “¿Recuerdas cómo eran estos hombres? ¿Algo sobre ellos?“, pregunté, intentando mantener la voz firme a pesar de la rabia que crecía en mi interior. Isabella bajó la mirada, con los ojos llenos de lágrimas. «Llevaban mascarillas», dijo en voz baja. «No pude verles la cara». Mi ira solo se intensificó. La idea de que esos hombres salieran impunes de lo que le habían hecho era inaceptable. “Quiero encontrarlos”, dije con voz más dura. “Quiero asegurarme de que paguen por lo que hicieron. No dejaré que se salgan con la suya”. Isabella abrió mucho los ojos, con un destello de miedo en el rostro. “Por favor, no”, dijo, con la voz apenas por encima de un susurro. “No quiero más problemas. Solo... solo quiero estar a salvo”. Al ver el miedo en sus ojos, me obligué a respirar hondo, intentando calmar la tormenta que sentía en mi interior. Podía ver que ya estaba lidiando con demasiado, y lo último que necesitaba era más violencia o represalias. —Lo entiendo —dije en voz baja, mientras mi ira se transformaba en una firme resolución—. Por ahora, concéntrate en curarte y descansar. Yo me encargo de todo. Estás a salvo ahora, y me aseguraré de que no te pase nada más.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD