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~ El punto de vista de Lucian
Al volver a mi habitación, sentí una felicidad poco común. Conocer a Isabella había sido una gran sorpresa, y sentir esa conexión instantánea con ella me aceleró el corazón. No esperaba encontrarme con mi pareja hoy, y mucho menos enamorarme de ella a primera vista.
Pero pensar en lo que había pasado, en cómo casi la violaron, me llenaba de ira. Apreté los puños solo de imaginar a esos cabrones que la habían lastimado. Pensé en encontrarlos y hacerles pagar, pero entonces vi su rostro, el alivio en sus ojos al darse cuenta de que estaba a salvo. Supe entonces que preocuparme por su bienestar era más importante que perseguirlos. Además, decidí que era mejor no complicar las cosas más de lo que ya estaban.
Lo que más me sorprendió fue que Isabella fuera humana. Esperaba sentir una conexión a través de su lobo, pero lo único que percibí fue una profunda e innegable sensación de que era mi compañera. Mi lobo lo percibió, pero no existía un vínculo lobuno. Era simplemente una sensación cruda y poderosa de que ella estaba destinada a mí.
Sabía que debía tener cuidado. Había estado planeando un futuro con alguien que pudiera compartir los desafíos y las alegrías del mundo de los hombres lobo, pero Isabella era diferente. No tenía un lobo, y eso complicaba las cosas. Quería ir con calma y darle tiempo para adaptarse a este nuevo mundo.
Decidí centrarme en hacerla sentir segura y bienvenida. Me comprometí a ver hacia dónde podía llegar esta relación, a comprenderla y a darle el espacio que necesitaba. A pesar de la incertidumbre, tenía esperanza. Quería construir algo real con ella, descubrir qué podíamos llegar a ser juntos. Por ahora, solo podía ser paciente y ver adónde nos llevaba este nuevo camino.
Había algunas tareas por terminar, algo de papeleo, una revisión rápida de las medidas de seguridad y un par de mensajes que enviar a mis asesores. Las afronté con un renovado sentido de propósito y alegría. Incluso las tareas pesadas parecían más ligeras, de alguna manera; el peso de la responsabilidad se aliviaba un poco al pensar en Isabella.
Mientras terminaba todo, me encontré sonriendo, pensando de nuevo en ella. Cómo se le iluminaban los ojos al ver la ropa que le había preparado, cómo se reía cuando le rugía el estómago. Fue un momento tan pequeño y humano, pero significó mucho. Hizo que el mundo se sintiera un poco más brillante, un poco más cálido. Con todo organizado, por fin me permití relajarme. Me acosté en la cama, con los acontecimientos del día repitiéndose en mi mente, cada recuerdo llenándome de una mezcla de anticipación y emoción.
Al quedarme dormida, mi último pensamiento fue para ella. Imaginé los días venideros, los momentos que compartiríamos y cómo navegaríamos juntos este nuevo Chapter.
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A la mañana siguiente, me desperté con una emoción que no había sentido en años. Isabella fue mi primer pensamiento. Su presencia en casa parecía alegrarlo todo. Una parte de mí quería correr a su habitación para ver cómo estaba, pero me contuve. Necesitaba descansar, sobre todo después de todo lo que había pasado. Por mucho que quisiera verla, sabía que debía ser paciente.
Me arrastré fuera de la cama y me preparé para el día, con la mente aún llena de pensamientos sobre ella. Tenía una reunión del consejo programada para la mañana con los ancianos de la manada. Eran reuniones vitales que no podía faltar, aunque hoy me pareciera una obligación.
Al entrar en la sala del consejo, me esforcé al máximo por concentrarme en los asuntos en cuestión. Los ancianos discutían lo de siempre: patrullas fronterizas, recursos de la manada, alianzas con manadas vecinas. Pero apenas podía seguirles el ritmo. Mis pensamientos volvían una y otra vez a Isabella: su aspecto de la noche anterior, tan frágil pero fuerte, sentada en la cama de invitados, con los ojos llenos de una mezcla de confusión y alivio.
Me preguntaba si había dormido bien, si había comido lo suficiente, si se sentía segura. Cada minuto que pasaba en esa reunión me parecía una hora, y me encontraba cada vez más impaciente. Los ancianos parecían notar mi falta de concentración, pero ninguno se atrevió a reprenderme. Probablemente asumieron que estaba ocupado con otros asuntos de la manada. Lo que no sabían era que mi mente estaba lejos de sus discusiones.
Al final, no pude aguantar más. Repasé el resto de la agenda a toda prisa, pasando por alto los detalles que normalmente habrían acaparado toda mi atención. En cuanto se levantó la sesión, salí corriendo de la sala, sin molestarme en ocultar mi entusiasmo. Mi destino estaba claro: la habitación de invitados donde se alojaba Isabella.
Al llegar a su puerta, me detuve un momento, repentinamente nervioso. ¿Y si seguía dormida? Me quité las dudas de encima y llamé suavemente, con el corazón acelerado mientras esperaba respuesta. Unos segundos después, oí su suave y dulce voz desde dentro, diciéndome que entrara.