1~ El punto de vista de Lucian El rostro de Isabella se iluminó un poco y me dedicó una pequeña sonrisa. “Eso estaría bien”, admitió en voz baja. “Siempre quise leer, pero nunca tuve la oportunidad de ver la pared del aula”. Al oír esto, sentí una oleada de determinación. Quería ser esa persona para ella, quien le demostrara que era capaz de mucho más de lo que jamás le habían dicho. —Entonces empezaremos cuando estés lista —prometí—. Podemos convertirlo en parte de tu tiempo aquí, algo solo para ti. Quiero que te sientas como en casa, Isabella, y eso significa hacer todo lo posible para ayudarte a crecer. Ella asintió, y su sonrisa se ensanchó ligeramente. «Gracias, Lucian», dijo con voz llena de gratitud. «Ya has hecho tanto por mí, y no sé cómo podré pagártelo». Negué con la cabeza

