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Demonios Mentales

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... Los Demonios Del Infierno No Son Tan Malos Como Los De Tu Propia Mente...

"Demonios Mentales"

Una historia de horror que cuenta la cruda realidad que vivian los enfermos mentales en hospitales psiquiatrico antiguos y los criminales procedimientos psicológicos a los que eran sometidos.

Espero que este nuevo libro les guste tanto como a mí. ¡ Espero que lo disfruten!

Tayler Style'S

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La Bienvenida Al Infierno
“... Algunas personas piensan que la mente es un músculo, pero yo estoy segura que la mente es algo misterioso y llena de incógnitas. En realidad la mente es una arma mortal de destrucción masiva, que si no se sabe utilizar correctamente puede acabar contigo mismo, quizás los demonios del infierno no sean tan malos como los que creas en tu mente...” Recuerdo que llegué a ese hospital un lunes a las siete y treinta de la mañana. Fría brisa con poca neblina humedecían mi blanco traje de enfermera. Un sitio con apariencia tenebrosa apartado de la ciudad a más de quince minutos, al cual sólo se podía acceder y salir por un largo camino de tierra rodeado por abundantes árboles que hacían imposible la visibilidad hacia la fachada del hospital, un enorme portón de hierro al inicio del camino y una extensa vaya de metal lo rodeaban, barrotes de hierro cubrían cada ventanal y en medio unas enormes puertas de maderas por las cuales se accedían al interior. Subía por las escaleras frontales mientras las hojas que el otoño dejaba caer de los árboles ensuciaban las blancas escaleras. Entré al hospital psiquiátrico y fuí recibida en recepción por la directora del centro, la Doctora Carmen De La Torre, una mujer delgada, de alrededor de cincuenta y ocho años de edad, que según los rumores de los alrededores no tenía escrúpulos, de carácter recio y con un gran fanatismo hacia la religión católica, apostólica, romana. Sé acercó a mi con rostro aparentemente inocente y dulce voz. - Hola, tu debes ser Isabel González. - Si señora Ella extendió su mano derecha y yo la mía, dándonos un fuerte apretón de manos mientras me miraba y sonreía levemente. Puso su mano izquierda en mi espalda y con la derecha me señaló el pasillo. - Vamos querida por aquí, te mostraré las habitaciones de los pacientes y las demás recintos del hospital. Mientras caminábamos entre el lobby, miré a mi izquierda y ahí estaban sentadas algunas de esas personas enfermas de la mente que tanto la sociedad odia y margina. Llamó mi atención un grito desgarrante acompañado de un desconsolado llanto, voltié y vi una señora mayor que sostenía fuertemente una muñeca de trapo, mientras gritaba y lloraba le pedía a aquella muñeca que llamaba Lola que por favor nunca la dejara. Me detuve y la Dra.Cármen la señaló y me dijo: - Ella es Estela Martínez una de las pacientes que se te han asignado, junto con dos más. De ellos te debes de encargar tu sola, debes asiarlos, darles de comer y hacer que tomen su medicación. Vamos sigamos. Continuamos caminado por el pasillo hasta que llegamos a la habitación número siete, cuando la Dra.Cármen abrío la puerta dejó al descubierto aquel jóven chico de unos 14 años, sentado en la cama, maldiciendo a toda voz y golpeando su cabeza contra la pared. La Dra.Cármen sacó un látigo del tamaño de un antebrazo de entre su bata, tomó al chico por sus hombros y lo puso frente a ella. Aquel pequeño la miraba con terror mientras temblaba. Ella me miró y dijo. - Este es Álvaro Montenegro, un niño que no le gusta obedecer - Doctora por favor, yo no quería hacer. Le dijo con voz temblorosa mientras sus lágrimas caían por su triste rostro. - ¡Calla! y empieza a rezar. Estira tus manos. Le dijo mirándolo con odio y voz firme. - Por favor no. Le volvió a decir el chico. - ¡Calla! Le dijo con un fuerte grito Golpeó la cara del pequeño con el látigo con gran fuerza, tanto que le terminó rompiendo su rostro. El voltió su cara mientras corría su sangre por su mejilla derecha. - Reza y estira tus manos al frente. El chico empezó a rezar , mientras la doctora golpeaba sus manos una y otra vez, hasta que de ellas corría abundante sangre. No soporté y mis lágrimas comenzaron a caer. La doctora tomó al chico por su mandíbula y le dijo con una tierna voz pero a la vez aterradora. - Vez lo que pasa cuando no obedecemos, el señor nos castiga. Yo no quería hacerlo pero tu me has obligado. Ella se volteó a mi viéndome llorar y me dijo. - Ya te acostumbrarás. Aquí se pierden los escrúpulos. Me dio la espalda caminando hacia afuera de la habitación. - Vamos aún te queda por conocer uno más. La joya de este recinto. Caminamos hacia el final del pasillo, bajamos unas escaleras y luego pasamos una reja,al final se podía ver una habitación, no igual a las demás con una enorme puerta de hierro que sólo tenía una rejilla para dejar la comida. Todo indicaba que ahí había alguien muy peligroso. La doctora abrió la puerta, había un joven sentado en un esquina, con el cabello tapado, una camisa sin mangas azul, un pantalón y descalzo. Se levantó y se acercó haciendo unos extraños gestos con su cabeza, sus ojos parpadeaban muy rápido y no podía dejar de mover sus manos pegadas a su cuerpo. - Este es Edward Westerly es del Inglaterra y tu otro paciente. Aquel chico realmente me aterraba y me hacía temblar de miedo, aunque era realmente atractivo y con su abdomen perfectamente definido y rostro de ángel, pero con alma de demonio, al cual tenía que atenderlo a partir de ese momento. Salimos de aquella celda y la doctora me dijo. - Ahora creo que debes ir a recepción y pedir los informes de tus pacientes para que conozcas bien sus patologías y correspondiente medicación. Me dirigí a la recepción y le dije a la recepcionista - Hola, necesito que me des los expedientes de los pacientes Estela Martínez , Álvaro Montenegro y Edward Western. Le dije a la chica de recepción - Un momento por favor. La recepcionista sacó de unos estantes que tenía a su espalda, los tres expedientes, me senté en un mesa del lobby al lado de los pacientes que estaban ahí y comencé a leerlos. Estela empezó teniendo un trastorno alimenticio cuando era joven y luego a obsesionarse con estar delgada y hermosa y ser igual que una bella muñeca, lo que me daba a entender porque ella tenía aquella muñeca. Álvaro era cuando pequeño muy imperativo y sus padres lo castigaban volteándolo hacia la pared y cuando el no quería seguir castigado golpeaba su cabeza contra muros y paredes, a sus padres no les molesta que el lo hiciera siempre y cuando los dejaran a ellos tranquilos. Mientras que el expediente de Edward estaba totalmente en blanco, cosa que me llamó demasiado la atención, y sólo me hacía preguntarme a mi misma por que no aparecía nada en su expediente. Pero de lo que estaba segura era que las personas que estaban en este hospital habían sido víctimas de algún tipo de maltrato, o que sus familiares los abandonaron porque no los entendían, así que los enviaron a este sitio creyendo que era lo mejor para ellos, pero la cruda realidad era que los habían enviado al infierno en la tierra.

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