3.La presa

713 Words
Yumiko salió corriendo de allí, con la muñeca rojiza y el corazón latiendo fuerte. Se escondió en una habitación, llorando de pena. Nunca tuvo una experiencia buena con los hombres, mucho menos con vampiros ¿Qué iba a hacer? La forma que le habló, fue rara y amenazante ¿Qué pasaba? ¿Iba a morir? Lloró tanto que empezó a notar que sus lágrimas se secaban al tener contacto con su piel. Ya no podía llorar, porque los vampiros no lloran. —¿Yumiko?—era la voz de su tío. No podía verla así. Se alistó, limpiándose las gotas de sangre de su muñeca y buscó a Atsuya en l casa de modelaje. Lo vio hablando con Jessica. - Se sonrojó, deseando que la modelo no dijera nada de lo ocurrido. Su tío giró y la vio parada allí, con la cara de impresión. —¿Qué pasa? ¿Estás bien?—dijo él, acercándose. Yumiko escondió la marca del linaje, le sonrió a su tío. Ella nunca mentía, era leal y bondadosa solo que esta vez su tío se preocuparía por ella. No podía saberlo porque le rompería el corazón. —Estoy bien. Solo cansada.—dijo Yumiko, simplemente. —De acuerdo, volveremos a la casa, he terminado de trabajar aquí. —Sí, tío. Voy por mis cosas, entonces. —Te espero en el auto. Ella se dirigió a la oficina, dado que no encontraba su suéter, que se quitó al tener calor en el estudio. Una mano se apoyó sobre su hombro, se quedó aterrada. Podía sentir un ambiente frío a su alrededor. —No te olvides de despedirte de mí, Yumiko. La adolescente giró, sin encontrarse a nadie en la sala. Sin embargo, se equivocó. Satoshi se volvió invisible para engañarla. Estaba confundida. —Nos conoceremos mejor, nena. Serás mía. —No puedes hacerme esto, ¡Soy joven! —No lo decides tú. Me obedecerás, niña bonita. No había forma de ganarle al vampiro tan poderoso y manipulador. Yumi salió sin su sueter, dirigiéndose hacia la salida. Pasó junto a Jessica que estaba un taxi programado. —Él te quiere. No lo hagas esperar.—dijo la modelo. Yumi la ignoró, entrando rápido al coche y se alejaron del lugar. Jessica sintió la presencia del vampiro a unos metros de ahí. —Buscas a la humana equivocada. Te arrepentirás, Satoshi. —No te metas en mis asuntos, aunque seas mi amiga puedo matarte sin culpa. Si llegas a meterte, estás avisada.—dijo él, tocando el hombro como advertencia de amenaza. Se alejó a toda velocidad. —Satoshi…—susurró ** Al día siguiente, la marca había desaparecido. Yumi había pensado que fue su invención que nada había pasado aquel día en el estudio. No existían los vampiros, nunca vio alguno en Tokio. Se preparó para el colegio. Aún no había encontrado el buzo del uniforme. Debería volver por él. Solo le pidió a su tío que revisé su oficina cuando estuviera ahí. La mañana en el instituto trascurrió normalmente. Sus amigas, aunque no eran más que dos chicas estudiosas y nada divertidas hablaban sin parar, comenzando a preguntarle sobre el gran desfile de su tío. Ellas no tenían idea cómo era la industria de moda y el trabajo de secretaria auxiliar de Atsuya. Se dio cuenta que no pertenecía a las ideas niñadas de ellas. No soportaba sus comportamientos ansiosos e infantiles. —¡Paren de hablar ahora!—exclamó Yumi con desesperación y frustrada de sus amigas. —¿Qué ocurre? —Calma, está todo bien. —Escuchen, no tienen idea de mi trabajo ni de moda. No quiero que hablen así sino saben la diferencia de una tela de punto y plana. —Yumi…. —Estás rara desde primera hora de la mañana—dijo la otra. —No me molesten ahora, perdón. No puedo estar con ustedes en este momento.—dijo, poniéndose de pie y se apartó de lugar, sonrojada de vergüenza. Lo que no sabía, es que unos tres kilómetros, los oídos del vampiro estaban despiertos, logrando escuchar a Yumi. El chico abrió los ojos en la oscuridad, volviéndose rojos rápidamente. Si su futura esposa, no soportaba a los mortales, él se encargaría que no la molestan más ni estén cerca de ella.
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