ARIANA Acepté la invitación de Noah moviendo la cabeza en afirmación y con la mente en calma. Sabía que, aunque mi corazón aún tuviera residuos de un incendio reciente. A veces sanar no era cuestión de tiempo, sino de decidirse a dejar de sostener las brasas. La tarde pasó muy agradable, Noah se encargó de atendernos con una sonrisa, nos mostró a todos su casa, sus trofeos, sus camisetas, sus autos y muchas cosas que guardaba en su casa. Guillermo, Manuel, Miguel y Javier no paraban de tomarse fotos con todo. Incluso se pusieron los uniformes firmados por sus ídolos. Era como ver niños grandes cumpliendo un sueño de infancia. Y Noah los miraba como si fueran sus hermanos, hasta se ofrecía a ser quien les tomaba las fotos. Yo me quedé atrás, observando desde una esquina. A veces me cost

