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Mio Angelus Di Guarda

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Blurb

Desde que era muy pequeña su vida ha sido muy dura, debido a que ella es el fruto de un amor prohibido...

Hace mucho tiempo los mundos divinos estaban divididos, dioses y Ángeles no podían tener ningún tipo de acercamiento y mucho menos el enamorarse, una ángel se enamoró perdidamente de un dios y esta para poder acercarse a él ocultaba sus alas, el amor fue creciendo por meses hasta que pasado el tiempo nació una hermosa querubín única y especial, el dios al darse cuenta de la condición y características que poseía su hija, se marchó dolido, había roto una de las reglas mayores, pero él no sabía que siempre haba sido víctima de un engaño.

Por su parte la mujer fue desterrada del cielo a la tierra, sin embargo el fruto de ese amor fue creciendo en el mundo mortal, ocultando siempre sus alas a todos hasta que un día llego a un lugar diferente, su nueva aventura empezará en una ciudad un tanto peculiar y extravagante.

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Capitulo I
“A lo largo de nuestra vida, siempre buscamos con desesperación nuestro origen, pero muy pocas veces quedamos satisfecho del descubriendo, por mi parte solo puedo decir que fue el causante de una secuencia de sucesos fuera de lo común en mi vida, que llevarían a cualquiera a su propia destrucción o salvación, depende de cómo lo veamos”... Los tenues rayos de sol se colgaban por el pequeño espacio de la ventana debido a que esa mañana estaba suavemente corrida la cortina, esa leve luz impactaron directo en mi rostro, poco a poco mis ojos verdes se adaptaron a la iluminación del nuevo día. Ya hacía más de un mes que no dormía lo suficiente; como una terrible consecuencia aquellos sueños que no paraban de azotarme por la madrugada, sabía claramente que no era alguien normal pero había ciertos temas que al tocarlos con mi madre eran delicados, a tal punto que suele generar conflictos entre nosotras. Al poner un pie fuera de la cama; estire un poco el cuerpo como era la costumbre, ya estando perfectamente despierta, me dirigí hacía la causante de mi despertar ese día la ventana de la habitación. Todo está en orden como lo es un pequeño pueblo de Virginia occidental Green Bank con una cantidad de habitantes de 16,85 personas por km². Divise la calle que pasa por el frente de la pequeña casa donde viva con mi madre, no había nada fuera de lo común hasta que algo captó mi atención un hombre de cabello castaño, lo más extraño era su ropa, un traje como los que usaban los antiguos gladiadores en las arenas de combates, aunque estuviera a cierta distancia de mi pude detallarle esos ojos verdes mar, igualitos al señor que aparece en mi sueños, pues tenía facciones idénticas.   — ¿Mi cielo, estás despierta?—la dulce voz de mi madre, se escuchó a través de la puerta, que segundos después se abrió, haciéndome alejar la mirada de aquél hombre, esta se concentró en la mujer rubia con hermosos ojos azules, de su silueta esbelta se notaba por encima del vestido, ella era demasiado elegante, llena de modales y refinada al hablar, todo lo opuesto a mí.   Volví la mirada a la ventana para darme cuenta que ese hombre había desaparecido, suspiré profundo a lo mejor había sido mi mente jugando de nuevo conmigo, involuntariamente me lleve la mano a mi cuello tocando la medalla que desde niña llego allí, un señor me la regalo, esta costaba de un sello muy parecido al que tengo en la espalda, miré el reloj en la mesa de noche.   — ¡Se me hace tarde!...—Exclamé, saliendo corriendo al baño, me di una pequeña ducha, la ropa que escogí un vestido corto de tono azul, su par de sandalias blancas, mi cabello lo deje suelto  que mi melena ondulada cayeran sobre mi hombros. Caminé fuera de mi habitación con mi mochila sobre mis hombros, al empezar a bajar las escaleras, me sorprendió el hecho que mi madre estaba discutiendo en la sala con alguien, eso era extraño porque es tan calmada que verla así me asusta.   — ¡Ella tiene derecho a conocerme, saber quién soy! ... ¡Mariana! —se escuchó la voz de un hombre que jamás había oído en mi vida, como pude me escondí para captar la conversación que se tornaba agresiva.   —Simplemente, no, estamos muy bien aquí lejos de todo, viviendo como mortales—la voz de mi madre sonaba firme en sus palabras, podía detectar que el aura de aquel hombre precisamente no era humano porque yo conocía perfectamente eso.   —Yo quiero que ella conozca la otra mitad de su ser, por eso quiero que vaya a una residencia mágica donde hay...   De repente se callaron los dos, cosa que me preocupo bastante, me asome por el marco de la puerta y ver a ambos apuntándose era sumamente extraño aunque realmente mi madre era la que tenía una espada azul con un mango dorado, en la hojilla tenía un símbolo muy extraño que jamás había visto en mi vida, su rostro era demasiado seria, mientras que era el mismo hombre que había visto por la ventana.   —¿Qué sucede?—Pregunte, sintiendo ambas miradas puestas en mí, mi madre de inmediato bajo aquella espada, mientras que el hombre sonreía de tal manera que se notaba lo feliz que estaba al verme.   —Hija, pensé que te habías ido—cambio totalmente la voz de mi madre a una más calmada llena de paz, ella se acercó para abrazarme no se me hizo extraña esa reacción porque era una acción muy usual.   — Madre, puedo darme cuenta que hay muchas cosas que no me quieres contar a pesar que soy grande, pero si en esa residencia hay personas como yo, deseo ir, siempre he hecho cosas que no hacen los niños normales—Cada vez que seguía hablando el rostro de mi madre se tornaba en completo pánico.   —Nadie es como tú, pequeña—la voz del hombre me hizo girar la mirada a él, tenía una expresión de arrepentimiento como si hubiera hecho algo en el pasado, eso seguramente fuera la causa de la reacción de mi madre.   —Yo iré a ese lugar, quiero salir por primera vez de este pueblo—saque aquellas palabras de mi boca con completa  firmeza, realmente deseaba conocer lo que hay más allá de mi hogar.   Desde que tengo uso de razón he vivido en este lugar tan pequeño y rodeado de árboles, humedad y animal, no había muchas personas con quienes socializar, menos con jóvenes de mi edad, por suerte hay una escuela primaria al lado del instituto al cual asisto. Esa invitación de cierta manera era lo que he estado esperando todo este tiempo, pero lo único en contra es mi propia madre, la cual siempre actúa de  una forma tan extraña como fuera de lo común con el tema referente a mi protección.    —Luznell, es mejor que te vayas a estudiar, mientras arreglo unos asuntos con este hombre—escupió la oración con tanto desprecio, que a simple vista pude sentir el enorme grado de desprecio hacia él.    Dirigí mi mirada sobre el reloj en mi muñeca que me coloque esa mañana para darme cuenta que se me está haciendo tarde, por lo tanto decidí hacerle caso a las palabras de mi madre y dejarlos a solas, tal vez de esa manera puedan solucionar aquella indiferencia ambos.   (...)    Había transcurrido una semana desde aquella visita inesperada de aquel hombre, mi madre se negó rotundamente a que yo fuera, cada vez que le insistía me mandaba a rezar o a leer runas, no entendía muy bien esta extraña situación, ahora era más sobreprotectora ya no iba a la escuela, no dejaba que nadie viniera a visitarme y menos a salir de la casa. Cada vez que llegaba ese hombre le cerraba la puerta en el rostro. Esa noche había planeado como escapar como cada noche era la única manera de salir de la casa porque hasta la sello para que no usará los poderes, cuando el reloj marco las diez en punto de la noche, ya mi madre dormía, era el momento indicado para salir por la ventana de la habitación. Cerca de mi casa había un bosque, donde suelo ir a leer, llevaba un pequeño bolso con un par de libros que encontré en la pequeña biblioteca de mi madre. Me llevó muy poco tiempo llegar al bosque empecé a subir la colina, mientras tarareaba una melodía que había escuchado esta mañana en la radio, todo iba sumamente normal como cada noche, sin embargo escuché un par de ramas romperse, mi corazón se aceleró al igual que mi respiración... — Corre...—escuché un susurro muy cerca de mí, voltee la mirada a ese lugar donde sonó ese sonido, achine los ojos para poder divisar una extraña figura negra, eso no me asusta pero cuando un rayo de la luna le dio a aquella sombra pudo divisar mejor, era una mujer con largas garras, su piel era escamosa y era completamente horrible, cuando baje la mirada, ver que tenía una cola como de una serpiente fue el tope, me dio completamente miedo, nunca había visto una criatura de esa especie. Las piernas me temblaron como una gelatina, pero no era una cobarde y más al sentir como la adrenalina se apodera de ser, el cuello me comenzó a arder el collar me estaba quemando, eso era nuevo, me incorpore al ver como ese ser se me venía encima, literalmente la tenía de tal forma —Hueles a semidiós pero... ¿No lo sé? ... al mismo tiempo diferente, más poderosa—su voz áspera y asquerosa resonó demasiado cerca, me olfateaba como si fuera un perrito. — ¡Déjame!... —Me empecé a empujarla con mucha fuerza, la logre quitarla de encima, había prometido nunca usar mis poderes, debía ser una "humana común". Mis piernas reaccionaron en son de correr colina arriba, el ardor en el cuello aumentaba a cada paso que daba, ese ser venía muy cerca de mí, un dolor se hizo presente ese monstruo había clavado sus garras en mi espalda haciendo caer, dolía horrible. — ¡Deus meus!... —apreté con fuerza mis puños, el collar exploto de un momento a otro, una luz en mi pecho se hizo presente, el ser salió disparado, no entiendo lo que estaba pasando me, una sensación cálida de paz, unas enormes cosas empezaron a salir de mi espalda, no dolía era más como si fuera parte de mí. Todo se puso realmente confuso, el dolor en la espalda desapareció, mis ojos verdes buscaban con desesperación a alguien que me explicara lo que me sucedía pero ni aquella mujer rara estaba, la luz incrementaba en mi ser me sentía fuerte, poderosa como si fuera otra persona, el suelo temblaba como si fuera un sismo que diera origen a un terremoto Un golpe en la cabeza me hizo desvariar, todo desapareció de golpe caía de rodilla, me quedo un extraño sonido en el oído muy raro, levante la vista para poder ver al que me había golpeado. —No debes hacer eso, puedes provocar cosas malas—Era un chico de más o menos mi edad, tenía el cabello oscuro, ojos marrones y una sonrisa que decía claramente que no bromea con las palabras. —Me llamo Dante... Y tú ...¿Qué cosa eres?  —El chico, colocó lo que era claramente una hojilla de su arma sobre mi cuello. Traje ligeramente saliva, no quería morir en ese momento, pero ni una sola palabra salía de mis labios, mis manos empezaron a temblar ligeramente. Empecé a ponerme de pie, mirando fijamente a "Dante" este mantenía aquel semblante que no cambia en ningún instante. —¿Eres muda? O ¿Quieres morir? —Preguntó, acercándose amenazante a mi persona, coloque mis manos sobre su pecho para empujarlo con fuerza, provocando que cayera sentado al suelo. —Me llamo Luznell y no te tengo miedo...—Respondí, apretando ligeramente los puños, no me gustaba que fueran groseros. Escuché una pequeña risa escapar de los labios del pelinegro, de un momento a otro desaparición entre las sombras, mi boca se abrió ligeramente dejando ver una perfecta "o", mire para todos lados buscando al chico pero nada, se escuchaba los sonidos nocturnos acompañado de la soledad. Por un segundo me relajé, soltando un suspiro a lo mejor todo lo había imaginado, como la última vez que vi un hombre con alas en mi cuarto observándome fijamente. Llevé una mano a mi pecho sintiendo a mi corazón acelerado, me acerque suavemente al tronco de un árbol, inclinándome ligeramente en este tratando de calmarme, sentía que alguien me estaba mirando. — ¿Vas a seguir espiándome? —Pregunté al aire, escuchando un pequeño gruñido como respuesta. —Eres una niña tonta...— Dante, salió de atrás de unos arbustos, cruzando los brazos sobre su pecho. —Y tú un niño caprichoso...— argumenté, imitando su posición, claramente no me iba a dejar de sus comentarios. Por unos minutos conecte mi mirada con la de aquel chico, trataba de intimidarme pero no iba a caer en ese juego, voltee la mirada hacía otro lugar percatándome de que había un pequeño riachuelo que pasaba un metro de mi posición, ignorando al pelinegro, me dirigí allá. Desde muy pequeña que sentido una conexión tan especial por ese elemento en particular, puesto que mi madre me ha enseñado ciertas cosas en el manejo de los cuatro elementos. Sin embargo mi madre me ha prohibido pasarme de la raya en cuando a mis demás habilidades, puesto que debo ser alguien "normal". Me incliné hacía el pequeño arrollo sintiendo el agua entre mis dedos, de mis labios se escaparon un suspiro, volteo la mirada a un lado de donde me encontraba para darme cuenta que él chico estaba sobre una piedra. — ¿Por qué llegaste a este bosque? ¿Eres una semidiosa? — ataco, el pelinegro con expresión seria. —¿Semidiosa?, como los de la mitología griega—Respondí, mirando al chico, me levante para sentarme en una piedra justo frente de él, al parecer le incomodaba mi presencia, pues en su mirada se podía ver a simple vista, pero no hizo nada por quitarse de mi lado. —Si estás aquí es por algo, deberías ir a la residencia celestial que queda más arriba de esta colina—Habló, señalando con su dedo índice un pequeño sendero entre el medio de unos árboles. —No lamento, no puedo ir, si mi madre me ve relacionándome con alguien me dejará ni un segundo sola en toda mi vida más si son algo relacionado con griegos—argumenté, bajando la mirada, empezando a mover mis pies algo inquietad, pues ahora sentía la energía que emanaba el chico era un poco oscura. — Oye, Luznell estas brillando como una luciérnaga—La voz del pelinegro me hizo regresar a la realidad sacándome de mis pensamientos, de nuevo el collar me estaba empezando a quemar, eso indicaba peligro. —Es hora de irme, si mi madre se da cuenta que me escape me va a regañar—me excuse, poniéndome de pie, acomodando en mi hombro el bolso de lado que cargaba. —Eres una niña muy rara...—Frunció el ceño, mirándome mal. —Y tú un Angelus Tenebris...—Rodee los ojos, acercándome a él, observé como el chico se tensó poniéndose en posición de ataque, como si yo le fuera haber algo, sin embargo no me atacaba, solo le di un beso en la mejilla, el rostro de Dante era una completa poesía, se quedó como si fuera una estatua o algo así. — Espero verte mañana por aquí... —Me despedí del chico, que aún seguía en ese extraño estado al parecer nunca le habían dado cariño o algo por el estilo para desaparecer en una ráfaga de luz.  Me quede estática viendo como la silueta del chico desaparecía en la oscuridad de la noche.  —Residencia celestial…— susurre las palabras mencionadas por el joven pelinegro. —Seguro es una broma…— decidí ponerme en marcha hacia mi hogar sin embargo esas palabras no dejaban de resonar en mi cabeza, realmente a que se refería ese joven tan extraño, entre a mi habitación por la ventana dirigiéndome inmediatamente a mi espejo de cuerpo completo, en el cual mis ojos quedaron perplejos al ver el tamaño de las heridas de mi espalda. —¡No, esto es malo!  — tape de inmediato mi boca al darme cuenta lo que había acabado de gritar, sin pensarlo dos veces corrí al baño en donde me mantuve en silencio, no pasaron ni dos segundos cuando resonaban pasos que venían a toda velocidad, sabía que mi madre había escuchado aquel grito. —¡Hija, qué paso!— gritaba mi madre un tanto histérica y con un todo muy preocupado. —¡Oh, nada madre solo es mi menstruación!—hable lo suficientemente alto para que me oyera, odiaba mentirle a mi madre pero no tenía más opciones era eso o decir que estaba herida por escaparme de mi casa. Pude escuchar un suspiro de alivio de parte de ella. —Tranquila madre, ve a descansar — dije en un murmuro para que se fuera tranquila, escuche la puerta de mi habitación cerrarse, quite mi suéter para desinfectar cada una de mis heridas. —Esto es doloroso…— sollozaba del dolor mientras ponía un poco de alcohol. susurre, bajando la mirada al suelo. Miles de pensamientos concomen mi cabeza, estaba realmente adolorida pero no me queda de otra más que soportar aquel punzante malestar el tiempo que sea necesario, porque no puedo dejar que mi madre se entere de lo ocurrido. Después de curar mis heridas decidí ponerme mi pijama, me metí en mi cama dispuesta a descansar sin embargo esas palabras de aquel joven misterioso no me dejaban conciliar el sueño, tome mi laptop dispuesta a investigar aquel lugar del que hablaba, puse en el buscador aquel nombre, pero no había algún resultado acerca de su existencia. Tal vez solo bromeaba, pero me confundía el hecho de que desapareció por una especie de magia, a lo mejor solo es una especie de deliro pero si lo fuera ¿Por qué tendría esas heridas en mi espalda?  Era una ilusión de mi propia mente o a lo mejor un juego engañoso. El tema me estaba empezando a marear pero por más que buscaba una solución coherente que respondiera por completo mis dudas no la encontraba. Por lo cual me dedique a relajar mi estado de nervios como primer punto favorable, para de esta manera analizar las posibles variantes de la situación. No sé en que momento mis ojos se quedaron observando un punto fijo del techo de mi habitación, pero fue demasiado tarde cuando el sueño me gano por completo, llevándome a los apocentos del dios Morfeo. Continuará...         

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