—¡Qué graciosa!... —Ironizo, mi hermano, rodeando los ojos, con una mueca en sus labios.
—Lo siento, solo quiero pasar un rato sola y también ver el bosque, me encanta los lugares así—Comente, moviendo lentamente mi pie, manteniendo la cabeza abajo para que no observará que le estaba mintiendo porque solía arrugar la frente.
La chica castaña no pareció convencida con mis palabras pero ni se inmuto en decir una palabra, solo se quedó observando, además que mi hermano me soltó el brazo para que yo pudiera irme, y así lo hice. Me empecé a alejar a pasos largos, desapareciendo lo antes posible del campo visual de ambos adolescentes; logrando escabullirme hasta los arbustos.
—Salvada por poquito...—susurré, arregostándome contra el tronco de un árbol, soltando un largo suspiro, para cerrar los ojos.
—Eres pésima mintiendo...—Aquel susurró en el oído me hizo pegar un pequeño grito asustada, solo por impulso empuje a la persona que me hablo en ese momento, haciéndolo caer al suelo.
Al abrir los ojos me di cuenta que era el hijo de Hades, sentado en el suelo con la frente fruncida y una mueca en los labios; Me cruce los brazos por observar aquella expresión, y también por su extraña manera de aparecerse. Sin embargo, deshice aquella acción para ayudarle a ponerse de pie.
Él acepto mi ayuda sin antes refunfuñar un poco, por mi parte solo rodee los ojos con una pequeña sonrisa en mis labios.
Abrí mi boca para pronunciar unas palabras, pero de golpe me callé al observar como aquella esfera que habíamos visto hace un momento atrás pasaba por el frente de nosotros, le di un pequeña palmadita en el hombro a Dante, empezando a correr en dirección a donde se dirigía, siendo seguida por el pelinegro.
Llevaba unos minutos corriendo entre el bosque, hasta que en el horizonte se capta lo que era una superficie azul, como si del mar se tratase, por suerte pare de golpe, por poco caigo por el acantilado. La esfera se quedó estática frente a nosotros, pues el hijo de Hades ya se encontraba a mi lado, nuestras respiraciones se encontraban agitadas, escuchando el choque de las olas.
—Una de esas fue la que me llevo a tu casa el otro día... —Comentó, mi acompañante más calmado.
No agregue nada solo extendí una mano hacía esta, para poder tocarla, solo con hacerlo sentí una sensación muy cálida, que me hizo reír de sobremanera demostrando completa felicidad, por la paz que transmitía.
—Tócala... —susurré, sin quitarle la mirada de encima a esa esfera de energía pura, con un toque oscuro.
Este dudo unos segundo entre hacerlo y no, pero su curiosidad fue más grande que accedió, dándose cuenta por sí mismo que no estaba exagerando cuando le decía aquello. No obstante, no contábamos con que la luz que emanaba esta empezará a volverse fuerte a tal punto, que arrojo a unos metros hacia atrás, provocando que me chocara con un árbol. De mis labios se escapó un pequeño gemido de dolor, mientras que por el otro lado donde sentí que cayó el chico también se escuchó algo similar, solo pude pensar en colocarme de pie y así lo hice.
—Nota mental, nunca hacerte caso...—agregó, el pelinegro, poniéndose de pie de igual manera.
Por mi parte dirigí la mirada al frente al percibir algo extraño que había salido de aquella esfera. Efectivamente se encontraba alguien parado allí, mi corazón se aceleró violentamente, creo que era más por el hecho que me aterraba la idea de que hayamos liberado a una especie de espíritu o algo así.
—Espero no haberlos lastimado, solo soy un enviado para orientar en su misión...—Habló una voz profunda.
Una figura de un hombre unos años mayor que yo se hizo presente, al momento de disiparse la luz, note mejor su cabello castaño largo y ojos verdes, además del atuendo que tenía puesto era una armadura clásica de un ángel guardián.
—¡Genial!, ¡Serás como mi propio Virgilio!, es una lástima que no haya terminado la divina comedia—susurré, impresionado por las palabras de aquel extraño ser, sentí un golpe en la cabeza.—Y quedaría perfecto, ya que tu nombre es Dante...
—¡Toma tu Virgilio!... —exclamó, el hijo de Hades, que me había golpeado para que dejara de decir idioteces.
—Me llamo Azarel, soy uno de los cuatro hijos nacidos de un amor prohibido entre un ángel y un demonio...
—¡Esto es raro!, primero pasa todo esto y ahora un chico viene ayudarme a una "misión" —hice comillas con mis dedos en la última parte para continuar. — ¿Qué ni yo misma sé que es? —aclaré la garganta.
— Pronto lo sabrás-Azarel informó, levantando el dedo índice con una sonrisa arrogante en sus labios.
— ¿Yo que tengo que ver en todo esto? — habló Dante, que se encontraba a mi lado, gire suavemente la cabeza para observarlo con el ceño fruncido.
—Hijo de Hades, no estás aquí de gratis, haremos que los mundos divinos se vuelvan a unir así como lo deseaba mi madre y otros seres más... —La voz del chico nuevo era sumamente grave pero con un toque encantador.
—Creo que se equivocaron de persona, yo no tengo nada que ver con ustedes—El hijo de Hades, guardó sus manos en los bolsillos de su chaqueta, para dar media vuelta y empezar a alejarse de nosotros.
Miré al chico irse con una mueca en mis labios, para volver una vez más la mirada al ser que se encontraba justo al frente de mí, percatándome que este solo se encogió de hombros como si esa acción ya fuera algo "común". Negué con la cabeza al ponerme a pensar mejor las cosas... Yo solo deseaba conocer la parte heredada por mi padre. No obstante, de solo imaginar lo que pasaría si lo que dice el mestizo de ángel y demonio, eso era algo muy delicado o simplemente provocaríamos la tercera guerra entre mundo celestiales, la primera fue por los padres de él, la segunda fue por mi nacimiento y de solo pensarlo es peligroso.
Continuará...