Prefacio (1ra parte 1.1)
NARRADO POR EVELYN-----------------------------------
Últimamente pensé que ropa ponerme para la celebración de mi cumpleaños, y se me ocurrió salir a comprar. Me movilicé rumbo hacia mi objetivo. Llegué hacia una tienda, logré ver un atuendo que me había llamado la atención, aproximé mis pasos para tomarlo. Decidí caminar rumbo al vestidor para probar aquel atuendo, el cual lo hice sin demora. Me encantó como me quedó. No pensé que me iba a quedar de esa manera. Salí del vestidor cuando yo me había probado el atuendo, realmente no me gustaba probarme ropas en vestidores, y me topé con un hombre saliendo del vestidor. No pude negar que me enojé a gran cantidad.
—¿Entretenida señorita? —me cuestionó él mirándome muy seria.
Divagué mi mirada por unos instantes, y le di una mirada al sujeto. Me miraba muy serio, podía notar incomodidad en sus ojos en breves segundos. Quizás por el silencio. Era momento de disculparme aunque fuera él, el culpable.
—Disculpe señor, no sabía que usted estaba tan cerca... —detuve mi voz para escuchar su respuesta a mis disculpas.
Ese hombre poseía un aire un poco extraño, y lo dejé expresarse.
—Preste atención cuando camine —determinó él en un tono seco.
Se veía la frialdad en él. Su forma de expresarse.
—¿Acaso no le bastó lo que dije? ¿Va a reprocharme por eso? —le hice dos preguntas incómoda por su forma de expresarse.
Lo veía como que se estaba poniendo un poco mas serio. Cada vez endurecía su mirada. Se veía exitante,voy enigmático a la vez. Por lo visto, no le estaba agradando en lo absoluto lo que yo le había dicho. No me importaba en lo absoluto.
—Si supieras quien soy yo, no me hablaras de esa manera —pronunció él.
—No me interesa saber quien eres —le dejé dicho claro a él.
Aquel sujeto me miró mal por lo que yo le había dicho, y se apartó de mí lentamente sin volver a decir ni una sola palabra. Por mi parte, avancé mis pasos como sino hubiese ocurrido nada. Pensé en aquel sujeto extraño, y en esa pequeña disputa que tuve con aquel caballero. De un momento a otro, alguien me detuvo. Lo miré extrañado, observé aquel desconocido que me miraba, y no decía nada.
—¿Quién eres? —decidí preguntarle a él.
—Te detuve para advertirte de aquel sujeto con el que tuviste una pequeña disputa, muchacha. Trabajo aquí, y al parecer no sabes quién es. Ese sujeto es Charles un mafioso, creo que estás entendiendo todo —me informó él.
—Oh, ahora entiendo lo que ese idiota me había dicho —di mi comentario al respecto.
El muy idiota no me dijo quien era. Se quedó en silencio. Odioso e imbécil.
—¿Lo estás entendiendo? ¿Ya vez? Es que yo no no me he equivocado. Mira, en verdad. No debiste de discutir con aquel sujeto. Pero ya sabes, la próxima vez haste de cuenta que no ocurrido nada —sonrió aquel muchacho.
—Te entiendo. Pero no tengo problemas con ese tipo de gente. Fue sólo un incidente con ese tipo que está olvidado —fue lo que dije al respecto sin darle la más mínima importancia.
—Muy bien, te entiendo perfectamente. Pero ten cuidado. Nunca sabemos lo que pueda suceder. La mafia es sinónimo de muerte —dicho esto, él tomó la decisión de retirarse.
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Culminando la celebración de mi cumpleaños número veintiuno, Carola se había acercado a mí para darme algo que se encontraba en una caja. Esa mujer se le había ocurrido llegar a mi con aquello.
—Aquí tienes algo importante que tu padre me había encargado para este momento —dijo ella emprendiendo sus pasos hacia mí lentamente.
Dejé mi mirada fijada hacia aquello que ella tenía en sus manos. Yo estaba ebria y en silencio. Lo que pensé es que no era momento. Se había apresurado. Era obvio que ellos quería insistir. En vez de haberlo dejado para el día siguiente.
—¿No será mejor conversar mañana Carola? ¿Qué me dices? —realicé dos preguntas en medio de mi estado de ebriedad.
—No, señorita —negó ella rotundamente—. Lo que quiero conversar contigo es ahora. No es mañana y ni nunca.
Posó unas de sus manos por su espalda baja, dejando su mirada fijamente en mí.
—Sinceramente, no lo puedo creer —dije agobiada.
Baje luego mi mirada hacia abajo, y detuve mi mirada justamente en donde ella tenía un sobre. Suspiré profundo, y esperé a que ella volviera a hablar.
—Evelyn, días antes de tu padre fallecer. Me dejó un sobre con una nota para ti. Me dijo que cuando cumplieras veintiun años de edad, te diera esta carta —extendió su mano la cual sostenía un sobre y con el iba avanzando sus pasos, y se detuvo justamente frente al escritorio en dónde yo me encontraba.
Dejó aquel sobre en la mesa, y se retiró del lugar. Dejé mi mirada fija en aquel lugar. Respiré profundo y analicé sobre si yo pudiera quedarme o no en aquel lugar a leer aquello. Pero estaba ebria como para prestarle atención a aquello que mi padre me había dejado escrito.
—Quisiera saber, qué rayos papá me había dejado escrito —suspiré pensativa—. Me imagino que será algo importante.
Quité mi mirada del escritorio, traté de levantarme, y me llevé conmigo aquel sobre. Aproximé mis pasos hasta mi habitación, en la cual puse en reposo mi cuerpo hasta el día siguiente. Me levanté de donde yo me encontraba, dormí lo suficiente. Recordé aquel sobre, y me animé en leerlo.
Más tarde, ya estaba lista para bajar a desayunar. Casualmente me topó por sorpresa poder encontrarme con Berto, un hijastro de mi padre. Berto emergía una sonrisa ladina y descarada.
—Berto... Se puede saber que haces tú a esta hora en este lugar —me expresé mientras yo bajaba las escaleras.
—Vine a felicitarte y celebrar contigo —me contestó él.
—Yo tenía mucho que no te veía en persona. ¿En dónde estabas? —continué curiosa.
—Evelyn, convercemos de esto luego —esa fue su respuesta que por cierto no me agradó.
—¿Te parece poco Berto? A mí me parece como extraño que estuvieras en este momento —le dije la verdad.
—Querida hermanita. Descuida. Sólo quiero que podamos conversar tranquilamente sin que nos puedan interrumpir —aseguró él.
Seguimos hablando de lo mismo por un rato. Berto me acompañó a desayunar. Y nos retiramos hacia el jardín.
—¡Evelyn! ¡¿Leíste la carta?! —exclamó Carola.
Está al ver a Berto se detuvo en seco, y engrandeció sus ojos.
—Buenos días, Berto. No sabía que estabas aquí —se expresó Carola un poco extraña.
Berto la miraba con mucha curiosidad. Cómo si quisiera decifrar algo. Aparté mi visión de mi hermanastro, y coloqué mi mirada sobre el maravilloso paisaje que estaba frente a mí. Ambos tuvieron una conversación la cual no presté mucha atención. Luego Carola se marchó, y quedé justamente con Berto.
—¿Será qué me podrás contar sobre aquella carta que nuestro padre había dejado? —preguntó Berto una vez solos de nuevo.
—Es un secreto —le contesté sin apartar mi visión de donde yo la tenía.
—A ver hermanita.... Sé que es un secreto. Pero quizás te pueda ayudar. En verdad sería bueno poder conversar algunas cosas —emitió él.
Vacilé por unos segundos. Pero la insistencia de mi querido hermanastro me tenía un poco intrigada. Podría asegurar de que algo él tenía conocimiento.
—Berto, quisieras que me digas todo lo que sabes —pronuncié algunas palabras y puse mi visión sobre mi hermano.
—Tienes que decirme que dice esa carta para ver si te puedo ayudar —dijo él.
Noté que Berto sabía algo, como Carola. Aunque no lo quisieran admitir.
—Papá mencionó a alguien muy peligroso... —pausé.
—Ah, Charles —sonrió él—. Sé quién es ese imbécil y conozco algo de algún enredo que tuvo con con tu padre... ¿Te interesa que te diga toda la verdad?
Verdaderamente mis sospechas resultaron muy ciertas. Berto sabe más que yo. No dude en lo absoluto en querer conversar con él, después yo iba a tener alguna plática con Carola.
—Aveces pienso que Carola fue predilecta por papá, Berto —di un comentario breve.
—Tu papá tiene un diario que porta información importante con respecto a algunos negocios que había dejado para ti, propiedades y dinero que nadie sabe. Por eso es importante que lo encuentres. Asegúrate que Charles no lo encuentre —me informó Berto.
—Tengo que saber que problema tuvo papá con ese hombre y su padre —mencioné algunas palabras.
—Su padre, Evelyn —corrigió él—. Se te hará difícil llegar a ese diario, que de por cierto necesitas una llave para abrirlo. ¿Y adivina quién tiene la llave?
—¿Quién? —pregunté extrañada.
—Carola —respondió él.
—¿Estás bromeando? —pregunté en forma de broma.
—No bromeo, Evelyn —afirmó él.
—Cómo demonios voy a tener contacto con el imbécil de Charles —mascullé en forma de pregunta.
—Hermosa, no es de preocupación. Se me ocurre una idea —sonrió él, realizó una pausa breve—. Evelyn. Me parece que la mejor opción es dejar tu vida cómoda, e irte a vivir en la casa de Charles como empleada —sugirió él.
—Berto, tu idea es buena. Pero me parece algo... —estuve vacilando por breves segundos—. ¿Que te puede asegurar a ti que eso me vaya a funcionar?
Respiré profundo. Esperé que diera una respuesta clara.
—Durante años estuve estudiando algunos puntos. Yo conozco unas de las amantes de Charles, y ella nos podría ayudar —me dió una breve explicación.
—¿Eso crees? Creo que tenemos que conversar más profundamente al respecto. Pero no pienso emplearme a esa casa —dejé mi punto visto.
—Espera, espera. Evelyn. Piensa bien lo que vas a decir y a hacer. Ahora mismo no te queda mejor opción que quedarte a vivir en la casa de Charles —siguió con lo mismo.
Odié su idea. Me pareció algo tan mal vista su proposión.
—¿No hay otra forma? —pregunté un poco incómoda.
—Claro, que puedes Evelyn. El diario de tu padre debe de estar en el estudio de Charles. Pero recuerda que se abre con una llave que él no posée, y seguramente puede buscarte para saber que es lo que hay allí adentro. Quizás puedas resolver algunos asuntos que tú padre había dejado en el pasado. Posiblemente tu padre le dejó dinero debido. ¿Y sabes? Debieras de tratar de conseguir algunas respuestas, porque puede que ese problema llegue a causarte problemas a ti —se expresó él dejándome pensativa.
—Siento que el dinero no fue suficiente. Hay secretos que tengo que descubrir al respecto. Hay cosas ocultas. No entiendo lo que ha ocurrido en verdad —di mi comentario pensativa.
—Vamos a descubrirlo —dijo él.
Berto y yo hablamos al respecto de muchas cosas. Finalmente decidí aceptar lo que Berto había propuesto. Era la forma más eficiente de yo poder obtener el diario de mi padre. Estando en la casa como sirvienta. Era obvio que Charles desconocía por completo las informaciones que portaba el diario. Que no solo había palabras escritas, sino que también habían documentos puestos por mi padre. Berto, Carola y yo teníamos muchas cosas que resolver. E incluso pensé en contactarme con el abogado antiguo de mi padre.
—Me gustaría Berto que te quedaras a vivir conmigo —propuse yo.
Él rio un poco sin darme una respuesta inmediata sobre el asunto.
—¿Sabes que tengo vida propia? —cuestionó él.
—¿No estabas dispuesto a ayudarme? ¿Qué ocurre contigo idiota? —de inmediato le cuestioné yo a él.
Volvió a reír.
—Tranquila, Evelyn. Me parece algo apresurado lo que me propones —contestó él después de haberse reído.
—No es apresurado imbécil —arremetí en contra de él.
Respiré profundo. Tomé sus palabras como algo en broma de no preocuparse tanto.
—Wow, si que no puede ser fácil lidiar contigo Evelyn.
—No sabes la magnitud del problema. Sabes muy bien lo que es la mafia, y que no es algo tan simple hermano. Nos estamos arriesgando. Quisieron tratar de lidiar con aquella deuda antes de que se acretezca el problema.
—Así es como debes de pensar, Evelyn. Sólo que te voy a recordar que cualquiera de los dos puede morir —dijo él diciendo verdades.
—Eso lo sé. Pero debemos de intentarlo —traté de mediar esa situación.
—Es un problema —comentó él.
Era obvio que sabíamos a lo que nos íbamos a enfrentar. Pero estábamos listos para expresar ciertas verdades. Teníamos un reto y grandes investigaciones. Según la carta de mi padre mencionaba algunas personas que yo debería de contactar. Pero en ningún momento mencionó a Berto. Según Berto, él permaneció en secreto investigando, y tratando de juntar información suficiente. Mi padre declaró a Beto como su hijo legal antes de morir. Quizás habían conversado anteriormente. Según Berto, no le gustaba mucho el compromiso. Cosa que me hacía dudar a veces.
—Creo que tengo una conversación con Carola —dije finalmente.
Berto me acompañó a conversar con ella, y nos dimos cuanta de que Carola sabía más de lo que pensábamos.
—Duré años trabajando para tu padre, y créeme que la deuda económica no era lo único que el señor debía. Al parecer había un problema de falda entre tu padre, y el padre de Charles —Carola nos contó.
—O eran gays —pronunció Berto.
—Problema de falda... El problema es como vamos a tener información al respecto. No conocemos a alguien allegado a él —dijé algunas palabras dudosa.
—Creo que... Sería bueno decir la verdad —dio su comentario Carola.
Me quedé extrañada. No sabía a qué ella se refería. Pero como que sentía que algo importante iba ella a emitir. Decidí quedarme expectante en espera de alguna respuesta.
—Creo que debemos de conversar más seriamente —dijo Carola de una manera dudosa.
—¿Mas curiosidades Carola? —pregunté yo.
—Recuerda, Evelyn. De que hay mucho misterio que resolver. Además no sabemos con que sorpresas nos podríamos encontrar. ¿No lo crees? —se detuvo, analicé sus palabras y tenía razón.
Íbamos a transitar por un camino lleno de sorpresas. Por lo tanto, traté de mantenerme firme, y en silencio por un rato. La conversación se extendió por un rato más.
Esa misma tarde Berto y yo decidimos llegar hasta la antigua casa de mi padre en Florencia. El trayecto fue un poco largo, llegando se nos ocurrió que Carola hubiese sido una buena compañía. Concluimos finalmente dejarla aparte de todo por el momento. Nos adentramos hacia la casa, y pudimos revisar todos los rincones, cajones, encontramos documentos, fotos...
—Nunca se nos ocurrió venir acá —rompió Berto el silencio.
—Es verdad. Tenía años que yo no venía hacia acá... Pensé que tú sí habías regresado —respondí mirando hacia unos de los estantes de la casa.
—No regresé hacia acá. Y cambiando de tema... Tenemos que saber quiénes son todas esas personas en las que se ve tu padre —sugirió él.
—¿No sabes cómo era físicamente el padre de Charles? —pregunté yo de repente.
—No lo recuerdo muy bien que digamos. Él era un hombre alto, siempre andaba con un sombrero y unas gafas —me contestó él según como pudo.
—Ah, perfecto. Lo sabrás definir —di mi comentario.