NARRADO POR EVELYN------------------------
Obtenido el diario, Berto, Carola y yo, nos marchamos de la casa con la excusa de que Berto estaba enfermo. Finalmente habíamos logrado nuestro objetivo. Me sentía completamente feliz. Logré obtener lo que mi padre me había dejado. Micaela y yo quedamos en contacto. Ocurrió algo que nos hizo quedar en contacto. Micaela quedó al descubierto, mientras que yo no. Pero sólo entre ambas, o sea que pude darme cuenta del secreto de Micaela, y motivo de la llegada de ella en aquella casa. Al parecer el padre de Charles había mandado a robar algo importante al padre de Micaela que ni ella misma sabía que era. Según ella, estaba a punto de descubrirlo. Parece que le robó algunos documentos de propiedades. Entendí que a papá le pasó lo mismo, parece que el padre se Charles sabía que el diario contenía algo importante. Según Zena, ningunos sintieron la necesidad rápida de querer saber que era lo que portaba aquel objeto.
—Berto, nuestra amiga Micaela me dijo que Charles puso algunos hombres a buscarnos desde que se dio cuenta que no estábamos trabajando en la casa —le informé a él para que estuviera al tanto.
—¡¿Que?! ¿Sabes qué eso significa? —se exaltó él.
—No te alteres, Berto. Charles vive en Nápoles, y nosotros en Roma —le di un sorbo al café y volví a poner la taza sobre el plato pequeño.
Por el momento, no era motivo de preocupación. No era momento de alarmarse.
—¡¿Estás tomando eso a la ligera?! —me reclamó él a mí.
Berto al parecer no quería calmarse. Después hice un breve análisis de que sustuve sexo con Zena.
—No, hermano. No estoy tomando eso a la ligera. Pero no debemos de alterarnos. Sólo busquemos solucionar nuestros asuntos, y nos iremos de este país —respondí dando una solución, respiré para continuar—. Pienso reclamar lo que es mío. ¿Comprendes? Después que yo termine de reclamar todo lo que dejó papá, nos iremos de aquí. ¿De acuerdo? Si quieres irte, vete. Cobarde.
—¡Evelyn! ¡Tienes que escucharme! No estás tomando en serio lo que te he dicho. ¿Piensas mantenernos en una balanza floja? —se expresó él un poco incómodo.
Berto por lo visto no quería bajar la guardia. Se encontraba incómodo, y un poco desesperado. Por mi parte, no iba a alarmarme. No era motivo de alarme. Esa era la verdad.
—Berto te entiendo. Pero entiende que no puedo dejar ni un cabo suelto —traté de calmarlo a él.
—Evelyn ese hombre... —detuvo su voz y me quedé mirando su semblante un poco tenso.
Realmente lo atormentaba a él. Berto estaba preocupado por él. Iba a tratar de tranquilizarlo.
—Lo sé, Berto. Sé quién es ese hombre. Sé de lo que es capaz, y que la mafia no perdona. Pero créeme, debemos de mantener la calma en estos momentos. Si quieres marcharte, pues márchate —dejé algunas palabras de alivio.
En ese caso, yo no iba a detenerlo.
—No te voy a dejar, Evelyn —fue lo que dijo él al respecto.
—Por lo tanto, quiero que mantengas la paz Berto. No es para tanto. Todavía no hemos tenido ningún roce con Charles para alarmarnos —intenté de calmarlo a él.
Resopló frustrado. Y al final decidió hacerme caso, Berto asintió dándome un alivio sus palabras.
—Bien, vayamos hacia el notario. No puedes quejarte, papá te dejó propiedades a ti también —quise resaltar aquel hecho y quería cambiar de tema.
Papá no dejó a Berto afuera en nada. Como él había explicado con anterioridad, la mamá de Berto había compartido algunos bienes con él. Papá fue consciente de que a él sí le tocaba lo que le correspondía. Y por amor a él, le dejó algunas pertenencias. Mi papá era un hombre fuerte, justo, social... Un lío de falda lo enrredó a él enormemente, no dudaba ni un segundo que aquel problema pudo haber sido por una mujer, quizás la mamá de Charles. Ciertamente, esa era una historia real. El papá de Charles junto con mi papá discutiendo por mujeres. En realidad ambos no se llevaban bien. Mi papá al parecer no le importaba el peligro, por lo visto.
—Evelyn, no me quieras cambiar de conversación querida. Quieres omitir lo que te he dicho con anterioridad. Pero no lo vas a poder omitir —se expresó Berto.
Lo miré fijamente pensando en lo que él había dicho. Berto no iba a detenerse, y yo tenía que buscar una manera para que él olvidara por unos días a Charles. Conocía a Berto, y sabía que por unos días no iba a bajar la guardia. Él tendría más de una razón para temblar. Aveces era difícil tratar de convencerlo. Me tocaba una tarea ardua y difícil.
—Charles no vive en esta ciudad. Aquí estamos seguro por el momento, Berto. Además no hemos hecho nada para que nos mate. Si nos ve, sólo nos va a interrogar y a mandar una advertencia nada más. Sólo es cuestión de seguridad —traté de convencerlo a él.
En definitiva, no valía la pena alarmarse. Deberíamos de estar preparados para cualquier eventualidad que podría presentarse.
—Tú, Evelyn. Como siempre. No te vale nada lo que te digo. Pero está bien, será como tú digas. Que conste, que te advertí —dejó dichos él algunas palabras.
Ma adelante, nos desplazamos hacia el notario, y de ahí pudimos transferir todo lo que nos tocaba. Meses después, ya tuvimos todo en nuestras manos. Y comprendí un poco de la persecución del padre de Charles hacia mi padre. Micaela tenía una situación parecida hacia la mía. Le dije a Berto que él debería de tener cuidado, ya que a él le dejaron una parte.
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Berto decidió quedarse a vivir conmigo. Yo tomé la decisión de comprar un apartamento nuevo, para evitar de que quizás nos podríamos seguir a nosotros con laguna intención no muy buena. Me acordé de Micaela, y quería ayudarla. Pero tampoco yo no quería meterme en problemas por aquello.
—Berto, he pensado algo... Micaela me dijo que estaba apunto de descubrir que era lo que Charles ocultaba del padre de ella. Yo quisiera ayudar, pero siento algo de temor. No quisiera regresar hacia aquel lugar. Ayer la vi a ella, y el conté sobre nuestra situación, y nuestro objetivo allí. Lamento no haberlo sabido antes —me expresé sobre el asunto muy pensado en mí cabeza.
—Creo que quizás lo hubiésemos descubierto. Me imagino que le contaste donde podría estar —dijo Berto.
—Por supuesto, Berto. Ya he conversado con ella muy seriamente. ¿Quieres qué podamos tomar una charla más amena con ella? —me giré para visualizar a Berto, y lo veía con una copa de vino.
—Evelyn... —mencionó mi nombre, y se volteó lentamente hacia mí con una sonrisa amplia—. ¿Quieres ir a ajustar cuentas con Charles? ¿Esa es tu excusa de volver?
Enarquée una ceja. Berto se había atrevido a decir aquello, sabiendo muy bien de que yo era la primera que no quería toparme con Charles.
—No me interesa toparme con aquel idiota —esa fue la respuesta que yo le di a él.
—¿Por qué quieres ayudar a Micaela? ¿Vas a intentar de hacerlo? ¿Cómo lo harías entonces? —realizó algunas preguntas él.
—Quisiera ayudarla, pero no quiero estar presente —le contesté con la verdad.
—Ah, bueno. Entonces tú no quieres estar presente. Pero cómo sería eso —mostró su interés.
—Creo que ella tiene algo planeado. Si me lo cuentas, quizás la podríamos ayudar —di mi opinión.
—¿Qué haremos Evelyn? Vamos ayudar a la pobre Micaela. Y recuerda que Paul y ella se revuelvan —se expresó Paul.
—Hablemos con ella de nuevo. Es mejor que dure mucho tiempo allí. Vamos a ayudarla —respondí.
—Muy bien. Charles pronto estaría en Inglaterra, y sería una oportunidad para hacerlo. Podremos guiarla a ella —dio Paul una idea.
—¿Cómo el día que lo hicimos? —cuestoné yo.
—Sí, cómo ese día. Me gustaría estar ahí —me contestó él queriendo ser involucrado.
—Berto, podría ser arriesgado para ti —opiné un poco preocupada por él.
—¿Arriesgado? —realizó una breve pausa—. Recuerda que hemos estado ahí anteriormente, y podemos hacer una excepción por una noche. ¿Puedes comprender?
—¿Crees voy a acompañarte a estar ahí de nuevo? ¿Estás verdaderamente loco? Es más fácil poder ocultar una persona. Pero dos sería algo un poco complicado, y se estaría forzando a Micaela. Te voy a pedir que mejor olvidemos eso. Ve tú sólo con ella. O dale algunas coordenadas. Oriéntala.
Él me miraba sin volver a decir nada más. Quedó completamente mudo. Su mirada no decía nada en particular. Sólo había entre silencio entre ambos en medio del silencio.
—Ah. ¿Entonces no quieres acompañarme? —lo escuché protestar.
—¿Para qué tú quieres que yo te acompañe? No voy a exponerme. Conseguí lo que quería. En el caso de Micaela, con un poco de orientación podrías brindarle tu ayuda. Si quieres ir, pues ve. Pero no me quieras insmicuir en aquella operación —me expresé con la verdad.
—No, no. No. No puedes decirme que no, Evelyn. ¡Ayudemos a Micaela juntos! —no quiso dejarme tranquila.
—Berto, por favor. Ve tú. No quiero ir —le pedí a él.
—¡Evelyn! —gritó mi nombre en modo de protesta.
—¿Me quieres ayudar por favor? —volvió a pedírmelo en forma de pregunta.
Lo miré por breves instantes. Mis respuesta iba a ser la misma.
—Ya te lo dije, hermano. No pienso ir —le contesté.
—Evelyn. Por favor... —me pidió él, hizo una breve pausa.
—Berto, ya te contesté. No pienso arriesgarme. Obtuve lo que quise —le dejé claro.
—Por lo tanto, no te interesa ayudar a los demás —Berto se quejó.
Tomé un respiro profundo. Analicé sus palabras. Él estaba muy emotivo en querer ayudar a Micaela. Yo quería ayudarla, pero no quería correr el riesgo.
—Hemos conversado sobre eso, Berto. Lo voy a pensar —dije algunas palabras con el fin de analizar algunas posibilidades—. Sólo dime... Cómo demonios vamos a estar allí. Con qué excusa saltará Micaela.
—¿Con qué excusa Evelyn? —me cuestionó él a mí y se echó a reír—. Ya eso está planeado —sonrió luego.
Lo miré extrañado. No comprendía sus palabras. Estaba planeado todo. Me preguntaba qué tendrían planeado ellos.
—¿Me podrías decir? —pregunté curiosa.
Lo veía sonreír con malicia. No tenía finalidad de responderme por el momento.
—No pienso decirlo, por el momento —me respondió él a mí.
—¿No piensas decirlo? ¿Estás seguro? ¿Por qué no quieres decirme? —le hice algunas preguntas.
—Evelyn, me parece que tú tienes algo pendiente que realizar hoy —me recordó algo él a mí.
—Tienes razón —fue lo que dijie al respecto.
Tomé un respiro.
—¿Piensas salir con Octavio?
—Por supuesto, Berto.
En la hora de la noche, me había preparado para salir con Octavio. Era más que un amigo. Salíamos juntos, teníamos sexo. Pero nunca me enredé seriamente con él, como él había querido. Esa noche pasó por mí por un buen rato. Íbamos a pasear por un buen rato.
—Me agradaba más tu otra casa en dónde vivías Evelyn —se expresó Octavio.
—Es un cambio de última hora. No pienso volver a vivir allí —dejé dicho yo.
—Oh, yo no podría entender algunas cosas de ti. ¿Ha ocurrido algo? ¿Qué me puedes decir tú a mí? —me hizo algunas preguntas él a mí.
No podría decirle a ella en totalidad todo lo que me ocurría. No podría exponer mi vida. A pesar de que él solía tener conocimiento sobre mi vida.
—Hay cosas Octavio que yo no podría decirte —suspiré por un instante—. No te imaginas de algunas asuntos personales —quedé pensativa.
Octavio aún no emitía nada, y ni yo por el estilo. Llegamos a una plaza, en la cual Octavio llegó a parquear el auto. Nos mobilizamos lentamente debatiendo en donde nos íbamos a quedar, y llegamos a la conclusión de quedarnos en un centro de comida rápida.
—Te noto seria Evelyn —Octavio comentó.
Estuvimos uno al lado del otro. Obviamente analicé sus palabras por unos segundos.
—¿Eso crees Octavio? —suspiré por un instante—. Me detuve a realizar un análisis en mi cerebro. Tenía tanto tiempo que no venía aquí, y recordé un hecho que de por cierto no recordaba.
—¿Recuerdos de quién Evelyn? Puedo ponerme celoso —se rio luego.
Pude escuchar sus risas.
—No bromees de esa manera —fue lo que dije yo.
—¿Que no bromée? ¿Te molesta una broma? Debes de ser más empática con las personas —se expresó él.
—Te he puesto al tanto de muchas cosas, y principalmente de mi vida personal... Sabes perfectamente que nunca he querido tener una relación completamente seria contigo. Al primer disparate de tu parte, te voy a mandar al demonio, y lo sabes —le contesté dejándole las cosas bien claras.
—Ah, no pensé que nosotros íbamos a Sete lugar a estas alturas. Pensé que ibas a estar comprometida o algo por el estilo —dijo él en tono bajo.
—Pues mira que no. Mira que aún no me he comprometido —tomé un respiro.
—Dime algo... ¿Amas a alguien?
Por unos segundos breves no dije nada, y pensé en algo rápido.
—Es que en verdad Octavio... Yo quisiera... Poder estar con alguien... Pero no amo a nadie... ¿Puedes comprender?
Octavio me miraba, y me miraba. No decía nada.
—Estar viviendo tu vida como soltera —Octavio rompió el silencio.
—Ciertamente... —contesté.
Octavio de un momento a otro, me empezó a tocar, no iba a protestar. Solía hacerlo. Él sabía de que no me agradaba en lo absoluto su actitud de conquistador hacia mi persona pero lo hacía de todos modos.
—¿Quieres más? —preguntó él.
Desvíe mi vista, y lo veía seriamente. Con sus labios señalaba algo, giré mi rostro, y lo veía mirar hacia una botella de cerveza. Entendí a qué él se refería, pues entendí que era otra cosa.
—Era eso —eso fue lo que dije yo.
Más tarde. Ambos decidimos movilizarnos hacia un lugar un poco apartado. Después llegamos hacia mi apartamento, y amanecimos juntos.
Al siguiente día. Ambos estábamos sentados en la sala de estar muy cómodamente. De pronto Berto se aparece ante nosotros en boxer comiendo un pedazo de pizza.
—¿Qué demonios haces tú aquí? —le pregunté yo a él.
El hizo caso omiso, y siguió desplazando sus pasos.
—Cállate, Evelyn —me contestó con la boca llena.
—Respóndeme —insistí.
Lo veía que continuaba movilizándose lentamente. Después llegó a sentarse en un silla.
—Oh. Mira que maravilla... Evelyn no me quiere ver porque Octavio está a su lado —me atacó él.
—Voy a acribillarte, imbécil —le dije yo a él.
—¿No será mejor irte a otro lugar? —esa fue la pregunta de él hacia mí.
—No, Berto. Este es mi apartamento y por lo tanto, yo hago lo que yo quisiera —le contesté yo a él.
—Venir y traer tu amante es uno de tus hobbies favoritos —se echó a reír él.
Octavio no tenía intención de decir nada. Berto y yo tuvimos un pequeño diálogo por un buen rato. Después se marchó y nos dejó solos. Octavio regresamos hacia mi habitación de nuevo.