Capítulo 3

550 Words
Elizabeth habia recogido los regalos de su amigo y los habia guardado en el armario. Con tanta discusión hasta se le habia olvidado preguntar lo de los horarios, y si podía salir de la mansión. —¡Puff! Esto es ridículo — dijo ella al aire. No tenia porque andar pidiendo permiso como si fuera un perrito de la calle adoptado por un millonario. Siempre imagino que la gente que poseía tanto dinero seguro creía que el mundo estaba a sus pies. ¿Acaso era eso lo que pensaba James Campbell? ¿Qué era el puto amo del juego? No. No sobre ella. No en su mundo Tarde comprendió, que este mundo ya le pertenecía a él. Unos toques se oyeron en la ventana, y ella giro hacia esta. Casi se cae de la cama cuando vio al muchacho guindado en el barandal. Se levanto enseguida y fue corriendo a abrirla —¿pero que haces aquí? ¿Cómo rayos llegaste hasta aquí arriba? El muchacho como pudo entro una pierna por la ventana —todo estaba cerrado, y tu celular estaba apagado Ella lo saco del bolsillo y se dio cuenta de que tenia razón, se habia descargado. —¿Qué haces aquí Alexander?¿Acaso no te habías marchado ya? —Se me olvido darte esto —dijo extendiéndole una carta — la escribí yo mismo, es para Sara —No me digas — soltó ella —¿es para Sara? jamás lo hubiera imaginado— soltó sarcástica —Solo tienes que dársela. La chica lo miro incrédula —¿te has infiltrado en la mansión de un rico petulante, escalado una ventana hasta un tercer piso solo para darme una jodida carta? —Lo que hace el amor — soltó no muy seguro de que esa fuera su mejor excusa—aunque viéndolo ahora desde esta perspectiva, quizás no fue buena idea. —murmuro mirando a través de la ventana hacia abajo contemplando la altura de una muerte inminente—De hecho, pensándolo mejor ¿crees que pueda irme por la puerta esta vez? No quisiera tener que irme por donde vine. Escalar es una cosa, bajar… pues es otra muy distinta. —Tu ya enloqueciste. —ella lo miraba con ojos muy abiertos —Era mejor colarme aquí, que en casa de Sara. Su padre es un hombre aterrador, y me mataría Elizabeth no contesto, pero ella también sentía muchas ganas de querer matarlo. —Bueno, claramente estas consternada por la confusión, asi que ahora me iré — dijo y sin embargo, cuando se acerco hasta la puerta de la habitación parar abrir la chapa, se congelo al oír los golpes a través de la puerta y la voz de un hombre llamando a su amiga —Elizabeth. —Oh mierda—susurro ella Genial. El mundo debía odiarla. Alexander regreso a mirarla asustado. ¿Qué iban a hacer ahora? ¿mostrarse? —Escóndete… rápido …— le susurro —¿Dónde?— entonces empezó a buscar un sitio. Se agacho para meterse debajo de la cama, pero tarde se dio cuenta de que no entraba en esta. —En el armario… Rápido — le susurro con urgencia mientras los toques en la puerta se repetían —Elizabeth —y la voz del otro lado insistía
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