El muchacho se apresuro y se metió dentro.
Elizabeth trato de recuperar la compostura, se arreglo el vestido, respiro profundo, se aseguró que el armario luciera bien y nada sospechoso, y finalmente abrió la puerta.
Los ojos azules del muchacho la recibieron del otro lado con una mirada diferente
—¿S-si?— murmuro ella, claramente estaba nerviosa aunque esperaba que eso no fuera notorio
—¿Puedo hablar contigo?— su voz era profunda y cargado de algo
Estaba tan al pendiente de su amigo encerrado en el armario que hasta se le olvido que segundos antes habia tenido una discusión con este hombre
—Claro, ¿Qué quieres esta vez?— no sabía que estaba siendo tan informal hasta que él se vio incomodo
—¿Puedo pasar? Me gustaría tener una conversación más privada
« Pasar… » pensó ella
Entonces tuvo una idea
—¡Claro! ¡Adelante! ¡Entra! — y lo tomo de la manga jalándolo un poco hacia el interior de la habitación.
A James nunca nadie lo habia tratado con tanta confianza.
—Oh, pero no cierres la puerta —pidió ella con intención
James comprendía que esa petición era razonable, él era un completo extraño.
Gracias a que ambos se internaron más en el cuarto, el armario quedo a espaldas de James, y la libertad estaba allí. Con toda la puerta abierta. Con algo de suerte Alexander lograría salir en silencio y marcharse sin que James Campbell se diera cuenta.
—Mira, hace un rato, abajo... se dijeron muchas cosas. No fue mi intención ser imprudente. No me meteré en cosas que no me incumben... —y siguió hablando
Ella lo escuchaba, pero no del todo. Elizabeth estaba mas al pendiente de la puerta que se abría a sus espaldas suavemente mientras el chico de oscuros cabellos salía de puntitas hacia la otra puerta.
—Elizabeth, ¿me estas escuchando?
Ella dio un respingo —¿Qué?— aun con ojos perdidos tratando de concentrarse dijo—sí. Si claro.
—¿Y qué piensas?
« ¿Sobre qué? »
—Eh… que la discusión fue terrible. Terrible — repitió ella —claro.
—Bueno, si ambos quedamos en que fue un error podríamos empezar de cero. Y con eso dicho, te doy la bienvenida— entonces iba a dar media vuelta
Elizabeth sintió a su corazón dar un salto en su pecho
—¡No! ¡espera! —dio unos pasos hacia adelante y lo tomo del traje obligándolo a regresar a verla. Impidiendo que se volteara. Y como si no supiera que hacer para distraerlo. Tuvo la idea más estúpida del mundo.
Lo beso.
Si, lo beso.
Entonces, aun con los ojos abiertos pudo ver como su amigo se marchaba desapareciendo por el pasillo escaleras abajo.
Pudo respirar.
Entonces se separo del joven rico que estaba a su lado. Y solo una vez su consciencia volvió a su cerebro reacciono.
Miro hacia los ojos azules del chico millonario que la miraban confundido, entonces lo soltó.
No puede ser.
No puede ser.
¿Qué habia hecho?
¡Habia besado a James Campbell!