Capitulo 5

1703 Words
Por un momento no supo que decirle, ni que contestar Claramente el chico parado en frente suyo totalmente anonadado estaba esperando una explicación de aquel acto cometido. Ella trato de pensar rápidamente. Entonces decidió decir una mentira de lo mas estúpida. Y al James Campbell creerla una niñata seguro se lo tragaría. —Perdona, tuve que hacerlo. Eres millonario y muy guapo. —¿Qué? —Si, confieso que tenia revistas tuyas de pequeña. En fin, un amor platónico. Nada serio. No paso nada. —dijo suponiendo que un tonto beso para alguien como el sería un acto sin importancia. —¿Ya te vas? —ella lo insta a salir de la habitación —no te preocupes no tenemos por qué hablar del tema. No volverá a suceder. En fin — bostezo —es muy tarde. Que tengas buenas noches. —y antes de darle tiempo a responder algo mas le cerro la puerta en planas narices. Madre mía. ¿Qué acababa de hacer? ¿Acababa de besar a su enemigo mortal? Levanto la mano, y se toco los labios recordándolo. Rayos... Pero todo esto, era culpa de Alexander. De pronto frunció el ceño Iba a matarlo cuando volviera a verlo, sin duda alguna. *** Elizabeth realmente creyó que eso seria todo. Que realmente James lo olvidaría. Es decir, un hombre como el, seguramente experimentado en el mundo de mujeres no tendría porque reparar en ella, o creer aquel acto como algo diferente. Y seguramente estaba tan ocupado con sus millones que el trabajo no lo dejaría pensar en aquello. Seguro lo olvidaría pronto. Pero se equivocó. Oh, cuanto se equivocó. A la mañana siguiente después de desayunar la sala ya estaba llena de más jóvenes que ella no conocía. Hombres que ni siquiera reparaban en ella. Sin embargo, solo se permitieron reparar en su existencia cuando uno de ellos le dice —El señor Campbell te necesita en su oficina ahora —¿Para qué?— pregunto enseguida nerviosa ¿quizás iba a regañarla por lo que habia sucedido ayer? —No lo se. No lo dijo —entonces siguió caminando con libreta en mano mientras no dejaba de escribir Elizabeth pensó que si ese sujeto no miraba al piso de vez en cuando se iba a caer. El tipo desapareció igual de rápido que apareció. ¿Dónde estaba siquiera la oficina de ese James Campbell? ¿y que hacia un lunes en la mañana aun en su mansión? ¿no debería estar en el trabajo? Miro a su alrededor. Bueno, el era el jefe después de todo, asumía que tenia toda la libertad de tomarse un dia libre. Pronto una señora llego hasta ella y la guio hasta el sitio citado. La habitación era bien iluminada y lucia acogedora, Para ser un despacho de trabajo en casa, era bastante moderno. Y claro, el señor Campbell estaba sentado detrás de su escritorio Elizabeth pensó que ese seria un buen momento para pedir un horario de salida. Y quizás llegar a acuerdos. Aun no tenía intención de volverse su “amiga” pero al menos el tenía razón en algo, debían hallar un punto medio para poder convivir en paz. « Ojalá mi papa se apure reuniendo toda esa plata » pensó Se acerco hasta el escritorio y se sentó solo cuando este le indico la silla del frente. Ella genuinamente pensaba que hablarían de cualquier cosa menos de lo de ayer. O si lo hacían seria solo para fingir que nunca sucedió. Asi que jamás se imaginó que el diría cosa semejante. Recuerda haberlo escuchado hablar de negocios, números, y los beneficios que traería una unión. Ella no estaba comprendiendo hasta que el menciono la palabra matrimonio. Bueno, James Campbell era un hombre apuesto y asquerosamente rico, estaba claro y era totalmente entendible que quisiera casarse pronto y encontrar una esposa. Sin embargo, el problema llego cuando a la conversación surgió su nombre —¿Perdón? —Ambos saldríamos ganando. —¿Qué dice?— repitió crédula. ¿Qué le estaba pidiendo que? —Ser mi esposa. Elizabeth habia escuchado cosas alocadas a lo largo de su vida. Pero esto era ridículo. —¿Se refiere a una boda? —Si —¿Casarnos? —Si —¿Usted y yo? —Si— volvió a contestar con lógica abrumadora —¿Qué? Elizabeth estaba desconcertada, no comprendía las acciones de este sujeto frente a ella. Es decir, ¿todo esto por un beso? No manches. —Bromea, ¿verdad? Los ojos azules de James se entrecerraron ofendido — no. ¿Por qué haría eso? —¿Por qué se casaría con la hija de su enemigo? —Ya te lo dije. Una alianza nos beneficia a ambos —Se que no sabe nada de mí, pero si me caso algún dia será por amor. —alzo la mano haciéndolo callar — y antes de que me suelte alguna reprimenda sobre que eso es un cuento de hadas, mejor me voy —dijo levantándose y dirigiéndose a la puerta de salida —¡Espera! ¿A dónde vas?— fue atrás de ella. Mientras se interponía entre ella y la puerta cubriéndole el paso. —¿Qué cree que hace? Déjeme pasar —demando enseguida —Aun no hemos terminado de hablar —Yo he terminado con usted — soltó fría, algo en sus ojos era despectivo. James no comprendía, ¿acaso no era esta la misma chica que habia confesado el dia de ayer que de pequeña tenía un crush romántico en él? Desde que escucho eso James se habia pasado pensando en aquello, y estaba feliz, genuinamente feliz, se habia sentido en las nubes, no entendía la reacción de la joven ahora. —Señorita Elizabeth Harris, si me permite… —¡No! ¡No le permito nada! Creí haberle dicho el dia de ayer que intentaría evitarlo todo lo posible. No quiero toparme con usted, no deseo hablarle y mucho menos mirarlo— dijo firme —No logro entenderte.—confeso olvidando ya cualquier acto de formalidad— Primero me besas y luego solo… ¿quieres evitarme? Elizabeth duda. Claro que ella lo habia besado el dia de ayer, pero fue por una cosa de emergencia. ¡Emergencia! James suspira —¿Qué pasa contigo? Ella carraspeo — E-eso… eso ya habia quedado atrás. Dije que no quería hablar de ello, esta en el pasado.— dijo Pero no para James. Luego ella intento pasar de largo, y coloco su mano en el pomo de la puerta dispuesta a marcharse —Oh no… no puedes hacerme esto — dijo rápidamente el joven de traje, y en un acto de auto reflejo le tomo de la muñeca deteniendo su huida —Suéltame. —Tienes que oírme… déjame explicarte… Ella no lo comprendía. ¿Este era el gran millonario James Campbell? ¿Por qué ahora se veía tan indefenso? ¿Por qué parecía que le estaba rogando? Casi como si ella en ese momento le dijera una palabra de rechazo mas el se rompería. Pero… ¿ella quería romperlo? —Solo… suéltame. —repitió sin saber que más decir James al contemplarla se dio cuenta de algo. El estaba tratando de retenerla a la fuerza. Entonces recordó las palabras de Joshias. Él no podía hacerla suya de esa manera. No lo quería de esa manera. Deseaba que ella pensara tanto en él, como el pensaba en ella. Pero por decisión propia, por su propio juicio. Ella…. ella no lo conocía. Su amigo tenia razón, tenia que darle tiempo al tiempo. Tenia que dejarla marchar... Le soltó la muñeca y retrocedió. —Podemos hacer esto bien — le dijo James mirándola — aun no es tarde —James Campbell, para mí, no eres más que un completo desconocido pidiéndome matrimonio. Nada de lo que haces tiene sentido para mí. ¿Acaso se te aflojo un tornillo? El negó — No lo comprendes… no de la manera en que yo lo hago. —No creo que este en sus cuatro cabales ahora mismo. ¿Por qué no se toma un tiempo? Lo piensa y luego razona las cosas que ha propuesto hoy —Nunca nadie me habia insinuado que estaba loco —Yo no dije eso —Lo dijiste de forma implícita. No es muy educada y dice su pensar muy abiertamente. —¿Me lo está criticando? Honestamente, si tengo todas las cualidades que desprecia en una mujer, ¿Por qué me quiere a mi como esposa? —Beneficio— soltó como una pobre excusa —Mi familia esta en la ruina. Caemos poco a poco en la pobreza. No puede ser renombre, o dinero lo que busca Claro que no lo era. James sabia eso. Porque a el solo le importaba ella. Pero contra todo pronostico no lo dijo. —Lo haría funcionar. Yo haría que todo funcione. Soy capaz de volver a poner su empresa en pie. — le propuso Ella se sintió incomoda — yo no podria ser su esposa — luego tomo aire y lo miro con ojos fríos — usted sería el ultimo hombre en la tierra en la que yo pensaría para casarme Y eso habia sido todo. Lo suficiente para que James se sintiera miserable. Elizabeth era su todo, lo habia sido a lo largo de toda su vida. Era irónico, el siempre tuvo todo cuanto quiso, habia aprendido que el dinero compraba cosas y a más de una persona. Pero… ¿Cuánto podria valer el corazón de Elizabeth? Sin duda, aun no existía valor suficiente para ella. Al menos James no tenía ese poder en él. Elizabeth abrió la puerta y empezó a caminar. No. No era justo. No habia nada en el mundo que no deseara mas que a ella. No iba a rendirse. ¿Qué si estaba obsesionado? Quizás lo estaba. Quizás sus amigos tenían razón. Pero aun asi… —Entonces hagamos un contrato. —soltó sin tono alguno de vacilación en su voz, tratando de mostrarse inmutable. —Si se convierte en mi esposa, yo perdonare la deuda de su padre. Entonces el paso de Elizabeth se detuvo, y dándose la vuelta sus ojos parecieron brillar en esperanza —¿Qué?
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