Capítulo 14

2120 Words
Patrick. Cada par de ojos puestos en Ivette pasan a fijarse en mí, expectantes por oír mi respuesta. Incluso ella me mira de forma inusual, no entiendo el significado de su mirada. Muevo mis labios soltando la respuesta que nadie alcanza a escuchar debido a un grito desgarrador del segundo piso, tal grito provoca que muchos de los alumnos se alteren corriendo, los profesores y las monjas igual, dejándonos solos a mí, Ivette y Kael. Aunque nadie logró saber mi respuesta, Ivette si. Vi como palidecía, esperando todo menos eso. —¿Creíste que mentiría por ti?— suelto—. No vales para tanto, pecadora. —Ni siquiera me dejaste explicarlo, podía haberlo hecho más tarde y aún así decidiste… Decidiste entregarme. Lo curioso de sus palabras es que no salieron angustiadas, sino todo lo contrario. Sonaba molesta, cuando obviamente no tenía derecho de estarlo. —Tú te vienes conmigo— Kael sujeta su brazo con fuerza, fue el engañado número uno de la noche anterior. La vi perfectamente, vi como se movía entregando vasos de plásticos con insistencia, y vi como se lo daba a Kael en cada momento hasta que cayera rendido. Ella también bebió, pero al parecer los efectos surgieron un par de minutos tarde que lo normal. A lo mejor ella no mentía, ¿y si de verdad fue Bárbara? Ambos se fueron a toda prisa, mientras tanto fui escaleras arriba para saber de que trataba el grito. Cuando llegué, muchos de los presentes se amontonaban en una ronda, sacando fotos y murmurando. Me acerco un poco más, curioso por saber lo que hay y al descubrirlo, mis ojos se abren de par en par. Un cuerpo sin vida de un alumno, fue disparado directamente al corazón hace tan solo unos minutos. —¿Qué ocurrió?— le pregunto al director igual de desorientado. —No tengo ni idea, era un joven sin nada en particular… no lo entiendo. Era cierto, el joven asesinado se llamaba Matt Duncan, tenía veinte años y no contaba con familiares acercarnos. Hasta donde sabía, no contaba con una gran fortuna para por lo menos decir que fue con el motivo de robarle su dinero, tampoco tenía contacto con el exterior, ni un amo que lo respalde. Se dedicaba a ser un buen estudiante al margen de todo. ¿Entonces porqué? —Muy bien, lárguense a estudiar, ¡todos!— apoyo al director y empiezo a dispersar a los grupos formados por alumnos. Ahora, si me pongo a pensar, todo sucedió tan rápido, tan jodidamente afortunado para cierta persona; Ivette Hagens. Es como si un mal invisible la salvara al predecir que la iba a delatar. Si antes dudaba, en estos momentos peor. Al comienzo, cuando la vida por primera Vez sentí un fuerte sentimiento de rencor y a la vez añoranza. Ivette era la viva imagen de la mujer que amé y me usó como un animal, fui menos que basura para esa persona. Por eso, al conocerla los sentimientos oscuros enterrados muy en el fondo de mi corazón salieron a flote, pidiendo, no, exigiendo destruirla, vengarme por más que no sea la persona que me dañó. Es así que acabé castigándola solo a ella el primer día en llegar tarde y no a sus compañeras. Estaba cegado por todo el odio retenido durante largos años, y ahora, ella provocó que salieran a la luz. Originalmente tenía en mente destruirla de muchas maneras posibles, pero jamás pensé en convertirla en mi sumisa, o quizás si. Es culpa mía el caer otra vez en las redes de una mujer, de la misma calaña. Ivette es tan idéntica a Diana, mi primer e inocente amor, uno el cual recuerdo con odio puro. Si bien, ambas son diferentes en ciertos aspectos, comparten semejanzas, como el color azabache de su larga cabellera, dos orbes de un esmeralda profundo y el cuerpo tentador. ¿Cómo puedo caer dos veces por una mujer? ¿Es qué acaso son la misma persona? Tal vez me esté volviendo loco. Debería cortar con las cuerdas que inevitablemente regresan para atarme a una diabólica mujer. Ivette de santa no tiene nada, ha quedado muy claro. Lo peor de todo es no saber que busca, siempre altanera y orgullosa, pero con secretos bien ocultos. A lo mejor solo quiere escaparse, pero verla infiltrarse a la oficina del director no cuadra en absoluto. Subo escaleras arriba evitando cruzarme con ella, mas no hace falta ya que Kael la mantuvo retenida bastantes horas, para mí fue una eternidad, odio tener que compartirla y odio más pensarla después de todo lo que hizo. Son así, virus inevitables, deseosas por comerte desde adentro hasta no dejar nada de mí. Diana lo fue, supongo que Ivette igual. Entro al salón donde se encuentra una sola alumna leyendo un libro en su lugar. Sabía que estaría aquí, este es nuestro lugar secreto. —Tatiana— digo su nombre a sabiendas de lo que provoco, ella alza su vista y sus ojos brillan acompañados de una alegre sonrisa. Hacia tiempo de no verla, para ser precisos, desde la llegada de Ivette. Quedé tan absorto en mi sumisa que las demás me parecieron insignificantes a su lado. —Profesor— hace a un lado su libro buscando un refugio entre mis brazos, corté lazos con ella cuando confesó sus “sentimientos” —Sube tu falda y quítate lo que llevas debajo— obedece cada una de mis palabras en un orden especifico, se deshace con facilidad de la tanga y se sube al escritorio, abierta de piernas y dispuesta para mí. Con el calor floreciendo por mi cuerpo y el recuerdo de dos mujeres traicioneras, saco mi v***a de sopetón, me ubico en su entrada hasta que un fuerte portazo impide lo que estuve a punto de hacer; follarla. —¿Qué mierda haces?— la figura de la maldita diabólica, petrificada en su lugar, me cabrea aún más. Se supone que estaría en una extensa sesión privada con Kael. Sin responderme, avanza unos pocos pasos y estira su brazo empujando a Tatiana del escritorio, cae y solamente Ivette me hace frente. Mi v***a responde por si sola al sentirla tan cerca, incluso mi cuerpo me traiciona. —Quien mierda te crees para…— sus labios suaves impactan con mi boca y de forma agresiva, su lengua busca dominar la mía, tocando la punta, moviéndose cuan poseída. Busca profundizar el beso al envolver mi cuello con firmeza. Tatiana responde igual, alejando a mi sumisa con notoria ira. —¡Grandísima perra! Me lo robaste, te lo quedaste para ti y ahora vienes a quitármelo de nuevo… no sé quien te creas, pero ahora mismo nosotros íbamos a follar, así que vete. Ivette respira hondo, en todo momento aquellos ojos profundos se clavaron en mí. —Primero que nada, no te robé una mierda, chienne. Y si tanto deseas saber quien soy, pues te lo digo, soy su sumisa, su amante y él mi amo. Follamos cuando y donde queramos, pero tú no cuentas con esos privilegios, yo soy la única que puede montarlo, no una chienne cualquiera. Mi cuerpo es arrasado por un calor incontrolable, la v***a se endurece apuntando a una sola persona, siempre impulsiva y diabólicamente tentadora, necesito follarla y descargar el resentimiento contenido. —Profesor, ¿qué piensa hacer?— estúpido con la mirada de Ivette, ignoro por completo a Tatiana pasando de ella hasta llegar a mi sumisa, mi pecadora. La respuesta es más que clara, quiero comerme su coño, meterle en lo más profundo mi v***a y penetrarle hasta que de tantos gemidos, quede sin voz. —Tatiana— miro a la morena—. Largo. Perdida, furiosa y botando humos, se va, dejándome a solas con mi sumisa. —Dijiste que éramos exclusivos los tres, espero que cumplas con tu palabra— comenta, su mano baja donde se encuentra mi v***a y se dedica a pellizcar la punta provocándome. —Híncate— pido, sin repetirlo dos veces, .ella se agacha apoyando sus rodillas sobre el suelo, apreciando mi v***a, tocándola sin pudor con sus pequeñas manos. Me pregunto que se sentirá metérselo en su boca atrevida, de solo imaginar la sensación de sus labios me enloquece—, Abre la boca, te aguantas y más vale que seas buena. Asiente cuan obediente, primero saca su lengua, la pasa sobre la punta y me mira desde abajo, tengo el mejor panorama. Mi v***a explota, necesita atención y que ella se tome su tiempo me exaspera. Entierro mis dedos en el nacimiento de su cabello y procuro mantenerme cuerdo a la hora de meterle mi v***a por completo, envuelve mi glande con su lengua pasándola lentamente, jadeo ante la sensación, ante su satisfecha mirada la cual me enerva, entonces domino de nuevo la mamada. Se la meto profundamente, estuvo a punto de apartarse si no fuera por mi mano impidiéndoselo. Respira por la nariz como puede, espera unos segundos antes de hacer un movimiento, adapta el tamaño de mi v***a en su boca y cuando está lista, se desliza sobre el falo, mamando como una maldita profesional. Tironeo de su cabello deslizando su boca sobre mi pene, desde la punta hasta el final, soy consciente que es lo que quiere, se lo estoy dando, por eso me irrito más. Aumento la velocidad de la follada, pierde el equilibrio y como si se tratara de una guerra, entierra sus uñas en mis piernas saboreando, chupando y moviendo su lengua como solo ella sabe. Siento lo que no debería, y aunque intenté con todas mis fuerzas contenerme, termino derramando el líquido antes de tiempo. El calor se extiende al ver como se lo traga todo sin permitir que una gota se resbale. A continuación, se relame los labios descaradamente y me sonríe. —No te muevas, quiero que te quedes en esa postura— aprieto su mentón con fuerza y ella forcejea— Tu linda boquita sabe hacer una mamada, quien lo diría de una mentirosa, pecadora por donde te vean. —Estoy dispuesta a recibir un castigo, edúcame, párteme en mil pedazos, sin importar que, voy a estar de acuerdo. —Haré algo mucho mejor. La levanto de golpe y alzo su cuerpo como una bolsa, ya sé a donde llevarla, tengo ideado el castigo perfecto. Bajamos al sótano del edificio, de inmediato nos invade el sucio olor a orina y heces, también huele a podrido, seguramente hay un animal muerto, ratas más que nada. —Oye, pensé que ibas a castigarme en otro lugar— susurra aguantando las nauseas producidas, el olor es asqueroso, pero todo en mi interior pide que respire, falta poco. Diviso la puerta metálica del lugar. Bajo a Ivette de mis brazos y abro la puerta con la llave de ésta. —Entra. —Pero huele espantoso— se tapa la nariz—, mejor vamos a otro lugar… Empujo levemente su cuerpo introduciéndola al reducido espacio de cuatro paredes, hay moho, un olor nauseabundo y ni decir de la cama manchada con quién sabe qué. —¿Y ahora?— acorta nuestra distancia ansiando salir de allí, claro, no se espera lo que haré. —Pasaras la noche aquí— señalo—. Días, quizás semanas. Depende de cuanto dure mi enojo contigo. Aparta sus dedos de la nariz y me acribillan sus ojos con fiereza. —Kael no lo permitirá— dice determinada, hasta me hace reír. —¿Ah no? Podemos apostar cuanto le importa, de seguro mete su v***a en otro culito, pecadora. Invade mi pecho con sus puños, no tiene la gran fuerza pero algo hay, tal vez sea la adrenalina, el impulso al odiarme. —¡Vete a la mierda, maldito fanático! Detengo sus golpes ejerciendo fuerza, se retuerce dándome la oportunidad de salir y cerrar la puerta metálica con llave. Hay una diminuta ventanilla, perfecta para pasarle cosas o simplemente verla.  —Reflexiona sobre tus actos y más te vale que al salir me des explicaciones— cierro la ventanilla, sus insultos en francés resuenan pese a la barrera de metal. Ante todo, no me di cuenta de la tercer persona presente. —Si te vas a oponer solo recuerda que… —No pienso decir ni mierda, lo tiene bien merecido— Kael se cruza de brazos, el tinte de su voz salió determinado, firme y sin compasión alguna. —Entonces permanecerá bastantes días— busco reacciones humanitarias en su rostro, cosa que no sucede. —No tengo problema— sin decir algo más, sube las escaleras y lo sigo a la planta de arriba, dejando a Ivette a solas, encerrada y gritando como una loca.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD