Este capitulo me parece el más intenso de todos hasta ahora, recuerden que todo es ficción y esta historia es para mayores de 18 años.
No pretendo ofender a nadie y si se sienten así con gusto lo escucho. Pero de verdad no quiero cambiar nada del capítulo sin nada más que decir, lean bajo su propio riesgo…
Ivette
Pese a las dificultades logré sobrevivir hasta el momento. La vida no podría seguir sin curso sin mí, sin Ivette Hagens.
Eso es prueba suficiente para alentarme a continuar este camino pecaminoso donde posiblemente nadie llegue vivo al final.
Mi última conversación con Kael no terminó del todo bien. Se largó antes de que pudiera decirle lo que quiero. Gané, puede estar fallándome como un Dios pero ni una palabra va a sacarme.
Regreso a la recamara compartida con los alumnos vip y mis amigos me reciben con cariño. Toda la culpa de la fiesta recayó en Bárbara.
—Se acerca el campamento de invierno— comenta Ania poniéndose un suéter de lana color rosa—, dicen que este año viajaremos a Alaska.
—Cuéntame acerca de ese campamento— la sigo al salón entusiasmada por oírla, todo lo que sea sobre salir de aquí es bueno, por ello ninguna oportunidad se puede escapar de mi vista.
—No me molestaría darte toda la información, pero creo que el profesor sabe más, cada año cambian las actividades, los lugares y los supervisores.
Asiento entrando con ella a nuestra clase de Psicología.
Mis ojos se engrandecen cuando ven la apuesta figura de Kael. Trae puesto un abrigo largo y elegante, una bufanda gris y su cabello perfectamente peinado hacia atrás.
Sus guantes de cuero me llevan a escenarios imaginarios donde él palmea mis glúteos, mi sexo o incluso mis pechos.
Joder, en qué me he convertido…
—Clase, tomen asiento por favor— no despega sus ojos de los míos y me obligo a pasar a su lado clavándole la intensa mirada.
Joep queda embelesado al reencontrarse con su novia que lleva el suéter delicado, y es que parece un ser angelical puro e inocente.
—Como anda el tóxico— tomo asiento a su lado para ser ignorada por el chernóbil.
—Alumnos, necesito que me den un poco de su atención— pide Kael alzando la voz.
«Te doy toda la atención que quieras».
—Como bien saben, el campamento de invierno se acerca. Cada año los lugares cambian, por lo que este año nos toca ir a Alaska— explica entregando un folleto en cada banco, llega hasta el mío y ni siquiera me mira—. Pasaremos unos cuatro días, estaremos hospedados en un hotel de cinco estrellas. Las actividades consistirán en paseos turísticos a museos, galerías y cualquier atracción de allí. Todos irán, sin excepciones, pero no se pueden despegar mucho sin la autorización de su amo.
Tengan presente que tenemos ojos y oídos en todos lados, no se pasen de listos queriendo hacer una payasada— clava su mirada en mí como una indirecta—, si alguno llega a cometer una estupidez, todos serán castigados.
La clase pasó rápido con los detalles del campamento.
Todo se trata de una fachada política donde le dan a entender a las personas del exterior que este es el mejor internado del mundo, un vil disfraz para llenarse los bolsillos y dar la perfecta imagen de algo que no es.
Salen mis compañeros al sonar la campana que da comienzo al bendito receso, sin embargo, quedo por última. Camino en dirección a la puerta, pero no exactamente para irme, sino para ponerle el seguro.
Ni siquiera me da a tiempo de voltear a buscarlo cuando ya tengo a Kael respirándome en la nuca. Su aliento hace cosquillas en mi cuello desnudo mientras sus manos calientan mi cuerpo tan perfectamente.
—¿Hiciste lo que te pedí?— me saca lentamente el abrigo fino que traigo, me deja solamente con la camisa la cual desabotona tomándose su tiempo.
No me molesto en moverme, me gusta sentir su dureza en mi trasero, estar pegaditos a la puerta con la incertidumbre si alguien de afuera nos escucha.
—Te hice una pregunta— deja mi camisa abierta sin quitarla del todo, mete sus manos en la desnudez y se detiene en mis senos que no fueron resguardados por un brasier a pedido de él.
—Hice exactamente lo que me pediste— detengo su mano llevándola debajo de mi falda para que lo compruebe él mismo—, no traigo nada debajo, soy una chica buena que te obedece.
Su risa ronca me embriaga, sus dedos se deslizan en mi zona baja prendiéndome en llamas al instante en que los introduce por completo, moviéndolos diabólicamente, llenándome de un calor tortuoso a la vez que se dedica en morderme el lóbulo de mi oreja, chupetear mi cuello dejando marcas, proporcionándome un placer infinito y pecaminoso.
Me aferro a su brazo y me abro de piernas conteniendo los gemidos que se me quieren salir. Mi espalda sigue pegada a su pecho y no sé que me excita más, sus benditos dedos o su dureza que golpea mi trasero.
—Estas mojada— dice lo obvio dejándome un vacío cuando deja de complacerme para llevarse sus dedos a su propia boca degustando el sabor que emano—, Riche..
Riche: rico.
Doy la vuelta para perderme en la escena, se autofolla la boca para probarme.
No es el único que sabe jugar, así que lo dejo plantado en su lugar y me subo a su escritorio apoyando mis brazos de cada lado y abierta de piernas enseñando más de la cuenta ahora que no llevo una tanga escondiendo la zona húmeda.
Se relame los labios clavando su mirada justo ahí y como si el destino estuviera a mi favor, suelta algo inesperado.
—Ganaste ayer— recuerda con una sonrisa arrogante—, di tu deseo, pervertida.
¿Mi deseo? Bueno, tengo muchos deseos. Uno de ellos es que me meta su falo hasta el fondo hasta el punto de hacerme llorar del placer, otra cosa es…
—Híncate al suelo— pienso con las mejillas incendiadas.
La verdad, ahora mismo lo que me gustaría es verlo a él y Patrick arrodillados ante mí, verlos por debajo demostrando quien manda. No es Kael, ni Patrick. Soy yo la que hace y deshace y si todo esto pasa es porque así lo quiero.
—Tu vas me payer, pécheur— obedece como un perro faldero y se arrodilla, no del todo, pero lo suficiente para sentir su respirar en la zona sensible que poseo.
Cierro los ojos aclarando mi mente, preparándome para lo que se viene, lo que quiero.
A mi nadie me las hace, y estos dos demonios me las pagan o me las pagan.
—Ya sabes que hacer, l’amour.
Mete su cabeza debajo de mi falda y rápidamente su lengua empieza a hacer magia, recorriendo el punto sensible que me pone como una maldita loca.
Entierro mis uñas en su cabello, mis pies tocan su espalda en un intento de rodearlo para evitar que escape y abandone aquel lugar.
Trato de no poner mis ojos en blanco, pero es inevitable.
Su lengua caliente recorre mis paredes, ya no distingo si estoy en el cielo o el infierno, solo lo dejo ser. Tengo la necesidad de quererlo metido ahí de por vida, no resisto el impulso de enterrarlo con más fuerza, tironeo su cabello, no puedo contenerme y en unos segundos empiezo a inundar el salón con gemidos exagerados.
Kael aprieta mis muslos, escucho un sonido de su garganta, al parecer le gusta probarme.
La longitud, la forma en como llega a mi interior me dan ganas de convulsionar.
Muerde mi clítoris y sigue palmeando con su lengua la zona hinchada que amenaza en desbordarse en su boca.
—Damné démon— digo en francés para provocarlo y funciona.
Estoy hecha una gelatina, todo me tiembla y siento que se aproxima la oleada de calor, es tan irreal.
Empuja mi interior con su extremidad, el oral que me practica es dominante, demoniaco, placentero.
Mi zona hinchada palpita, estoy cerca de mojarlo. Deseo que se trague todo, que chupe mi coño como si fuera su dulce favorito.
—Kael…— lo nombro al momento de desbordar en su boca. Rápidamente, hace lo que mi interior pedía a gritos, y es tragarse todo, sin dejar una gota, sin que nada se le escape al suelo o cuello.
Mantiene su cabeza escondida mientras me cuesta respirar normalmente debido al impactante suceso.
El mejor oral de toda mi vida, su lengua es ¡dios mío! No hay palabras para describirlo.
Se levanta del suelo y vuelve a su postura fría y dominante. Noto el bulto en medio de sus piernas y me atrapa.
—Maintenant tu veux ma bite?— se toca dicho lugar al tenerme como una golosa.
Maintenant tu veux ma bite? (¿Ahora quieres mi v***a?)
Que me hable en francés empeora todo, no me la puedo pasar encerrada con él para experimentar diferentes posiciones, no, no y no.
El receso acabó hace varios minutos, ha pasado casi media hora, así que decido bajarme del escritorio, aliso mi falda y de inmediato mi cuerpo sufre por una corriente eléctrica.
—¿Ya te vas?— su pregunta me saca de orbita, la suavidad, la forma en como preguntó es nueva. No me desagrada, pero me produce un cosquilleo nuevo y desconocido.
—Si— mi voz sale suave, como una chica tímida frente a su pareja, siendo que no lo somos para nada—, debo ir a la capilla, hoy toca asistir, además, tengo otras clases y como el campamento se acerca debo preparar mis cosas…
—Entiendo.
Quedamos en un silencio incómodo hasta que me propongo salir del salón.
Perdí mi clase de Literatura, de física, toca ir a la capilla directamente.
Los alumnos ya están sentados en los banquillos, la capilla está llena de personas, por lo que el único lugar disponible para sentarme es junto a Patrick quien reza arrodillado.
Hago el menor ruido posible y me siento junto a él, observo sus facciones perfectas, su nariz perfilada y su cabello castaño.
Es increíble la concentración en la que se somete arrodillado, pidiendo no sé que en silencio.
Miro adelante, hay estatuas por doquier.
¿Debo rezar? Que digo, que hago…
Gracias ser divino por guiarme en el camino más excitante hacia mi libertad.
Mejor probemos otra cosa…
Oh señor, ayúdame a que mis planes sigan marchando por el buen camino y no me dejes caer en la tentación…
—Ten— el castaño me ofrece un rosario interrumpiendo mis plegarias.
—Eh, gracias pero estoy bien— lo rechazo sutilmente y sus ojos se crispan, como estamos en un lugar sagrado no empieza a gritar o a ponerse paranoico.
Un padre bendice la ceremonia, nuestras vidas y me pregunto cuanto gana por toda esta farsa. Incluso un ciego sabría identificar un lugar como este.
Pasan dos largas y aburridas horas oyendo las exclamaciones eufóricas del padre quien desconozco su identidad, reproducen músicas similares a los de velorios, tristes y cansinas.
Apoyo mi espalda en el largo banco y cierro mis ojos cuando el padre lo pide, hasta que…
—Despierta— zarandean mi cuerpo, me dormí.
Patrick suspira tocándose el puente de su nariz tratándome como una niña pequeña.
La ceremonia terminó hace poco, los únicos que quedamos éramos nosotros dos.
—Oh, me quede dormida— froto mis ojos restándole importancia, cosa que para Patrick no es un juego. Me desaprueba con la mirada y no hago mas que levantar mis brazos en son de paz—. Esta bien, lo siento, lo siento.
—¿Qué sientes exactamente? ¿Gemir entre sueños o quedarte dormida?
—Yo jamás haría lo primero— me levanto fingiendo estar ofendida, cuando intento pasar de largo su mano envuelve mi cintura para sentarme sobre su regazo.
—Te observé en cada momento, y no solo yo… muchos lo hacían— besa mi cuello haciéndome suspirar.
La erección que trae me maltrata bajo mi falda teniendo en cuenta que estoy expuesta por pedido de Kael.
—Aquí… no.
—Aquí si— me contradice el muy perverso aventurándose sobre mis muslos hasta tocar mi sexo.
Se sobresalta notando la desnudez.
—Kael me lo pidió.
No dice ni hace algo respecto a ello, simplemente me levanta un poco para bajarse el cierre de su pantalón, exponer su m*****o y sentarme lentamente, clavándose en mi interior, aferrado a mi cintura.
—Joder…— lo tiene tan grande que me cuesta adaptarme al tamaño invadiéndome a un tiempo lento, suave, y tan malditamente adictivo.
Muevo mi pelvis sobre su regazo tomando riendas al asunto. Sus manos aprietan mis caderas mientras se muerde los labios.
No nos vemos frente a frente, pero puedo sentirlo como nunca antes. Ya no soporta el como alargo todo, quiere acelerar y por ello me va guiando a su manera, mueve mi cuerpo a su antojo perforándome con gusto, frente a las estatuas, aumentando el morbo, la excitación.
—¡Si!— grito con cada estocada que me da, llega un punto en el que debe callarme con su mano, pero ni siquiera eso me detiene.
Soy poseída por algún ser, brinco sobre su regazo, lo monto con gusto recibiendo su v***a, su maldito tesoro para mí.
Mis pechos suben y bajan cuando doy brinquitos como conejo, el glande se expande y todo se vuelve peor, morboso, siniestro.
Hemos desbordado dos veces pero continuamos.
Mete sus dedos en mi v****a para follarme en ambos lugares de forma bestial, se me cae la saliva experimentando esto, ya no sé como moverme, como ponerme o que hacer.
Intentó sacar sus dedos revoltosos, pero no se lo permití.
Volvemos a acabar y me levanta para ponerme frente a frente y volver a sentarme.
Sus ojos sombríos me obligan a verlo mientras me clava su arma como un animal.
Volvemos a acabar y esta vez me sube al santuario, una mesa donde hay copas, vinos y elementos “sagrados”.
Recuesta mi cuerpo en la gran mesa de madera. Arroja todo a su paso y se sube arriba mío. Levanta la falda y vuelve a clavarme totalmente ido.
Mis piernas lo rodean con facilidad, levanta mi pelvis con cada penetración y sigue, sigue haciéndolo a su modo, yo le sigo el juego y rápidamente nos desenvolvemos como actores porno.
Acaba vaciándose en mi interior, sale y mi cuerpo aclama por más, veo la cara de Patrick y su falo sigue parado, hinchado y brillando en la punta.
Ambos queremos lo mismo.
Sin movernos, uno al lado del otro, tocamos las extremidades del otro para darle un respiro a nuestros cuerpos.
—Tengo que ir a la clase de… ¡Joder!— no puedo emitir palabras teniendo sus dedos jugueteando.
Mi mano se acelera complaciéndolo, muevo su m*****o de arriba abajo robándole suspiros. Rodeo su glande sonrosado, me encanta, lo acaricio para apreciar sus gestos. De la nada, se me antoja probarlo. Imagino semejante monstruosidad en mi boca y salivo.
Pasan las horas, anochece y permanecemos en la capilla, practicando diferentes posturas, me coge, lo cojo, venimos al mismo tiempo y seguimos.
La luz de la luna entra en el ventanal colorido reflejando nuestros cuerpos desnudos frente a las estatuas.
Esta vez estoy arriba suyo, pasando mi lengua sobre su cuello, probando el sabor de su piel, mientras clava sus uñas en mi trasero perforándome.
—Bravo— aplauden fuerte y sonoramente desde la entrada, la voz la reconocemos de inmediato tratándose de Kael.
Estuve a punto de separarme, si no fuera por Patrick quien me envuelve con sus brazos impidiendo moverme.
Kael nos mira furioso, pasa sus ojos del castaño a mí, la oscuridad rodea el lugar, la luna también lo ilumina y me maldigo tenerlo a ambos demonios perfectos.
—Tu móvil no ha dejado de sonar— tiemblo al instante al revelar el celular que me regaló Kael pero también, el que me dio Patrick—Los dos.
Siento como los brazos del castaño se aflojan y se separa asqueado.
—¿Qué mierda?— se confunde.
—Explícanos, pervertida. Porque suena constantemente tus dos celulares…