Kael
La mujer que cargo entre mis brazos mientras corro por los pasillos del internado se mantiene inmóvil, busco la enfermería y apenas la distingo entro sin importarme una mierda mis modales.
Pateo la puerta encontrándome con una escena asquerosa; la enfermera practicándole un oral a un alumno.
—¡Déjate de idioteces y ven a verla!— grito con todas mis fuerzas, la enfermera se separa abrupta y limpia la evidencia de sus labios.
Recuesto a Ivette en la camilla y le tomo el pulso. Está débil, con la respiración agitada, el corazón acelerado y sus ojos perdidos.
—¿Qué ha a sucedido?— la enfermera le abre los párpados para iluminarlos con una lamparilla.
Los pelos se me ponen de punta esperando que diga algo, ¿acaso no es enfermera? Si no sabe nada para qué mierda trabaja aquí.
—Comió chocolate y empezó a convulsionar— respondo seco— ¿eres idiota o qué?
Traga saliva nerviosa, ignora mis palabras centrándose en el pecho de la morena.
La sangre me hierve como nunca antes, es como si tuviera un volcán en mi interior y este sentimiento es espantoso.
Falta mucho para que le llegue su momento, todavía no es tiempo de su muerte.
Mi plan apenas comienza, Ivette solo va a sufrir por mí, la haré llorar, se arrepentirá de tentar al diablo. Pero hasta que llegue el momento, ella debe vivir para montarme, para que pueda follarla hasta el punto que ruegue por más.
—Ella estará bien— informa la enfermera anotando algo en su libreta—. Si desea que le llame a alguien más yo podría…
—No— la corto.
—¿Seguro?— me mira incrédula—. Oí que el profesor Patrick también es su amo.
Deja de hablar apenas le dirijo la mirada, sella sus labios temerosa y asiente al irse.
Que Patrick ni que nada, si la comparto con ese imbécil es por decisión de la pervertida.
—Eres una maldita— acaricio su cabello apreciando los mohines que hace dormida.
Sé que algo planea, no es una descerebrada, conozco a las de su clase y su sangre. La sangre que corre por sus venas delata su verdadero ser; una sensual manipuladora.
Y justamente porque la conozco más que ella misma, estoy seguro de que al final de todo podré cobrarme mi venganza.
Es una pena que sea ella quien pague por culpa de otros, pero tan inocente no es, lo ha demostrado desde su llegada.
Me pierdo en la suavidad de su cabello olvidándome de la venganza por míseros segundos. Cuando mueve sus dedos, saco mis manos de su cabellera y la miro por última vez.
Quedarme es peligroso, no quiero que nada fastidie mis planes y ella sin duda será un problema.
Recorro el establecimiento atento a las personas, llego a mi recamara y cuando abro la puerta, Patrick impacta su puño en mi cara.
Retrocedo por su acción, lo miro de arriba abajo notando su rostro enrojecido de ira, las venas le sobresalen del cuello, tiene los puños cerrados con fuerza y respira como un toro.
—¡Trastornado de porquería!— le devuelvo el golpe con más intensidad, de inmediato le chorrea sangre de la nariz y se soba él mismo.
—¿Te crees su único amo? ¡Es tan mía como tuya, de hecho, me pertenece desde antes que a ti!— limpia las gotas de sangre que se le resbalan y encuella mi camisa furioso.
—Me da gracia que pienses lo mucho que me importa tu discurso mediocre. Robo lo que quiero y si así fuera tu esposa también me la robaría, la cogería como un verdadero hombre tal cual lo hago, porque de seguro lo tuyo es pura mariconadas.
Intenta golpearme de nuevo y esta vez lo detengo antes de tiempo, soy quien logra encestarle golpes en su cara e incluso estomago.
Sin importar la fuerza sigue levantándose queriendo descargarse.
—Te lo voy a decir una vez, no lo volveré a repetir; aléjate de ella.
—Si, claro, voy a obedecerte y todo— contesto ya hastiado— ¿qué mierda te pasa? ¿Te alteras por un culito que solo te usa? Eres patético, te estas enamorando de una que está más loca que todos los de este lugar.
—Lo dice el que la sacó de su penitencia. Te crees superior pero es tal como dices, nos usa para complacerse, y en eso me prefiere.
¿Qué lo prefiere? ¿tiene mierda en la cabeza?
—Patético— reitero arreglando mi camisa tocada con sus sucias manos—, vete de aquí que tu show se torna aburrido.
No le queda de otra que salir con las venas saltadas y su humor de perros a joder en otro lugar.
Seguramente la va a visitar, juntara sus manos con las de ellas y hará mariconadas.
Por mi lado prefiero indagar en el asunto, descubrir donde consiguió la droga o quien se la ha pasado.
Estuve día y noche vigilando desde una cámara, es imposible que se hayan burlado en mi propia cara.
Al principio, con tantos sucesos favoreciéndola, sospeché de una persona, pero fue descartada luego de varias investigaciones. Aunque a veces dudo, esa persona es inteligente y si ya sabe sobre mis planes me queda un corto tiempo para triunfar.
Reviso mi computadora repitiendo las escenas, lo ocurrido cada segundo, pasan las horas y sigo encerrado buscando algo.
Me pone nervioso no saber quien carajos le dio la cocaína, ¿cómo hicieron para borrar la evidencia? Todas mis pertenencias tienen claves, tengo todo asegurado, mis objetos son de última generación y de la mejor calidad.
Algo anda mal.
Guardo todos mis portátiles dejando uno solo en mi poder.
Marco el número de Stefen, pasan los segundos hasta que por fin responde.
—¿Qué carajos estabas haciendo? Te pago para que me mantengas al tanto de todo, debes estar dispuesto para mí las veinticuatro horas del día y te demoras en responder. Si esto se repite te quedas sin empleo o algo mucho peor.
—Primero que nada, buenos días— saluda animado desde la otra línea— yo te quiero tanto y me hablas así, eres tan cruel.
—Si no quieres enterarte de lo verdaderamente cruel que puedo llegar a ser dame la información que te solicité en el correo.
—Ya sé como eres— su voz se escucha seria al fin—, lo estuve revisando y obviamente alguien borró las grabaciones que captaron las cámaras, por desgracia no las pude recuperar pero quien la borró se encuentra en el mismo lugar que tú.
—Dime algo que no sepa.
Escucho el largo suspiro de la línea y continúa hablando.
—Sigo investigando si se trata de esa persona, pero no creo que lo sea. Digo, estas allí, si fuera el caso lo sabrías ¿no? Eres el que todo lo sabe.
Corto la llamada con su primera broma y guardo el móvil bajo extrema seguridad.
Tengo que encontrar algo, lo que sea.
Emprendo un camino hacia la enfermería para preguntarle directamente a la pervertida.
Si ella se rehúsa a responder, la voy a obligar como de lugar.
La puerta de la enfermería se encuentra medio abierta, algo anda mal, lo presiento.
Procuro hacer el menor ruido posible, estoy cerca de entrar. Cuando abro por completo la puerta, veo a los amigos de Ivette a su lado.
Y si alguno de ellos…
No, son solo mocosos.
—Lárguense ahora— espeto fuerte y claro. La morena frunce sus ceños y les pide amablemente que se retiren.
Salen uno por uno permitiéndonos estar a solas.
—Me extrañabas y no pudiste resistirte en visitarme ¿verdad?— sonríe ocultando su maldita personalidad.
No sé si ese hecho me enfurece más o el estar cautivado en aquellos orbes color esmeralda.
Sin perder más tiempo del necesario, me acerco hasta ella sujetando su mentón para encontrar alguna falla antes de hacerle la pregunta.
—¿Qué quieres realmente? ¿quién eres en realidad? ¿quién mierda te está ayudando?
Su sonrisa no se borra como esperaba, se yergue desde la camilla establece su postura sentada.
—Me prende lo brusco que eres— sin duda, no me esperaba esa respuesta— ¿y si me follas aquí mismo?
Casi caigo ante su provocación si no fuera que soy más inteligente de lo que piensa.
—Aún no tengo prisa en descubrir todas tus mentiras— recorro sus labios con mi pulgar sintiendo como mi v***a recobra vida por culpa de la pecadora.
Trazo un camino por su boca, llego al cuello y lo envuelvo con mi mano, ella se mantiene quieta, con la sonrisa provocativa.
—Al menos te voy a sacar el nombre de la persona que te dio la droga.
La tensión se puede cortar con un hilo, odio tanto ser provocado por ella.
Atrapa mis labios con su boca y me atrae más a ella.
—¿Quieres apostar?— dice muy segura de la trampa que arma.
Presiono su cuello recostándola como antes y subo todo mi cuerpo a la camilla separando sus piernas.
—Si gano el desafío vas a responder con la verdad, pero si tú ganas…
—Si yo gano, ¿qué?— se impacienta, y como me gusta provocarla tal cual ella lo hace, meto mi mano bajo su blusa de paciente llegando a sus senos.
Descubro las puntas de sus pezones erectos como me gusta, los pellizco y ella emite un gruñido, sujeta mi trasero y me atrae a su cuerpo con urgencia.
—¿Solo yo te pongo así?— toca mi erección sobre la tela y con ese simple acto revolcó toda mi cordura.
—No te creas la gran cosa, cualquier mujer me pone de este modo— le bajo el short de tela que trae puesto y la descubro sin tanga, eso me extraña, por lo que busco su mirada esperando una explicación.
—No te creas el único hombre del planeta, a mí me complacen mis dos amos, mis dos hombres.
¡Maldita!
En un momento ido de mi racionalidad, ataco su boca demostrando quien manda, mi lengua ataca toda su cavidad sin dejar un espacio sin recorrer, su lengua intenta unirse a la mía pero no se lo permito. La envuelvo ferozmente, le abro la boca más que antes y sigo atacándola sin permitirle seguirme el ritmo.
Nos separamos por falta de aire, saco provecho del escaso momento y le muestro mi v***a erecta que aclama poseerla.
El centro de su v****a hinchada y húmeda sin haber sido tocada se abre gracias a ella.
—Te voy a coger hasta que repitas de quien es tu cuerpo y me des una respuesta a la pregunta.
Apunto en su entrada sin juego previo y se lo meto al tope. Al instante emite un jadeo y se aferra a mi espalda arañándola con total confianza.
Envuelve sus piernas en mi cintura facilitándome el trabajo, no soy para nada delicado como de seguro es el patético de Patrick.
Arraso con su interior embistiéndola, recorriendo cada parte, ella gime bajo mi cuerpo y aprieta mi trasero.
La abro más, necesito más.
En un arrebato me quito de encima sus piernas de mi cintura, subo una en mi hombro y la penetro perdido en el deseo que emiten nuestros cuerpos.
La calentura se sube hasta mi mente, me nubla, me cega, me hechiza. Sus gemidos son música para mis oídos, quiero descubrir cada sonido, todo lo que puede gritar cuando la penetre.
Busco sus ojos pero se encuentran cerrados, eso me desagrada, por lo que me detengo aunque me cueste.
—Que… sucede… no… te detengas…— abre sus párpados y me descontrolo al ver su color.
Joder, joder.
—¿Te gusta como te follo, pervertida?
—Si, si… continúa— pide formando arrugas en mi camisa de tanto agarrarla.
Juego con su paciencia rozando su sonrojada zona, me contengo como puedo buscando una sola cosa.
—Pídelo, te voy a dar lo que quieras, solo debes pedirlo— continúo refregándome sobre ella esperando que sucumba.
—Kael, quiero que tu v***a me parta, hazlo maldición.
—Con gusto, pervertida.
Mi palma se instala en su espalda y la impulsa hacia arriba para sentarla, al hacerlo, vuelvo a penetrarla, aprieto su cadera como un demonio y la embisto, cada fracción, cada instante me cegan hasta convertirme en un ser ido, un demonio que ejerce más brutalidad, a ella le gusta, salta como un conejillo y pide más a gritos.
Aclama mi nombre y la manera en como lo hace, joder…
A punto de llenarla de mí, de vaciarme en su interior busco sus labios, y lo hago, se contrae y gime al final.
No pierdo la costumbre, bajo de la camilla observando las marcas que he dejado en su cuerpo. Espero que cuando el patético las vea se arranque los pelos.
—No me estoy cuidando, nadie me dice como— comenta totalmente sonrojada. Cubre su sexo con el short.
—Quien te dio la droga— por ahora es mejor centrarse en lo importante, luego veo que hago con ella.
—Te dije que no me estoy cuidando, muy posiblemente puedo quedar embarazada, estoy segura que nadie quiere eso.
No, no quiero embarazada a la mujer que quiere embaucarnos a todos. Una mentirosa como ella que posee la sangre repugnante no es digna de cargar con algo mío.
Pero debo confesar que me gustó un poco imaginarlo.
—Voy a traer un medico calificado para decirte todo, ahora deja de dar vueltas al asunto y habla.
Se frota la barbilla pensativa y levanta un dedo.
—El trato era que yo perdía si te lo decía cuando me cogías pero no sucedió. Supongo que soy la ganadora.