Despertar en su habitación nunca había sido tan horrible. La cabeza le daba vueltas, una capa de sudor le cubría la frente y el cuello, la boca reseca lo hizo sentarse, pero apenas puso los pies en el suelo, las náuseas invadieron su garganta. Corrió al baño perdiendo la batalla antes de llegar al excusado, el vómito salpicó el piso, su ropa, sintió la sustancia caliente resbalar de su barbilla. Dominic cerró los ojos después de caer de sentón al suelo. La sensación desagradable era indescriptible, permaneció quieto mientras su intestino se vaciaba, no entendía aún cómo era posible que se pusiera en tal estado solo por unas copas, él no bebía a tal extremo.
Su cabeza comenzó a reproducir la noche pasada, él no tomaba tanto para terminar vomitando en el baño como un ebrio cualquiera, ¿qué había pasado? Tosió cuando el ardor en su esófago se hizo insoportable. El vómito cesó, se puso de pie, tembloroso, abrió los ojos, con mucho esfuerzo llegó a la ducha, abrió la llave y se introdujo en el agua caliente que caía con estrépito sobre el azulejo del baño. Sin duda alguna le ayudó lo suficiente para que su cabeza se despejara, la noche anterior la pasó con sus compañeros de trabajo, charlando sobre el nuevo producto que promocionarian y que probablemente sería un rotundo éxito. ¿Qué más pasó?
Su ceño se frunció, un anciano lo había estado molestando con sus —nada sutiles— insinuaciones explícitas de lo que quería hacerle en la cama. Al principio creyó que sería un total desconocido que se coló a su fiesta, pero tras preguntar a su organizador, pudo ver que era el presidente de Colt Records, lo que hizo que se tragara el asco que le provocaba cuando se acercaba a él, clavando sus manos venosas sobre sus hombros. Fue muy difícil, al principio estaba sorprendido de que un hombre de su perfil fuera un homosexual sucio y pervertido con gusto por los jóvenes, pero el señor Colt actuaba como la persona acostumbrada a hacer lo que le viniera en gana. Dominic temió por un problema mayor, por eso la pasó evitando su persona, hasta que…
Nada. No recordaba nada más. La cena, la charla, los interminables intentos de escaparse de ese anciano asqueroso, ¿por qué no podía recordar nada?
Salió del baño, caminando lo más lento posible ya que su cabeza aún daba vueltas. Se cubrió con una toalla y agarró aire. ¿Acaso el señor Colt...? Se obligó a no pensar lo peor, ¿pero qué otra opción tenía? Sabía perfectamente que el mundo en el que vivía no era para nada gentil. La maldad existía hasta en las personas menos esperadas, sí el señor Colt le había hecho algo, debía asegurarse antes de que —lo que pensó que era— perdiera su efecto.
Se vistió aprisa, teniendo que tomarse unos minutos ya que no soportaba las náuseas, le martilleaba la cabeza, pero debía llegar al hospital más cercano, necesitaba asegurarse, y si su suposición era la correcta, tendría que llamar a su abogado.
Estaba en lo cierto, a su pesar. Su doctor le confirmó lo que ya sospechaba, Dominic contuvo las lágrimas, su muestra de sangre reveló una droga que era la causante de las náuseas que aún lo dominaban. Y por si fuera poco, tenía un par de hematomas en la espalda y pecho, como una mordida en su glúteo que hasta ese momento comenzó a sentir. Le dieron algo para el dolor y unas cuantas cremas para el ardor en su parte trasera. Agradeció al médico, salió del consultorio, y tras derramar un par de lágrimas, llamó de inmediato a su abogado.
Recapitular lo que había pasado mientras conducía fue desagradable, pero imposible de evitar, ¡ni siquiera habían pasado veinticuatro horas! Pero ahora todo estaba resuelto, al menos eso fue lo que su abogado le dijo antes de huir como el cobarde que era. Claro que él también huyó, pero por razones diferentes, ver a Leonard de nuevo, después de tantos años, y en esa situación humillante, lo hizo sentir miserable, como si necesitara algo más para destrozar su integridad como persona. Había sido violado, y eso era algo que ninguna persona se merecía.
Maldijo en voz baja cuando sintió el ardor en sus ojos, no iba a llorar de nuevo, todo estaba bien, o lo estaría, solo debía mantener su frente en alto, la vida seguía su curso, y él siempre lograba regresar a la normalidad.
Llegó a su departamento, sintiendo un asco tremendo, incluso quiso mudarse, ¿cómo permanecer en el lugar donde alguien se atrevió a abusar de ti? Ya no se sentía seguro ahí. Suspirando, sacó su celular, llamó a su asistente, debía comenzar su mudanza, y buscar otro lugar para vivir.
*
Su asistente se encargó del papeleo, de encontrar un lugar que fuera de su agrado y que tuviera la seguridad apropiada, Dominic se fue a un hotel a pasar la noche, llevaba una maleta pequeña consigo, y no pudo estar tranquilo hasta que estuvo encerrado en ese cuarto enorme. Se dejó caer en la cama, las ganas de llorar no lo abandonaban, y sabía que no se debía sólo a su altercado. ¿Por qué tuvo que ser Leonard? De todos los abogados que existían en el mundo, ¿por qué demonios tuvo que ser él?
Cerró los ojos, ya no le importaba llorar, estaba solo, seguro, nadie podría hacerle más daño jamás, después de lo que ese desgraciado le hizo. Pero recordar su ruptura con Leo, volvió a abrir la herida del pasado.
Mi vida dejó de ser la misma en solo un momento. Permanecí allí, un segundo, mis ojos fijos en el suelo. Miré hacia la izquierda para volver a mis pies. La sensación consumía cada centímetro de mi cuerpo, el mundo desapareció, solo podía escuchar el eco de sus palabras.
—Se acabó, Dominic —su voz me hizo temblar.
—Por favor, no es verdad, no puede haber nada mejor que lo que ambos tenemos —rogué— Solo debo cambiar, crecer, lo que sea podremos resolverlo. Siempre hemos sido honestos entre nosotros, así que dime, ¿qué es lo que quieres que haga?
Lo miré, él se negaba en devolver el gesto, sus ojos se concentraron en un sitio detrás de mí. Entonces Leonard cerró sus ojos lo que pareció una eternidad, y cuando por fin los abre, fija la vista en el suelo. Yo estiro mi mano y detengo mi acción, no siendo capaz de tocarlo, el temblor en mis brazos me lo impide. ¿Por qué siento que mi vida se deshace frente a mis ojos? Reúno las fuerzas para tocarlo y poso mi mano sobre su mejilla, mientras libero el aire contenido.
—No puedo imaginar mi vida sin ti en ella, los dos juntos, soy tuyo y tú eres mío —susurro— Sabías desde un principio que esto no sería fácil, y no lo ha sido, así que por favor, te lo ruego, por favor…
Leonard pone sus manos sobre las mías, sus dedos sujetan con un calor que me estremece, pero separa mi agarre haciendo una mueca, alejando mi mano hacia mi pecho. Yo seco las lágrimas que brotan por su acción, él ha tomado una decisión. Tallo mis ojos con violencia impidiendo que la humedad logre alcanzar mis mejillas, me niego a mostrar mi dolor ante él, tengo que dejarlo ir, se acabó.
Leonard está inmóvil, puedo ver la realidad en sus ojos, se obliga a verme fijamente, para que yo pueda entender. Fue como si el sonido se esfumara, me quedé ahí, no pude decir una palabra, todo ha desaparecido, no tengo nada, absolutamente nada.
Intento acercarlo a mí, la desesperación me corroe, lo rodeo con mis brazos en un intento por cambiar sus palabras, acerco mi cabeza a la suya, forzandolo a ver mi rostro para que me escuche.
— ¿Cómo demonios esperas que olvide todo ahora? ¡Prometiste que esto sería para siempre! —exclamo sin importarme nada— ¿Dejarás que lo nuestro desaparezca? Estás completamente equivocado, no lo permitiré.
Leonard me empuja hacia atrás, pero mis brazos siguen sujetando con fuerza su cintura, él me aleja con lentitud y me mira directamente, después se gira dándome la espalda, luce exhausto, camina un par de pasos, me da una última mirada, y luego se va.
Yo caigo de rodillas al suelo, mi llanto me impide ver con claridad la silueta oscura que veo alejarse frente a mi, pero se ha terminado, todo se ha terminado.
Tragó el nudo en su garganta, siempre que recordaba ese momento su cuerpo entero se entumecia, Leonard lo había abandonado un día para otro, todo porque creía que iba a morir si no tenía un hijo. Por supuesto que él sabía del pequeño, no era idiota, y si sabía algo de Leonard, era que siempre cumplía lo que se proponía.
Talló sus ojos, maldiciendo lo débil que se sentía, recordar el peor día de su vida lo ponía muy mal, ahora solo quería dormir, dormir y olvidarlo todo. Leo ahora tenía a su familia, a su esposa, a su preciado hijo, y él solo formaba parte de un pasado que parecía nunca haber existido.
*
El resto del día, la pasó discutiendo con sus colegas sobre su falta de profesionalismo, esto porque el maldito violador —señor Colt— había demandado a la firma. ¡Se atrevió a demandarlos! No podía creerlo, ¿qué esperaba después de que confesara su crimen? Él era un abogado con escrúpulos, jamás permitiría que esa clase de monstruo anduviera libre por las calles.
Maldijo en voz alta, estaba en su oficina, solo, el grupo de socios tenían ya un par de minutos que se retiraron lentamente, ya que su humor estaba por los suelos, un cambio nada agradable, pero no era por el anciano violador, todo era porque pudo volver a admirar al hermoso y enfurecido Dominic Roa. Su piel se estremecía al recordar esa mirada llena de fuego que era especialmente para él, ¿cómo era posible que una persona despertara tantas sensaciones en solo un segundo? Verlo lo hizo perder la concentración de la que estaba tan orgulloso, no pudo pensar otra cosa más que en él, en lo increíblemente sexy que lucía, en lo indefenso que seguía siendo, y en las enormes ganas que tenía de besarlo hasta que todo el dolor que ese maldito le causó, desapareciera.
Se puso de pie, deseaba tanto ir a verlo, aunque no tenía idea de dónde vivía, pero estaba seguro que una charla con su colega podría ayudarle a conseguir esa información. Sonrió, ya que ese sujeto parecía temerle, dato que usaría a su favor. ¿Dominic estaría bien? Sacudió su cabeza, por supuesto que no, y claro que lo entendía, quería ir a verlo, consolarlo, hacerle saber que nada malo volvería a pasarle, porque él se quedaría a su lado hasta el final de los tiempos.
Decidido, caminó hacia la puerta, sabía el número de su colega, y le llamaría en ese instante, no le importó que sus socios se interpusieran en su salida, los ignoró a cada uno sin el menor problema, y cuando pudo estar dentro del ascensor, llamó al abogado de Dominic. El hombre respondió después de cuatro tonos, lo que le indicó que sin duda le temía, Leonard aclaró su garganta, antes de comenzar a hablar.
—Gracias por responderme —dijo, sonriente— Necesito que me hagas un enorme favor.
Del otro lado se escuchó un grito ahogado, después una maldición.
—Claro… —susurró, nervioso— ¿Qué necesitas que haga?
Leonard agarró aire.
—Necesito la dirección de tu cliente —ordenó— Es urgente.
El abogado carraspeó.
—Eso rompe con la confidencialidad de mi cliente, Gabiati —repuso— Tendrá que ser otra cosa.
Leonard cerró los ojos, frustrado.
—Sé que harás esto por mí —aseguró— Ambos sabemos que no deseas que nuestra charla se de en persona, así que por favor, se amable y dame lo que pido.
Ahora sí pudo sentir el miedo de su colega, el hombre pareció liberar el aire que contenía, después de unos segundos, escuchó el ruido de papeleo, Leonard estaba tranquilo, no parecía afectarle lo bajo que estaba cayendo, o lo innecesariamente cruel que era, solo estaba concentrado en conseguir lo que quería.
—Bien, tú ganas, Gabiati —escuchó— Acabo de enviarte la dirección del señor Roa por texto, pero antes de colgar, quiero constar que no seré responsable por lo que hagas, tampoco quiero saber lo que planeas, así que por favor mantenme alejado.
Leonard soltó una carcajada.
— ¿Acaso piensas que soy un monstruo? —rió— Solo quería tener la ubicación de un viejo amigo mío, recuerda que el pobre chico fue violado, necesita apoyo, eres un insensible.
El hombre comenzó a toser.
—Bien, gracias por tu amabilidad —alejó su teléfono de su oído— Ten un buen día.
Salió del ascensor, aún con la sensación de quien ha cometido una travesura, su pulso estaba acelerado y ahora que sabía dónde estaba Dominic, iría de inmediato para poder verlo de nuevo. Condujo a toda prisa hacia la ubicación que leyó en su mensaje, el edificio de departamentos era lujoso y en una zona elegante. Se estacionó frente a este, pasó por recepción y preguntó por el chico.
—Lo siento, pero el señor Roa acaba de mudarse —informó el sujeto tras el escritorio— Fue extraño que lo hiciera de un día para otro, supongo que surgió algún problema.
Leonard maldijo en voz baja, ¿a dónde diablos se había ido?
— ¿Podrías darme la dirección que dejó al irse? —pidió casi gritando.
—Lo siento —repitió— Pero como le informé, el señor Roa no dejó datos de localización —respondió el hombre— Pero en caso de que lo hiciera, ¿le gustaría que le informáramos? Podría dejar su número.
Leonard lo ignoró, perdido en sus pensamientos, dio media vuelta, saliendo del edificio. ¿Ahora qué podría hacer? ¿Cómo encontrarlo? Sacudió su cabeza, frustrado, enfurecido, ¿por qué tenía que ser así? ¿Acaso no sería posible volver a verlo? ¿Era su castigo por lo cruel que fue con él en el pasado? Sin duda entendía lo último, pero él no quería que las cosas fueran así, por algo había regresado a su vida, y por nada del mundo dejaría que desapareciera de nuevo.