Leila Estaba peor que antes. Ahora, estaba más confundida, frustrada, enojada y extrañamente, feliz, por dos razones. La primera: porque mi padre, aun con sus razones, me había dicho palabras muy hirientes y humillantes frente a un desconocido, y eso por mucho que uno quiera disimular, duele. Podría entender su enojo, se había enterado de que le mentí sobre mi carrera, el uso de mis poderes, que convencí a mi madre de ocultárselo. Además, su mejor amigo que no veía por casi diez años resulto ser un anciano de luz que me delato sin querer, tuvo una fuerte discusión con el abuelo por solaparme y quien tampoco estaba muy feliz por mi escapada al ministerio, y para la cereza del pastel, Drake en mi cama. Pero, el bad boy tenía razón, eso no le daba el derecho de tratarme como lo hizo.

