Drake Leila me miraba anonadada y no era la única. No sabía cómo diablos había llegado aquí, pero estaba en otra habitación, en otra cama y frente a un hombre con ganas de matarme. Esto era lo último que me faltaba. —Leila, te hice una pregunta. Mejor no respondas, es evidente, ni que fuera idiota.—Esté idiota, ¿quién es para hablarle de esa forma? —Es que... —¡Silencio! —¿Le acaba de gritar? — ¡Qué decepción! Ella no podía apartar su mirada de la mía y no sabía si era porque estaba en shock por mi presencia o por mi aspecto, porque no me había visto, pero no soy tonto para saber que mi perfecta imagen en este momento estaba distorsionada por golpes, cortes y fracturas. —¡Vístete y hablaremos afuera antes de que te estropee el otro ojo! —me amenazó antes de salir de la habitación

